lunes, 27 de marzo de 2017

El sentido de la consagración

El sentido de la consagración

 Es tan amplio el sentido que tiene el vocablo Consagración, que se pierde en la noche de los tiempos de cuando fue empleado por primera vez, pero la historia religiosa de los pueblos hace que lo traigamos a colación, cada vez que nos queremos acercar a una temática propia de la filosofía religiosa que emplea el ser en su vida diaria.
En el caso particular de la Consagración , los manuales nos indican una forma muy específica, cuando se lo trae a colación y se lo relaciona con las Ceremonias Mas6nicas en general, por cuanto es el punto capital del Rito, en el cual nos comprometemos a seguir en la senda de la eterna búsqueda de la verdad.
En el rito, la Ceremonia de la Consagración, es la manera como el individuo se eleva espiritualmente, hacia el infinito concepto de adhesión a los sanos principios de nuestra Orden y la Masonería Universal.
El hecho de encontrarse arrodillado, no representa un acto de humillación frente a los componentes de la Logia, sino un enquistarse en la concepción de que estamos frente al Gran Arquitecto del Universo que nos observa y reclama ese acto de fidelidad que por lo general es con posterioridad al Juramento.
Esa recepción, no es nada más que una formulación de confirmación de que desde el momento que fuimos recibidos en la Orden, pisando ya el primer escalón con 1os tres pasos del caso, hoy, y en la recepción del segundo grado, confirmamos los compromisos que en el primer grado hicimos, pero ya, con un conocimiento mayor de la materia que viene a ser como la puerta que se abre al esoterismo profundo que se encuentra encerrado en este grado.
Al converger inmensas fuerzas espirituales sobre todos nosotros, hacen de nuestras energías espirituales, los motores propios del nuevo modo de transitar.
Por supuesto, que si tenemos que manejarnos con los valores que están representados en las cinco gradas y que son inteligencia, rectitud, valor, prudencia y amor a la humanidad, decía para poder manejar esos valores totales para lo cual es necesaria no solo tener el conocimiento de la materia, sino que debemos tener el amor total a nuestra Institución, que nos da justamente el valor del acto de la Consagración.
La disposición interior que se debe tener para adecuarnos a ese momento es muy especial, por cuanto las formulaciones de fondo, se encuentran dispersas dentro de nuestro templo interior, que recién comenzamos a construir, pero que afloran en los momentos álgidos, y uno de esos momentos es cuando se produce la Consagración.
Ese estado espiritual tan especial que nos rodea en ese instante, es tal vez el momento mas sublime de la ceremonia, que es la Consagración, el aceptar el ofrecimiento que se nos ha hecho cuando ingresamos a la Orden, el compromiso tan especial que hicimos de trabajar por la propagación del Rito, por la prosperidad de la orden, y muy en especial, de nuestro taller que es la casa que nos protege y orienta, decía, que en este acto, renovamos el compromiso, nos adherimos con más conciencia a los principios básicos de nuestra Institución, le demostramos a ella, que no nos han amilanado los problemas que se nos presentaron, y que seguimos creyendo en ella, trabajando por ella, y siempre en busca de la eterna verdad, objeto principal de nuestra actividad, y muy especialmente la personal en la aplicación de los padrones de Justicia.
La salida de nuestro interior de las fuerzas negativas del espíritu, que anulan todo proyecto de elevarse, con la consagración, tienden a diluirse y es entonces cuando nos sentimos más proclives a sentirnos consubstanciados con la idea que siempre es proclamada por nuestro imperecedero tríptico de Libertad Igualdad y Fraternidad.

Diferencia entre la Masonería y otros tipos de asociaciones

¿Dónde reside la diferencia entre la Masonería y otros tipos de asociaciones?

 La Masonería es una Institución SECRETA, fundada a base de princi­pios sobre la LEY NATURAL, tal y como se encuentran determinados en los ANTIGUOS LIMITES “Landmarcks”.
Además lleva impresa una ca­racterística de antigüedad tan remota, e irradia sus enseñanzas de Filo­sofía Moral tan puras, que le aseguran a su Plan Progresista, una gran supremacía educativa a la colectividad Social, y con ese solo hecho, le queda asegurado el RESPETO y la VENERACION de todos los Pueblos Libres que existen sobre la Tierra.
Su cimentación siempre se ha apoyado sobre bases sólidas, como lo son el descubrimiento de lo que es la propia REALIDAD, como un factor que la encumbró, hasta alcanzar el conocimiento de la VERDAD, en cuya palabra se encierra, en forma Emblemática, la existencia de UN SER SUPREMO.
Por eso es que, la creencia en la DIVINIDAD, el Amor al Género Humano, y su Lema de FRATERNIDAD UNIVERSAL, forman el gran pe­destal que mantiene su Doctrina, como un manantial fecundo de enseñan­zas, de ilustración y de PROGRESO, que tantos beneficios ha traído, no sólo a sus Adeptos sino también a la Sociedad y Humanidad en general; por esa razón, en todos sus Templos, se aprende a hacer el BIEN, a AMAR y a RESPETAR, todo lo que la VIRTUD y la RAZON, consagran en su afán de ILUSTRACION UNIVERSAL.

La plomada y el nivel

La plomada y el nivel



Pudiera parecer en un primer acercamiento que estos elementos constructivos de tanta importancia en Masonería son sólo especificaciones a un nivel literal de unos símbolos de orden más elevado, la vertical y la horizontal, de los cuales derivan y a los que se vienen a superponer desde fuera, llegando incluso a enmascarar su imagen sintética.

