viernes, 29 de julio de 2016

Libre Pensamiento

El Programa del 4º Congreso de la Asociación Internacional de Libre Pensamiento, AILP, contempla que en Conway Hall, los librepensadores del mundo entero se reunirán por nueva vez para debatir sobre y actuar por: la Separación de las Iglesias y el Estado, para que se haga justicia para con las víctimas de las religiones, y contra el financiamiento público de las Iglesias. (AILP, 2014).
Cabe resaltar la importancia del tratamiento puntual de cada uno de estos temas, pero resulta necesario que ellos se aborden considerando, por una parte, las distintas realidades culturales e históricas, que muestran que el Librepensamiento y la Laicidad son diferentes en Europa, Latinoamérica y otras partes del mundo, pues como acertadamente lo señala Antonio Vergara, “…nuestra presencia ampliará el debate, no tanto en los problemas Iglesia vs. Estado, sino en los que afectan gravemente la convivencia latinoamericana: pobreza, desigualdad, pueblos originarios, democracia y otros, todo lo cual, sin duda, impide la libertad y ello no deja pensar libremente.” (Romo, 2014, p. 15), lo que ratifica y complementa Jaime Muñoz (2011) al expresar que “… la plena vigencia del libre pensamiento no es posible cuando las cadenas de la explotación, la ignorancia, la enfermedad y el oscurantismo, la discriminación y la exclusión, la xenofobia y un renaciente racismo aherrojan las mentes. ” (p. 2).
Pero, por otra parte, es necesario enmarcar las diversidades culturales, nacionales y de situación socioeconómica, en una visión de conjunto, integral e interrelacionada, que permita enfrentar de mejor manera la problemática común en la materia.
Para el efecto, el presente documento se refiere a la situación general e histórica del control ideológico, y su contrapartida, la libertad ideológica, pues esta vinculación nos lleva a señalar la necesidad de actualizar el ámbito y la comprensión del librepensamiento y el laicismo, a fin de que respondan adecuadamente a la nueva realidad del mundo globalizado de la hora actual y sus sofisticadas formas de control ideológico, frente al cual es el ejercicio del librepensamiento el que brinda tanto la posibilidad de la liberación de las conciencias mediante la búsqueda de la verdad, cuanto el entendimiento de los seres humanos sobre fundamentos confiables aportados por la razón, la experiencia y la ciencia.
1. ¿DE DÓNDE VENIMOS?
A continuación se caracteriza la situación general de tiempos pasados en materia de control ideológico y los esfuerzos por la vigencia de la libertad ideológica.
1.1. El control ideológico
El divulgador científico británico Richard Dawkins (2007) sostiene la hipótesis de que “… sobrevivimos por la experiencia acumulada de generaciones previas, y esa experiencia necesita trasladarse a los niños para su protección y bienestar … habrá una cierta ventaja selectiva para aquellos cerebros infantiles que tienen una regla de tres: creer, sin dudar, cualquier cosa que tus mayores te digan …” (p. 203). Y que “La selección natural construye cerebros infantiles con una tendencia a creer cualquier cosa que les digan sus padres y los ancianos de la tribu. Esta confiada obediencia es muy valiosa para la supervivencia…” Pero, “Una consecuencia automática es que quién confía no tiene manera de distinguir un buen consejo de uno malo…” (p. 205).
Según esta hipótesis, los niños tendrían una predisposición natural a creer en lugar de dudar, pero esto no justifica que esta credulidad, al parecer natural, sea aprovechada en forma interesada, aunque ello sea usual. El propio Dawkins (2007) afirma que “Los líderes religiosos son bien conscientes de la vulnerabilidad del cerebro infantil y de la importancia del adoctrinamiento en edades tempranas.” (p. 206). La situación se agrava cuando para imponer creencias ‒no solo a los niños sino también a los adultos‒ se utilizan las estructuras de poder, en beneficio de intereses económicos y políticos.