Esto no es así. La simbólica estudia los diferentes símbolos, al mismo tiempo que observa su interacción y complementariedad; dichas relaciones conforman grupos o familias dentro de las cuales cada símbolo centra la atención en un aspecto determinado, arrojando luz sobre los demás.
En el caso de la vertical, la idea de axis o eje se ve enriquecida desde distintos ángulos. La escalera pone énfasis en la movilidad de energías, el descenso del flujo espiritual y el ascenso a través de los distintos estados del ser. La columna nos habla del soporte necesario para el sostenimiento del edificio, de la unión entre lo alto y lo bajo. El árbol lo hace de la jerarquía, plasmada en sus distintas partes: raíz, tronco y copa. La espada y la lanza, desde una perspectiva guerrera redundan en la imagen masculina de la acción esencial sobre la pasividad substancial. Todos ellos ven en la vertical, lo espiritual y celeste. Lo mismo ocurre por otro lado con los símbolos que bajo diferentes prismas, nos hablan de la horizontal como lo material y terrestre.
Esta riqueza de imágenes y vínculos propicia el despertar, en quien los contempla, de la parcela afín dentro de sí, por identificación entre el conocedor y lo conocido. Es precisamente con el reconocimiento de estas chispas o luces que se va configurando el itinerario de la periferia al centro; vía que cada cual va trazando al mismo tiempo que la sigue, diseñada por él y para él, y que siendo diferente a todas las demás –sobre todo al comienzo cuando elige las voces que parecen hablarle desde más cerca– se van haciendo progresivamente más próximas dado que conducen a un mismo fin.
Dicho esto conviene subrayar que estas correspondencias y analogías no deben confundirse con análisis detallados ni desembocar en sistema alguno, lo que aquí se contempla es algo vivo, la misma vida y no su fijación caricaturesca. Estamos demasiado acostumbrados a estancar lo que fluye, a compartimentar y fosilizar, haciéndonos impermeables a la verdadera naturaleza de las cosas y a su mensaje.
Toda imagen simbólica en última instancia puede asimilarse a la figura geométrica que representa, o lo que es lo mismo a un número, y a partir de éste a la unidad, de donde procede y desde la cual toda división, incluso la de la primera polaridad, es ilusoria. Pero esta verdad de orden metafísico, que considera al Principio desde el Principio mismo, no excluye que desde la manifestación todo símbolo tenga su razón de ser en cada plano de lectura y concretamente en el que se materializa, donde a través de los sentidos percibimos su carácter singular y comienza el mágico recorrido antes aludido.
En el caso de la plomada y el nivel es a través del rito constructivo, fundamento de nuestra Orden, que la vertical y la horizontal se ofrecen para la meditación.
La plomada o perpendicular consiste en una pieza de plomo que pende al final de un hilo, y aprovechando la fuerza de la gravedad marca la línea vertical. La tensión entre ambos extremos refleja la teoría hindú de los tres “gunas”, cualidades esenciales presentes en todos los seres; aquí “tamas” viene expresado por el plomo, el más pesado de los metales, y su tendencia descendente hacia los estados inferiores. En oposición “sattwa” nos muestra la dirección a través de la cual el plomo, mediante sucesivas transmutaciones está llamado a ascender hasta su definitiva conversión en oro. La proyección de ese eje dentro de sí, da al iniciado la noción de rectitud y le permite rescatar el verdadero sentido de palabras como integridad, nobleza o virilidad, que en nuestros días se han vuelto insignificantes, o lo que es peor se entienden como algo externo, ligado a determinadas formas que encubren lo opuesto de lo que aparentan y tienen por tanto la marca de la falsedad. La auténtica virilidad es pues interna y se refiere a lo espiritual. Cuando un profano solicita su ingreso en la Masonería debe ser antes “aplomado”, operación análoga a la que cada masón efectúa a cada momento consigo mismo, observando la distancia existente entre su centro y el centro del estado de ser; su libertad vendrá expresada por saber alejar las fuerzas centrífugas que le llevan a la dispersión y a la identificación con lo que deviene, y por un saberse sumar a las energías que le remiten al centro, la Unidad entera y sin par.
En la Logia, el 2º V. gobierna por la plomada y es el responsable directo de la instrucción de los HH. Aprendices, es pues desde los mismos cimientos que la construcción del Templo debe elevarse con rectitud, sin una base perfectamente orientada hacia lo más alto no hay crecimiento posible. El 1er. V. gobierna por el nivel y es el responsable directo de la instrucción de los HH. Compañeros. En este grado, el iniciado, pasando de la perpendicular al nivel, expresa su realización a partir del conocimiento de la actividad celeste, es decir que puede plasmar en la horizontal de su acción vital, “rajas” en la tradición hindú, la vertical intuida.
El nivel es en realidad una plomada suspendida del vértice de una estructura. Su función es marcar la horizontal, pero para ello es preciso que la vertical cruce el punto medio de su base, es decir el nivel no sólo presupone la plomada, sino que la contiene y es su resultado. Es imposible saber si una recta es realmente horizontal por ella misma, puede parecerlo y estar sin embargo sesgada, inclinada hacia cualquier aspecto o tendencia particular; la única forma de verificar su horizontalidad es comprobando que la plomada la atraviesa por su punto medio, es decir por su centro, fecundándola y haciéndola por tanto generosa y bella, reflejo de la Verdad.
El masón se expresará pues siendo consciente del eje que le anima, aspirando a realizar la unión de ambos instrumentos, síntesis que de hecho sólo realiza la escuadra perfecta, atributo del V. M., centro crístico de la cruz donde se resuelven las expresiones y las tensiones, morada de la Paz y el Silencio.

jueves, 23 de marzo de 2017

El secreto masónico

El secreto masónico

Preguntado un antiguo filósofo griego sobre cual era, según su criterio, la cualidad más importante para triunfar y la más difícil de mantener, él respondió: “Ser discreto y callado”.
Actualmente, en el ruidoso y escandaloso mundo en que vivimos, donde la privacidad es prácticamente desconocida, cultivar el secreto es doblemente difícil de lo que lo fue en el pasado.
Esta es, por lo tanto, una virtud rara e inapreciable aunque se necesita poco esfuerzo para aprenderla y practicarla. Hoy en día, el mundo es un gallinero de rumores en el que se conoce casi todo, una colección de espejos donde nada permanece oculto. Si los antiguos apreciaban en grado sumo la bondad del silencio, la sociedad de ahora parece estar dispuesta a venerar al dios del cotilleo.
Alguien dijo que, si la Masonería solo enseñase a sus miembros a preservar sagradamente los secretos que otros les hubieran confiado como tales –excepto cuando razones de mayor importancia exigen romperlo–, ya habría realizado una importante tarea que, por si sola, sería su razón de ser, haciéndola merecedora del respeto de la sociedad.
En cualquier caso, no es necesario recalcarle a un masón la importancia del secreto; sin él, la Masonería dejaría de existir o se convertiría en algo tan diferente que sería irreconocible. Sólo por esta razón, la primera lección a impartir a un candidato es el deber del secreto, lo que debe quedar impreso en su conocimiento de forma indeleble.
No obstante, estrictamente hablando, la Masonería no es una sociedad secreta, si por ello entendemos una sociedad cuya presencia se trata de ocultar. Es bien conocida por todo el mundo la existencia de la fraternidad masónica y nunca se ha tratado de encubrir este hecho. Se conoce su organización, sus templos están identificados en las ciudades y sus miembros muestran con orgullo su calidad de masones. Es incluso posible obtener de los registros públicos oficiales los nombres de los miembros de la Orden, aunque no, lógicamente, de los registros de las logias que son de dominio privado.
Tampoco puede decirse con propiedad que la Masonería tiene una verdad que transmitir, desconocida hasta para los más informados. La mayoría de los análisis sobre la parte esotérica de la Masonería tiende a confundirse en este asunto y, cuando se analiza más profundamente, los únicos secretos que afloran se refieren a extrañas teorías, o filosofías imaginarias de escasa importancia. La sabiduría de la Orden está oculta, no porque sea misteriosa, sino porque es muy sencilla: su secreto es profundo, no enigmático.
Al igual que en las matemáticas hay valores principales y en la música hay notas fundamentales sobre las que se apoyan las demás, también la Masonería esta construida sobre las grandes verdades, plenas de contenido y difundidas, sobre las que se sustenta la vida misma. Ha nacido, se mantiene y tiene sus principios en esas verdades. Claro que hay misterios, de la misma forma que la vida y la muerte son misterios; hay que ser muy sabio para comprenderlos y uno de los objetivos de la Masonería es resaltar su verdadera importancia.
Así explicado, la Masonería no es una sociedad secreta, es una orden privada. En la tranquilidad de una logia retejada, en el silencio que produce el alejamiento del estrépito ruidoso del mundo exterior, en una atmósfera de reverencia y amistad, nos transmite las verdades que nos mejoran como hombres, sobre las que apoyar nuestra fe y nuestra personalidad para enfrentar el viento y las tormentas de la vida. Es tan rara su absoluta simplicidad que para muchos es tan secreta como si estuviera oculta por siete velos o enterrada en la profundidad de la tierra.
¿Cuál es el secreto de la Masonería? Su método de enseñanza, la atmósfera que puede crear, el espíritu que se respira en nuestros corazones y los lazos que rodean y fluyen entre los hombres; en otras palabras, las Logias con sus ceremonias y juramentos, los signos, los toques y las palabras, tienen el poder de evocar los que es más secreto y oculto en el corazón de un Masón. No se puede explicar cómo funciona este mecanismo, sólo sabemos que se realiza y que protege como un preciado tesoro el método mediante el cual se lleva a efecto.
Hay una tendencia a decir que los signos y los toques tienen un escaso valor, pero esto es incierto; tienen una gran importancia y nunca los cuidaremos lo suficiente de su mal uso o profanación. Benjamín Franklin hizo una famosa elegía de los signos y los toques que no se quedó en una vana elocuencia. Está justificada por los hechos y debe ser conocida y recordada:
“Estos signos y toques no tienen poco valor, hablan un lenguaje universal y tienen el efecto de un pasaporte a la atención y el apoyo de todos los iniciados en cualquier parte del mundo. No pueden perderse en tanto que, como recuerdo, mantienen su poder. Aunque a su poseedor se le exilie, naufrague, se vea en prisión o se le desprovea de todo cuanto ha tenido en su vida, siempre le quedan estas credenciales que están disponibles para su utilización cuando lo requieran las circunstancias.