Desde otra perspectiva, esto fue abordado por Carlos Marx (2008), quien en 1859 escribió que “No es la conciencia de los hombres lo que determina su ser, sino, por el contrario, es su existencia social lo que determina su conciencia” ya que “El modo de producción de la vida material determina (Bedingen) [condiciona] el proceso social, político e intelectual de la vida en general” en razón de que las relaciones de producción constituyen “… la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la cual se levanta un edificio (Uberbau) [superestructura] jurídico y político y a la cual corresponden determinadas formas de conciencia social.” (pp. 4-5) Este aporte teórico nos facilita elementos de juicio que nos permiten constatar que los sistemas políticos y jurídicos, y los de conciencia social, es decir la religión, la ideología, la cultura, en las distintas sociedades, han estado al servicio del sistema económico imperante en cada sociedad y momento histórico.
Considerando todo lo anterior podemos darnos cuenta que las condiciones para el desenvolvimiento de la libertad de pensamiento no solo han resultado muy difíciles debido a factores naturales, sino también debido a factores económicos, sociopolíticos y culturales estructurales, y además, que existen poderosos interesados en controlar la forma de pensar de los seres humanos.
En este contexto, las ideologías religiosas constituyen mecanismos muy antiguos y eficientes de control ideológico. Pero al hablar de ideologías religiosas no nos referimos aquí a la experiencia religiosa íntima (basada principalmente en creencias en Occidente y en vivencias en Oriente), sino a esas manifestaciones religiosas organizadas e institucionalizadas, principalmente en las sociedades occidentales, respecto de las cuales cabe preguntarse con Erich Fromm (1981) “¿con cuánta frecuencia la veneración de Dios no ha sido sino la veneración de un ídolo, disfrazado de Dios de la Biblia?” (p. 44).
Este es un problema grave para el filósofo y psicólogo alemán, dado que para él hablar de idolatría es hablar de alienación. Pero en el ámbito social, el problema mayor con estas ideologías religiosas institucionalizadas, que en gran medida han devenido en idolatrías, radica en que generalmente se encuentran vinculadas al poder, dejándose instrumentalizar por éste o instrumentalizándolo ellas, es decir, también han devenido en clericalismo.
En el caso del desarrollo histórico occidental, esta vinculación con el poder tiene como referente de inicio el Edicto de Tesalónica emitido en el año 380 por el emperador romano Teodosio, mediante el cual, según Andrés Campaña (2013), “… curiosamente, el cristianismo que había sido perseguido se convirtió en la religión oficial e inició la persecución de herejes, judíos y paganos.” (p. 70). Es decir, no resultó suficiente la libertad de cultos establecida en el año 313 mediante el Edito de Milán del emperador Constantino I, sino que se produjo una imbricación entre Iglesia e Imperio, lo que continuó en la posteridad, asumiendo la Iglesia cada vez más poder, aún después de la caída del Imperio Romano de Occidente, y con una concepción y práctica totalitarias, pues además del poder sociopolítico y económico se controlaron las conciencias, por lo que “… la rebelión, por supuesto no se concibe. Rebelarse contra la jerarquía de aquella sociedad es rebelarse contra Dios, el Dios que, según ellos, ha hecho a los nobles, al clero y a los plebeyos, determinándolos, expresamente, para ejercer sus funciones respectivas.” (Brugueras, 1973, p. 121)
Así, en la Alta Edad Media, según el catedrático belga Jan Dhondt (1978), “Para el historiador resulta prácticamente imposible, al estudiar la época carolingia, el trazado de una clara línea divisoria entre los hechos eclesiásticos y los temporales. En efecto, cuando un rey de la dinastía carolingia extendía su poder sobre una nueva tierra exigía inmediatamente la conversión de su habitantes al cristianismo.” (p. 30). Esto se debía a que “Los carolingios eran impotentes para homogenizar todos los pueblos y estirpes de su imperio … y apenas podían oponer a la diversidad étnica y nacional de sus súbditos un elemento unificador de carácter espiritual. … En tales casos la Iglesia resultaba imprescindible, y de hecho los carolingios se servían de esta “arma” profusamente.” (p. 44).