Los benéficos efectos que han producido quedan reflejados en hechos históricos incuestionables. Han detenido la mano de los destructores, han suavizado las acciones de los tiranos, han mitigado los horrores de la cautividad y han roto las barreras que levantan las posiciones sectarias y de enfrentamiento político.
En el campo de batalla, en la soledad de las selvas vírgenes o en la abigarrada ciudad, se han formado hombres de sentimientos hostiles, de religiones muy antagónicas y de la más diversa condición humana, pero que están dispuestos a ayudarse mutuamente y sienten una satisfacción y un reconocimiento social porque han sido capaces de aportar consuelo a un hermano masón”.
También es cierto, y no de menor importancia, que, en la marcha de la vida diaria, los signos y toques han unido a los hombres, manteniéndoles juntos de una manera singular y sagrada. Abren las puertas de la soledad en la que vive cada ser humano, forman una cadena que nos une con hombres de la Orden en todas partes y nos capacitan para ayudarnos unos a otros de muchas e incontables maneras. Se teje así una red de compañerismo, amistad y fraternidad a lo largo del mundo entero, lo que aporta algo amable y bueno a nuestras vidas, sin lo cual seríamos, decididamente, más pobres espiritualmente.
No olvidemos nunca que la vida viene del espíritu, la letra por sí sola está vacía. Un viejo hogar significa miles de cosas importantes para quienes las pusieron allí. Su disposición y el conjunto que forman, así como el espacio en el que se asientan, es algo sagrado para cada uno; pero, si un extraño lo adquiriese, estas cosas sagradas no significarían nada para él. El espíritu ha desaparecido, el brillo se ha apagado. Esto es lo que ocurre con la Logia, si se abriera a los ojos curiosos de los profanos se arruinaría su belleza, su poder se anularía.
El secreto de la Masonería, igual que el de la vida, sólo pude conocerlo aquel que lo busca, lo comprende y lo vive. No se puede expresar, hay que sentirlo y entenderlo; de hecho, es un secreto abierto y cada iniciado lo entiende de acuerdo con su búsqueda y sus capacidades. Como todo lo que merece ser conocido, nadie puede conocerlo por otros ni tampoco puede conocerlo sólo por sí mismo, únicamente se puede aprender en compañía, en el intercambio vital, de espíritu contra espíritu, rodilla contra rodilla, pecho contra pecho, mano contra mano.
Por estas razones no debemos preocuparnos por cualquier libro escrito para exponer públicamente a la Masonería. Resulta completamente inofensivo. El secreto real de la Masonería no se puede aprender con miradas inquisitivas o búsquedas curiosas. Desde luego, es nuestra obligación proteger la privacidad de las logias, pero el secreto masónico sólo lo pueden conocer aquellos que están preparados y son merecedores de recibirlo. Un corazón puro y una mente honesta son candidatos para conocerlo; otros buscarán en vano y no lo encontrarán, incluso aunque lleguen a aprender los signos y los toques de cada rito y cada grado de la Orden.
Más allá de la intención de esconder sus secretos, la Masonería está permanentemente intentando trasmitirlos al mundo de la única forma en que puede hacerlo: por medio del perfeccionamiento del carácter y de los comportamientos que se empeña en crear y obtener de sus miembros. Todos los trabajos de la Masonería se dedican a modelar un hombre ayudándole a descubrirse y a que se desarrolle. Es como una cantera en la que se pulimentan las rugosas piedras de la humanidad para su mayor lucimiento.
Si la Masonería utiliza el señuelo del secreto es porque está en la naturaleza del hombre desentrañar lo que está oculto y desear lo prohibido. Dios también se nos oculta, de forma que, buscándole entre las sombras de la vida, podamos al fin encontrarle y encontrarnos a nosotros mismos. Quien no tiene la suficiente inquietud por Dios como para buscarle, jamás le encontrará aunque Él no está muy lejos de nosotros.
Aquel que se acerque a la Masonería de esta manera descubrirá que su vida masónica es una gran aventura. Es una fuente constante de nuevas experiencias, algo nuevo se nos presenta a cada momento, algo nuevo en sí mismo ya que la vida se intensifica con los años, y algo nuevo en masonería a medida que se entiende su significado. El Masón que considera aburridos a sus grados y un galimatías su ritual tan sólo demuestra la medida de su propia mente.
Si un ser humano ya supiera todo de Dios y los hombres, la Masonería no tendría nada que enseñarle; pero es un hecho que el más sabio de los hombres sabe realmente muy poco. El camino es poco claro y nadie puede ver muy lejos. Somos buscadores de la verdad y Dios nos ha hecho de forma que no la encontremos solos, sino con el amor y la ayuda de un compañero. Este es el auténtico secreto, y descubrirlo es conseguir la llave del significado y de la alegría de la vida.
La Verdad no es un regalo, es un premio. Para conocerla hemos de ser verdaderos, para encontrarla hemos de buscarla, para entenderla hemos de ser humildes y para conservarla hemos de tener una mente clara, un corazón valeroso y el amor fraternal de aplicarla en el servicio de la humanidad.

lunes, 20 de marzo de 2017

¿Qué tan cierta es la hipótesis templaria del origen de la masonería?

¿Qué tan cierta es la hipótesis templaria del origen de la masonería?




Por Iván Herrera Michel. 33º

En la ciudad Palestina de Jerusalén, en el año 1118, nueve franceses crearon una asociación religiosa y militar denominada inicialmente Orden de los Pobres Caballeros de Cristo (Pauperes Conmilitones Christi), conocida para la posteridad como Caballeros Templarios o Caballeros del Templo de Salomón (Milites Templi Salomonis), o simplemente: Los Templarios.

Las intenciones iniciales de los fundadores se podrían resumir en dos:
a) El Pontífice Juan VIII en el siglo IX había dispuesto que aquellos caballeros que murieran en batalla luchando contra loa herejes y creyentes de religiones diferentes al cristianismo quedarían limpios de pecados y se considerarían iguales a los mártires cristianos, y
b) La creencia de que en oriente existían grandes riquezas que podrían ser fácilmente arrebatadas a sus propietarios a quienes lícitamente podían asesinar por ser fieles de otra religión.
Entonces, vemos como en realidad los Templarios eran hombres del medioevo, que unían a un exarcebado fanatismo cristiano una ambición desmedida, que con el tiempo adquirieron un inmenso poder y grandes riquezas, gracias a uno de los mayores derramamientos de sangre de la historia humana, y no caballeros altruistas poseedores de un elevado sentimiento intelectual o espiritual.
Una vez consolidada, la Orden del Temple se dedicó al saqueo indiscriminado en el medio oriente y para el año 1170 sus inversiones y propiedades se extendían a territorios que hoy pertenecen a Francia, Alemania, Reino Unido, España y Portugal, lo cual unido a sus cada vez mayores privilegios enriquecían enormemente sus arcas.
Para 1220 la Orden del Temple era la organización privada más grande del mundo desde el aspecto militar hasta el económico. Poseía cerca de 10.000 encomiendas, unos 60 castillos y fortalezas, una flota naval en el mediterráneo y otra en el Atlántico, y un tesoro impresionante que le permitía hacer prestamos impagables a los reyes europeos, quienes terminaban otorgándole la administración económica de sus reinos para paliar deudas crónicas.
El poder de los Templarios era inmenso, por ejemplo, el Maestre de la Orden en Inglaterra ocupaba una plaza en el parlamento como primer Barón del reino, y ella estaba exenta de impuestos. Además fueron pioneros en el concepto de facilidad de pagos en la asignación de créditos para el desarrollo y la expansión comercial, actuaban como fideicomisarios de fondos y propiedades que se dejaban en su custodia, emitían cartas de crédito, etc. Igualmente los Templarios estaban libres de pagar peajes y sus barcos exentos de registro. Naturalmente, una estructura de costos económica, una mercado monopolizado, y una posición política dominante inhibía la competencia y garantizaba altos márgenes de utilidad.
En cuanto al origen escocés de la corriente Masónica que albergó en Francia a los precursores del R:. E:. A:. y A:. se debe hacer una necesaria precisión, ya que en rigor histórico la teoría que relaciona los comienzos remotos de la Orden con la inmigración de Templarios acaudalados provenientes de Europa continental que venían huyendo de la iglesia Católica en el siglo XIV carece de solidez, y se la debemos al deseo del Caballero Andrés de Ramsay de brindarle a la Masonería un linaje ilustre que atrajera a los nobles y burgueses franceses del siglo XVIII. Hipótesis que esbozó en dos discursos pronunciados el veinte de marzo de 1736 en la Logia Parisina St. Thomas N° 1 y en 1737 ante una Asamblea General de la Orden en Francia.
En esos discursos del Caballero de Ramsay, el párrafo que enlaza los antiguos misterios del medio oriente con los Templarios y Gran Bretaña es del siguiente tenor:
“Después de los grandes reveses de las guerras sagradas, la decadencia de las armadas cristianas, y el triunfo de Bendocdor Sultán de Egipto durante la octava y última cruzada, el hijo de Enrique III de Inglaterra, el gran príncipe Eduardo, viendo que ya no había seguridad para sus hermanos Masones en Tierra santa quiso que todos lo acompañaran cuando las tropas cristianas se retiraron y esta colonia de adeptos se estableció así en Inglaterra. Puesto que este príncipe estaba dotado de todas las cualidades del espíritu y del corazón que forman a los héroes, amó las bellas artes y sobre todo nuestra gran ciencia. Estando en el trono, se declaró Gran Maestro de la Orden, le otorgó varios privilegios y franquicias, y desde entonces los miembros de nuestra cofradía tomaron el nombre de Francmasones. Desde esta época Gran Bretaña se convirtió en la sede de la ciencia arcana, en la conservadora de nuestros dogmas y en la depositaria de todos nuestros secretos.”
El Sultán de Egipto a que se refiere Ramsay es Saladino (Al-Nāsir Salāh ad-Dīn Yūsuf ibn Ayyūb) quien arrebató Palestina a los invasores Cruzados devolviéndola a sus legitimos dueños, los árabes. Saladino para esaépoca obstentaba los títulos de Sultan de Egipto, Siria, Palestina, así como de zonas de Arabia, Yemen, Libia y Mesopotamia.
Dante Alighieri, en su famosa obra La Divina Comedia, en el acápite Infierno, Canto IV, verso 129, ubica a Saladino en el Limbo al lado de Sócrates, Aristóteles, Homero y Ovidio, quienes tampoco podían entrar al Paraíso por no estar bautizados. Pero no hay que preocuparse, por que el sábado 20 de abril del año 2007, la Comisión Teológica Internacional de la Iglesia Católica decidió eliminar el concepto de limbo, el lugar donde según la tradición iban a parar los que morían sin ser bautizados.
Desafortunadamente, y a pesar de que ha sido propagado con convicción, lo afirmado por Ramsay no resiste el más mínimo análisis histórico.
En lo legendario del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, los Masones después de haber construido el Templo de Salomón y de protegerlo de generación en generación incorporaron sus saberes a los Templarios en la Palestina de la Edad Media, y a su vez estos a la caída de su Orden se refugiaron en Escocia de donde viene el apelativo de “Escocés”. Pero de este relato no existe una sola fuente seria que sostenga su veracidad.
El hecho histórico es que al decretarse la persecución en la Europa católica muchos Templarios viajaron vía Irlanda a Escocia y se unieron a los que estaban allí. Escocia en esos años se encontraba bajo el mando del Rey Robert Bruce quien se a la sazón estaba excomulgado por el Papa y dirigía una guerra de independencia nacional, cultural y étnica contra Eduardo I de Inglaterra. Naturalmente, los conocimientos militares y las tácticas que le podía aportar el mejor, más disciplinado y mejor equipado ejército de occidente eran bien recibidos.