Estas actuaciones, que las continuaron otros monarcas, no solo les sirvieron a ellos, sino que se hicieron con el beneplácito de la Iglesia, ya que con ello consolidaba e incrementaba su poder, sobre todo considerando que “Los papas, ni en el aspecto laico (como soberanos del estado eclesiástico) ni, menos aún, en el espiritual, consintieron jamás en someterse a poder temporal alguno.” (p. 74) a decir de Dhontd (1978), quien además narra un hecho que tuvo importantes implicaciones:
“A comienzos del año 754, se presentó en Francia ante Pipino el Breve [rey de los francos, padre de Carlomagno] el papa Esteban II … Parece que fue con ocasión de este encuentro cuando el papa se refirió, probablemente por vez primera, al famoso documento, tantas veces citado después, de la Donatio Constantini [Donación de Constantino]: un documento falsificado sólo poco antes por la cancillería papal, según el cual el emperador Constantino el Grande habría hecho donación al papa Silvestre I (314-335), como compensación por la recepción del bautismo y la curación de la lepra, de la soberanía sobre Roma, Italia y el Occidente. … Es probable que Pipino el Breve … prometiese en el encuentro de Ponthion “devolver” al papa una parte de Italia.
“A partir de entonces los papas se dirigieron siempre a los reyes francos cuando se trataba de defender los intereses territoriales de Roma y llevaron adelante sus pretensiones al afirmar que la principal función del estado franco consistía en ampliar la región estatal dominada por Roma. Con este método consiguió el papa Esteban I obtener de Pipino el exarcado de Rávena [Provincia italiana que perteneció al Imperio Bizantino] (756).” (p. 75).
Es decir, la supuesta Donación de Constantino sirvió como título o justificativo para las pretensiones territoriales de la Iglesia, lo que empezó a surtir efecto con la donación de Pipino, base del “Patrimonio de San Pedro” que, con el ducado de Roma, iniciaron los Estados Pontificios, y el poder de la Iglesia siguió creciendo en gran medida. Pero este poder fue de la mano de un control ideológico que no admitía competencia, para lo cual utilizó todos los medios que tenía a su alcance, especialmente la fuerza. Posteriormente, las cruzadas y la inquisición fueron las más destacadas expresiones de utilización de la violencia por parte de esa imbricación entre intereses económicos y políticos con control ideológico religioso, manejada directa o indirectamente por la Iglesia.
Alejandro VI y Jacopo Pesaro ante San Pedro, Tiziano, 1509. La escena naval del fondo, el estandarte y el yelmo ambientan bien el momento histórico.
Alejandro VI y Jacopo Pesaro ante San Pedro, Tiziano, 1509. La escena naval del fondo, el estandarte y el yelmo ambientan bien el momento histórico.
Pero aquella supuesta donación, con la que la Iglesia justificó sus pretensiones de dominio territorial, no resultó suficiente para concretar todas sus aspiraciones, pues casi desde el principio hubo quienes dudaron de su autenticidad y a mediados del siglo XV se descubrió su falsedad. Así, cuando las Bulas Alejandrinas, que concedieron el dominio de América a los reyes católicos de Castilla y Aragón, fueron otorgadas por el papa Alejandro VI en 1493, el fundamento jurídico religioso para hacerlo fue la supuesta potestad que le confería ser el “Vicario de Cristo en la Tierra”, lo cual vino a constituir un complemento interesado a la doctrina del derecho divino de los reyes, complemento que atribuyó a los papas el carácter de representantes oficiales del dios cristiano frente a los monarcas absolutos, y por tanto los colocó en un nivel superior a ellos, lo que se manifestaba simbólicamente en la coronación de los emperadores por parte de los papas, y se encuentra simbolizado en los escudos papales ‒incluido el actual‒ mediante dos llaves que representan su poder espiritual y temporal, y además, en la coronación de los papas, durante siglos, con una tiara con tres coronas que representaban su “soberanía sobre los Estados de la Iglesia”, “su autoridad espiritual por encima de la civil”, y “la autoridad moral del Papa sobre todos los monarcas civiles”. (Cordero, s.f.)