Se barajan diversas hipótesis sobre la participación de un nutrido grupo de templarios, que huidos del papa, lucharon en las filas escocesas en la decisiva batalla de Bannockburn el 24 de junio de 1314. Sorprendentemente un pequeño ejército de 6.500 soldados derrotó a uno compuesto por más de 20.000. Pero de ahí a ser esta inmigración un entronque entre Salomón y los Masones hay una distancia grande.
De nuevo no debe perderse de vista que la Iniciación en el Rito Escocés Antiguo y Aceptado invita al Masón a recorrer de manera didáctica el camino de las grandes tradiciones de occidente gracias a la puesta en escena del ritual, de tal forma que un nuevo Grado puede ser la ocasión para descubrir, en ampliada comprensión del rigor histórico, el contexto cultural que acompaña a lo legendario a lo cual lo litúrgico hace referencia. Cabe aclarar, que tomamos la expresión Iniciación en los términos que lo define René Guenon, es decir, como la “transmisión de una influencia intelectual”.
Sin embargo, la razón funcional del éxito de la versión de Ramsay estriba en que para la época se había difundido en los Países europeos una imagen romántica de la Orden del Temple que en gran medida ha recogido el R:. E:. A:. y A:., sobre todo en lo relacionado con un ideal caballeresco de su imaginario que se observa en el uso de la espada, las formulas juramentales, las marchas, las palabras, etc. Ramsay se inventó con éxito una argumentación en medio de la rápida evolución de las ideas del siglo XVIII en la que el local de la Logia de constructores se convirtió en un Templo filosófico al servicio de una versión optimista del mundo en el que los hombres se reúnen en fraternidad y libertad, bajo el signo de la igualdad.
Según el Manuscrito de Strasburgo de 1760 cuando Jacques de Molay, Gran Maestre de la Orden del Temple, se dio cuenta de la suerte que le esperaba mandó a llamar al Conde de Beaujeu, en quien confiaba enteramente, “para conservar y perpetuar los sublimes conocimientos y los principios de la Orden” y luego de juramentarlo junto con otros nueve caballeros instituyeron un Rito. A la muerte del Conde de Beaujeu el Gran Maestrazgo recayó en el Conde de Aumont quien se refugió en Escocia.
Uno de los interrogantes que ha vertido ríos de tintas entre los historiadores se refiere a la razón por la que una Orden compuesta por 15.000 lanceros, 35.000 Sargentos, implantada en todos los reinos de la cristiandad, que disponía de un enorme ingreso económico anual, que no la controlaba sino ligeramente el Papa que la tenía como su principal fuente de ingreso y protección armada, se dejó aniquilar sin desenvainar una espada.
Una hipótesis muy difundida sostiene que occidente vio con buenos ojos cuando un grupo pequeño de franceses se organizó para cuidar las rutas que usaron los invasores europeos (cruzados) en su afán de quedarse con las riquezas de los árabes, que poco o nada les importó cuando los cobros por esta protección, las riquezas robadas a los locales, el tráfico de reliquias y esclavos, las matanzas, las limpiezas étnicas, etc., convirtió a aquel puñado de hombres en la poderosa y temida Orden del Temple.
El problema surgió cuando, a la caída de los estados latinos invasores de Palestina en el año 1291, los Templarios se apoderaron de reinos, tierras, castillos y rentas de los empobrecidos nobles europeos, amparados en una fuerte milicia y en una exagerada influencia en la Iglesia Católica.
Ambas fuerzas, la “divina” del clero y la económica de la Orden del Templo, atenazaron a la sociedad feudal de los siglos XII a XIV. Para sus contemporáneos estos monjes militares no eran más que una Orden demasiado orgullosa y demasiado rica. Para la época, la Orden del Temple compró la isla de Chipre y pagó el cuantioso rescate que se exigía por la persona del Rey Luis IX de Francia luego de haber caído prisionero en el desastre militar de la séptima cruzada. Esta circunstancia, les disparará el poder omnímodo sobre Francia que le acarrearía su fin.
En realidad, la del Temple no fue la única Orden que concilia la vida militar con la monacal en el marco de las sangrientas expediciones de conquista que emprendió occidente contra los pueblos palestinos en los siglos XI, XII y XIII. También tuvieron mucha importancia las de los Hospitalarios, Calatrava, Avis, Santiago, Alcántara, Montesa, Cristo y Teutónica. Al subir al trono francés el nieto de Luis IX, Felipe IV, El Hermoso, en el año 1285, encuentra que las finanzas del reino estaban en muy mal estado mientras que las mayores fuentes de ingreso eran de propiedad de los lombardos, los judíos y los templarios. Estos últimos, incluso custodiaban y gestionaban el tesoro real en Francia.
Al caer Acre en Palestina, el 18 de mayo de 1291, ante las fuerzas de liberación árabes y acabarse la invasión militar europea en el medio oriente, los Templarios perdieron la razón por la que fueron fundados y trataron de crear un principado independiente propio en la región del Languedoc que pertenece aún a Francia, en el sur, a orillas del Mediterráneo.
Cuando Felipe IV, en desarrollo de su política de recuperación del control y saneamiento de la hacienda real impone tributos a las inmensas riquezas que poseían la Iglesia y los Templarios en Francia, el Papa Bonifacio VIII, declaró, para no pagarlos, la supremacía del poder espiritual sobre el poder temporal y la superioridad del Papa sobre los reyes, mediante la promulgación de la bula Unam Sanctam.
Es a partir de este conflicto de poder con el papado cuando Felipe intriga contra el Papa, y a su muerte hace elegir sumos pontífices católicos a dos franceses amigos: Benedicto XI en 1303 y Clemente V en 1305. En asocio con el Papa Clemente V, el 13 de octubre de 1307, gracias a una operación policial maestra preparada con el mayor secreto detiene simultáneamente a todos los Templarios de Francia por “violentas suposiciones y sospechas” y apresa a 600 de sus miembros quemando en la hoguera a algunos de sus máximos dignatarios.
En medio del pánico, el resto se esconde, apostata o sale huyendo con las riquezas que tiene a la mano, frente a la sed de venganza de sus víctimas y la ambición de otros que los veían indefensos y sin la todopoderosa protección del Papa y los nobles.