Cabe preguntarse ¿qué tiene esto que ver con aquello de “mi reino no es de este mundo” (Juan 18:36)? Aparentemente nada, a no ser que reconozcamos que las religiones forman parte de una superestructura jurídica, política e ideológica al servicio de un determinado sistema económico, y, en este caso, también de unos intereses clericales muy mundanos. Sin embargo, el supuesto fin de las Bulas Alejandrinas era incorporar “tierras y almas para la cristiandad” (pese a que se discutía si los indígenas tenían alma y por tanto si eran seres humanos) y fundada en dichas Bulas la conquista quedó legalizada y sacralizada, y utilizó la evangelización como eficaz mecanismo de aculturización de quienes eran sometidos a una virtual esclavitud, aculturización que solo tenía como alternativa la espada, o posteriormente la intervención de la Inquisición, cuyas acciones esenciales son suficientemente conocidas.
En general, en la Europa medieval y posteriormente en diversas partes del mundo, por ejemplo durante el período colonial latinoamericano y durante la vigencia de los Estados confesionales que le siguieron, las sociedades respondieron a estructuras de poder en las cuales existía una sola posición ideológica dominante, la que contaba con unos medios de imposición de la misma que cubrían prácticamente todo el espectro posible de influencia de dichas épocas: la educación, la imprenta, el púlpito y la presión social, todos ellos controlados por la Iglesia, la que además llevaba el registro del nacimiento, matrimonio y muerte de todos los habitantes de cada país en el que tenía control, y adicionalmente administraba el “Index librorum prohibitorum” (Índice de Libros Prohibidos), editado por primera vez en 1564, para impedir la lectura de lo que no concordaba con sus concepciones y en el que incluyeron joyas de la literatura, la ciencia y la filosofía, o autores como Erasmo de Rotterdam, Descartes, Balzac, o Sartre, Index que solo fue eliminado en 1966.
Con estos hechos superlativos de la opresión ideológica, en este caso de carácter religioso clerical, parecía que ya estaba dicha la última palabra en la materia. Sin embargo, la intolerancia frente a cualquier intento de disidencia y el ensañamiento para combatirla tuvieron nuevas manifestaciones en el siglo XX, esta vez de la mano de otro elemento de la superestructura: la ideología política.
Las ideologías políticas se conforman generalmente a partir de ejercicios de filosofar que han tomado como referente la realidad, pretendiendo aportar con respuestas a los problemas de la misma, a manera de guías para la acción. Pero como la realidad es cambiante requieren actualizarse constantemente. Sin embargo, cuando en lugar de ello se han dogmatizado, fanatizado y han sido controladas por burocracias que han actuado como cleros, las ideologías han tendido a estancarse y convertirse en idolatrías políticas, a las que es aplicable la caracterización realizada por Erich Fromm (1981) cuando señaló que “… la historia de la humanidad hasta el momento presente es primariamente la historia de la adoración de los ídolos, desde los primitivos ídolos de arcilla y madera, hasta los modernos ídolos del estado, el jefe, la producción y el consumo, santificados por la bendición de un Dios idolizado.” (p. 44). Cuando esto ha sucedido, las ideologías dogmatizadas han asumido un carácter alienante y sus seguidores fácilmente han caído en el fundamentalismo, la intolerancia y la pretensión totalitaria, configurándolas como medios de opresión ideológica.
Esto podemos apreciarlo principalmente en el nacional socialismo, el fascismo, el estalinismo y otras degradaciones del socialismo, el franquismo y nacionalcatolicismo, el macartismo, los chauvinismos, algunas corrientes del sionismo, y la doctrina de la seguridad nacional adoptada por dictaduras de la América Latina, todas ellas expresiones de una visión de la realidad sesgada por prejuicios, intereses e intolerancia, que devinieron no solo en control ideológico y desprecio de la libertad de pensamiento, sino en violaciones brutales de los demás derechos humanos, pues la Historia nos muestra que muchos de quienes han irrespetado el derecho de otros a pensar con libertad y han pretendido imponer su particular visión del mundo, tarde o temprano han recurrido a cualquier medio para lograrlo, como la tortura, el asesinato, e incluso el genocidio (recordemos a los cátaros).
Caso especial es una ideología económico-política aparentemente basada en la libertad, aunque subordinada a la “mano invisible del mercado”: el neoliberalismo, el cual no ha tenido reparo en imponerse mediante dictaduras, la aplicación de la llamada “doctrina del shock”, la utilización del voto convertido en mercancía que se publicita, y la manipulación de las formas de pensar, las modas y los gustos, a través del control de medios masivos de comunicación aparentemente libres e independientes, lo que ha dado como resultado, por una parte, una forma especial de control ideológico, y por otra parte, la violación de otros derechos humanos, sea mediante la violencia institucionalizada o mediante la generación de hambre, pobreza, injusticia y la depredación del planeta, entre otros males.
Por último, así como el control ideológico ha traído como consecuencia graves violaciones a los derechos humanos, el proceso también se ha dado a la inversa, especialmente desde las últimas décadas del siglo XX hasta la hora actual del siglo XXI, en que la violación de los derechos humanos ha tratado de ser encubierta o validada mediante el control ideológico, para lo cual éste opera utilizando campañas mediáticas globales, que manipulan los hechos con el propósito de justificar: desde el espionaje tecnológico y violación de la intimidad de millones de personas y la persecución a quienes se han atrevido a descubrir dicho espionaje y otros secretos de un estado policial mundial, hasta las violaciones descaradas a los derechos humanos y al derecho internacional, a fin de satisfacer intereses económicos y geopolíticos, como las supuestas guerras contra el terrorismo, que fueron guerras de conquista, o el actual recrudecimiento del proceso de aniquilación del pueblo palestino.
En resumen, el control ideológico ha utilizado por siglos desde las ideologías religiosas, convertidas en una degradación idolátrica y clerical de la religiosidad, hasta las ideologías políticas, pervertidas por el dogmatismo y la intolerancia, colocando ambas al servicio del poder político, del sistema económico imperante y de los beneficiarios del mismo, por lo que el control ideológico no puede ser estudiado en forma aislada sino como una manifestación parcial de un sistema integral de opresión.
1.2. La libertad ideológica
Puede considerarse la libertad ideológica como una expresión amplia que, partiendo de una comprensión de ideología como conjunto o sistema de ideas o visiones respecto de diversos ámbitos de la existencia, que pueden abarcar lo político, lo religioso, lo cultural, lo social, etc., plantea el ejercicio de la libertad de todo ser humano para formar y cambiar estas concepciones y para actuar en consecuencia con ellas, en un marco sociocultural y jurídico de respeto a las concepciones y derechos humanos de los otros y de abstención de la búsqueda de preeminencia o imposición de las ideas particulares de unos por sobre las de los demás. Por consiguiente, la libertad ideológica incluye la libertad de pensamiento, la libertad de conciencia, la libertad de creencias, cultos y religiones, la libertad de expresión, y las demás libertades y derechos que de éstas se deriven. Y los medios por los cuales ella se desenvuelve y garantiza en términos igualitarios para todos son: la laicidad, para las convicciones propias del fuero interno, y el pluralismo, para las propuestas respecto del convivir político social.
Pero como la libertad ideológica se desarrolló en buena medida como reacción al control ideológico, cuyo desenvolvimiento histórico muestra su dependencia de un sistema integral de opresión, cabe considerar que la libertad ideológica y la laicidad se encuentran vinculadas a las demás luchas por la libertad, la igualdad, la justicia y la paz.
Servet fue detenido y juzgado por herejía (por su negación de la Trinidad y por su defensa del bautismo a la edad adulta).
Servet fue detenido y juzgado por herejía (por su negación de la Trinidad y por su defensa del bautismo a la edad adulta).