Muchos llegarían a las altas tierras de Escocia. Posteriormente, en el Concilio de Vienne de 1312, Clemente V suprime, al parecer a instancias de Clemente V, la Orden del Temple con la Bula Vox In Excelso, y por medio de otra Bula Ad Providam, confía sus bienes a la Orden de los Hospitalarios. Finalmente, el 11 de marzo de 1314 son quemados vivos Jacques de Molay y Godofredo de Charnay, máximos jerarcas de los Templarios. Los Hospitalarios reciben en 1312 la cuantiosa fortuna de la abolida Orden del Temple salvo los de la península ibérica, donde la Orden de Montesa, fundada en el reino de Valencia y aprobada en 1317, y la Orden de Cristo, fundada en Portugal y aprobada en 1319, son las sucesoras legítimas de los Templarios.
Principalmente, cuatro animadversiones dejaron sin respaldo a los Templarios y posibilitaron su catastrófica desaparición:
1) Los reyes estaban cansados de que un ejército privado que no controlaban, que manejaba el tesoro real y al que había que pagarles por protección se paseara libre y amenazadoramente por sus territorios;
2) El clero no veía con satisfacción los privilegios de que gozaban y hacían alarde;
3) La nobleza estaba descontenta por que les tenían hipotecada gran parte de sus bienes inmuebles y rentas con prestamos onerosos, que finalmente producía su ruina y la pérdida de reinos y tierras;
4) El estado llano no estaba de acuerdo conque estuvieran por encima de la Ley ni con sus abusos cotidianos. Aún se conservan muchas trovas y canciones populares del Siglo XIV que se refieren a los problemas ocasionados por la forma de beber de los Templarios. ”Beber como un Templario” fue una expresión muy propagada durante varios siglos para indicar los excesos con el alcohol de aiguien. Es ecir, lo que hoy la ciencia médica llama alcoholismo.
En 1981 el Vaticano ordenó organizar una lista de aquellas organizaciones que sostenían ser herederas de los Templarios. La sorpresa fue grande pues la lista llegó a cuatrocientos nombres, pero ninguna de esas asociaciones ha podido probar con evidencias serias su filiación con la Orden del Templo.
Ahora bien: ¿Lanzó de verdad Jacques de Molay una terrible maldición emplazando al Papa y al rey de Francia “a comparecer en el curso de un año ante el tribunal de Dios”?.
Nadie ha podido probarlo, pero la muerte de Clemente V en Roquemaure el 20 de abril de 1314 y luego la de Felipe el Hermoso el 29 de noviembre del mismo año en Fontainebleau turbaron los espíritus. La leyenda y el mito se apoderaron de la historia de los Templarios y suministraron los ingredientes necesarios para el florecimiento de un esoterismo que algunos piensan lo más arcano posible. De nada de ello hay pruebas concretas, y los historiadores científicos se inclinan a sostener que no hubo ningún secreto en esa Orden regida por una regla estricta, lo cual no excluía por supuesto las desviaciones individuales.
Tampoco se ha encontrado grandes tesoros ocultos entre esos banqueros perspicaces y arrojados soldados. Para los franceses, Felipe IV pasaría a la historia como el gobernante que transformó una Francia feudal en una monarquía moderna en donde la autoridad del Rey se impone a todos y que instauró un impuesto nacional sobre todo el reino. Además saneó las finanzas y amplió su territorio notablemente.
Refiriéndose al tema del origen escocés de la Orden Masónica, John Hamill afirma en un ensayo denominado “Teorías Acerca del Origen de la Francmasonería”:
(…) “También se ha buscado en otras organizaciones el origen de la Francmasonería. Una teoría ahora descartada pero que conservó credibilidad por largo tiempo veía en la Francmasonería la descendiente directa de los Caballeros Templarios medievales. Se afirmó que, luego de la supresión de la Orden de los Templarios y de la muerte de Jacques de Molay, su último Gran Maestro, en 1314, un grupo de caballeros escapó a Escocia. Una vez allí se reunieron en el misterioso Monte Heredom cerca de Kilwinning y, temerosos de ulteriores persecuciones se transformaron en Francmasones convirtiendo los supuestos secretos de los Templarios en los secretos de la Francmasonería.”
“Desafortunadamente para los partidarios de esta teoría el misterioso Monte de Heredom no existe (aunque habría de constituirse en un elemento central de numerosos grados adicionales inventados en la Francia del siglo XVIII). Tampoco es verídico que los Templarios hubieran sido perseguidos en Escocia. Formaron, por el contrario, parte de la vida política y religiosa de Escocia hasta la Reforma, siendo el Prior de Torpichen (el principal Priorato Templario de Escocia), por derecho propio, uno de los Lores Espirituales del gobierno escocés.”
“Sin embargo, la leyenda escocesa siguió ejerciendo su atracción romántica. El reverendo Dr. George Oliver declaró que poseía un manuscrito del siglo XVIII el cual se refería a lo que él denominó el Rito de Bouillon, un ritual de los tres Grados Azules en el cual se le informaba a los recipiendarios que ellos eran descendientes de los Templarios.”
“El manuscrito de Oliver se conoce solamente en copias que datan del siglo XIX y un examen de su contenido muestra un ritual altamente desarrollado para los tres Grados Azules, el cual incorpora muchos de los cambios y adiciones rituales realizados después de la unión de las dos Grandes Logias inglesas en 1813.”
Por lo tanto, debemos situar el marco temporal del R:. E:. A:. y A:. solamente a partir del siglo XVIII en Francia.
Por otra parte, la introducción de la versión del origen Templario – escocés de la Masonería no sería el único aporte del Caballero De Ramsay. De acuerdo con el autor Ángel María de Lera en “La Masonería que Vuelve”, Ramsay sostiene que la Orden debe ocuparse de temas como los de la república democrática como sistema ideal de gobierno, el cosmopolitismo ideológico y el sentimiento patriótico como base para “la formación de una nación espiritual y de un pueblo nuevo.”
La versión templaría de Ramsay se produce en un cruce de coyunturas históricas en el que la tradición de los antecedentes templarios de los Estuardos que recogía la vecindad entre los constructores y algunas ordenes en Escocia que se repuntaban como descendientes de la del Temple facilitaban el enlace con las ideas románticas en boga.
Estas ideas crean un cisma al interior de la Masonería francesa, que solo culminaría en 1773 cuando se escinde en la Gran Logia Nacional de Francia y el Gran Oriente de Francia.
De todos modos, la hipótesis se incorporo al cuerpo doctrinal de la Masonería de tal forma que en 1919 en Estados Unidos se crea la Orden Jacques de Molay en honor del Maestre del Temple, que aún existe con mucho dinamismo, para preparar jóvenes entre los 14 y los 21 años de edad para ser buenos ciudadanos de esa nación.

Simbología masónica de la granada

Simbología masónica de la granada

La granada en la antigüedad se cultivaba en los huertos caseros para deleitar a las familias y aunque en la actualidad no es un fruto de consumo masivo, ocupa sitiales insospechados en el universo simbólico, en especial en el templo masónico, donde se le considera como el fruto de la vida, que es germen y sustancia a la vez, representando además, la necesaria armonía social que emerge de pequeñas semillas interrelacionadas, unidas que exponen su luminosidad hacia el exterior.

En Egipto se conoció y se cultivaba en tiempos de la XVIII dinastía, unos 1500 años antes de Jesús. Todavía hoy el jugo de su fruto fresco -la granadina- sigue siendo muy popular en El Cairo. Además, en diversos registros históricos encontramos referencias a esta especie. Así por ejemplo: segúan Jacson, en su obra Los Misterios Antiguos, el amanuense del rey Tosues I, llamado Ann (sol), hizo plantar en el parquefunerario de su rey cinco granados.

El libro de los Reyes, capítulo VII, al referirse a la edificación de las columnas del pórtico del Templo de Salomón, construido por Hiram, destaca en el versículo 18: “…y cuando hubo hecho las columnas, hizo también dos órdenes de granadas, alrededor un enredada para cubrir los capiteles que estaban en las cabezas de las columnas con granadas; y de la misma forma hizo el otro capitel…”

La granada fue el instrumento utilizado por Hades, Señor del mundo subterráneo, para conseguir que su joven y bella esposa, Perséfone, permaneciera a su lado, pese a haber sido raptada por el oscuro Dios: en adelante podría abandonar el mundo de las sombras siempre que no hubiera tomado alimento alguno. Desgraciadamente, la divina dama había ingerido varios granados de una jugosa granada.

En el templo masónico la granada descansa en lo alto de los pilares recordándonos los elevados ideales que persigue nuestra institución. Cada grano simboliza a todos los masones de la tierra, que llevan en sí el néctar y la semilla dispuesta a germinar a favor del bien de la creación. Su jugo rojo de sabor agridulce representa las alegrías y pesares de la vida.

La delgada cáscara de la granada resiste los golpes de la naturaleza y conserva dentro el sabor de un néctar delicioso. Al igual que la Masonería resiste los ataques de quienes son contrarios, conservando la sustancia que da vida. Se le representa abierta, dejando a la vista de toda la estructura organizada, semejante a las logias dispersas por la tierra y reunidas en la masonería universal.

Los masones estamos unidos al igual que los granos de la granada y continuaremos estándolo mientras en nuestras filas exista la armonía y el amor que comprende. Nuestra obra no podría llevarse a cabo sin el entendimiento que permite que al interior de nuestros templos exista la diversidad religiosa y política; pero esta camarería y signo de confianza son necesarios, también en nuestras vidas diarias con todo el universo.

En la representación que encontramos en el templo, las granadas, además de abiertas, lucen adornadas por la flor de la azucena, que corona la cúspide de los capiteles. Esta flor simboliza el candor y la pureza, que significa que la meta del Masón es el idealismo, enmarcado en la pureza de sus sentimientos y el cultivo y práctica de sus virtudes.

La azucena se identifica con el lino o flor de lis, que la tradición heráldica ha escogido como emblema de la paz y la concordia; tales postulados son fundamentos masónicos en la convivencia social.

Así, la Granada y Lirio unidos representan el candor y la pureza junto a la armonía que reina en la Masonería que, por muy multiplicado que sea, constituye una y la misma familia, porque así como las semillas apoyadas recíprocamente en la granada es que toma su verdadera forma. Como las semillas, dentro de nuestras logias somos las semillas: mayores, menores, de apariencias diversas, de aspectos diferentes, de pensamientos propios, profesando distintas creencias o pensamientos políticos, pero siempre unidos por el mismo propósito, unidos por el sentimiento, por idéntico espíritu que la savia nutritiva de vida masónica que está representada en el jugo de la granada.

domingo, 19 de marzo de 2017

Oración del papa Juan XXIII

«Oración del papa Juan XXIII publicada en el "Journal de Genève" en su edición del 9 de agosto de 1966, transcrita del italiano al portugués en el "Diario del congreso nacional brasileño", el 4 de marzo de 1971, a pedido del senador Benedito Ferreira:
«Señor y Gran Arquitecto, nos humillamos a tus pies e invocamos tu perdón por nuestro error pasado mientras que estamos en curso de reconocer a nuestros hermanos francmasones como tus fieles de predilección. Hemos luchado siempre contra el libre pensamiento pues no habíamos comprendido que el primer deber de una religión, como lo ha afirmado el Concilio, es el de reconocer incluso el derecho de no creer en Dios. Hemos perseguido a todos aquellos que en tu propia Iglesia, sin por ello alejarse del camino de la Verdad, se inscribieron en las Logias, ignorando todas las injurias y amenazas.
Sin reflexionar, habíamos creído que un signo de la cruz era superior a los tres puntos que forman una pirámide. Por todo ello te pedimos perdón, Señor, y te pedimos nos hagas comprender que un compás sobre un nuevo altar puede significar tanto como nuestros viejos crucifijos. Amén (Revista Medio Día en Punto, marzo-abril 1978)».
("Sous la Bannière" nº 22, marzo-abril 1989 pp. 23-24).