Y desde la perspectiva occidental, fue en la Grecia clásica donde primero destacó el ejercicio a pensar con libertad, fruto del cual tenemos los grandes aportes del pensamiento filosófico griego, aunque en ese entonces dicho ejercicio libre fue posible gracias al “ocio ático” sustentado en la esclavitud y no estuvo exento de excepciones, de lo cual es ejemplo Sócrates obligado a tomar la cicuta por desconocer a los dioses de su patria y época. Sin embargo la libertad ideológica continuó presente en la antigüedad greco romana, con los altibajos propios de la época, hasta que el Edicto de Tesalónica del año 380 supuso la imposición ‒que resultaría más que milenaria‒ únicamente de la visión católica del mundo. Y durante el oscurantismo medieval la filosofía se subordinó a la teología, y más bien en el Islam de la época se encuentran aportes valiosos por parte de figuras como Avicena (980-1037) y Averroes (1126-1198), o las Escuelas de Córdoba y Bagdad, centros de especialización e investigación donde se respetaba la libertad (Brugueras, 1973, pp. 143-144). Y también se dieron brotes de pensamiento libre en pleno oscurantismo, como lo reconoce la propia Enciclopedia Católica (2010), cuando dice: “Los primeros herejes fueron librepensadores en su rechazo a la autoridad reguladora de la Iglesia sobre puntos relacionados con sus herejías, que frecuentemente elaboraban sobre líneas racionalistas; y los panteístas y otras de las escuelas criticaban y silogizaban la revelación en un estilo verdaderamente librepensador. Ambos fueron condenados en consecuencia; pero el espíritu de exceso en la crítica y la confianza en la suficiencia de la razón humana son tan típicas del librepensamiento de los tiempos medievales como el del siglo XXI” (Librepensadores). Pero la comprensión de la libertad ideológica como un derecho se empieza a expresar con fuerza, como libertad de pensamiento o como libertad de conciencia, a raíz de su enfrentamiento mortal con el pensamiento dogmático institucionalizado, que dio como resultado inmediato la quema en la hoguera de Miguel de Servet en 1553, por obra de calvinistas, y de Giordano Bruno en 1600, por obra de católicos.
Sin embargo, la tendencia secular venía al menos desde el siglo X, cuando Otón I de Alemania, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, asumió una política respecto a los papas, a los que, según Dhondt (1978), “…estaba decidido a someter a su autoridad y a no tolerarles veleidades de independencia” (p. 204). No se trataba aún de separar la Iglesia del Estado sino de cambiar la relación de fuerzas para que el papado se sometiese al imperio. Pero las formulaciones teóricas iniciales respecto de la liberación del Estado y del Derecho de la tutela papal, se produjeron, según Alejandro Sigüenza (2007), cuando “En el año 1324, Marsillo de Padua redactó las bases del Estado Laico moderno, en las que afirmó que a este le corresponde la autoridad en lo temporal y en lo espiritual, en consideración a que la mayor parte de los poderes, en manos de la Iglesia, los ha asumido el Estado, única entidad de poder universal. La Iglesia no es una institución divina, sino una sociedad puramente humana y como tal debe estar sometida a la autoridad del Estado. La Iglesia y todos los cristianos deben someterse a los principios seculares”. Posteriormente “… es a partir del Renacimiento, y con el Humanismo, que se produjo una vigorosa laicización de la cultura. … con Nicolás de Cusa, … con Copérnico, pero sobre todo … con Galileo, que se establece y afirma la autonomía de la Ciencia, … Maquiavelo, a su vez, afirmó que la política adquiere autonomía en relación con la ley moral, …” (pp. 4-5). Y después vienen otros importantes aportes, como los de Hobbes, Spinoza, Rousseau.
De entre ellos cabe destacar a Baruch Spinoza (1632-1677) quien consideró que “ni la religión ni el Estado deben atentar contra la libertad de pensamiento” (Rosental y Iudin, p. 431), la que, según Zac Sylvain (1976), “En los países cristianos … tropieza continuamente con el prestigio y la insolencia abusiva de los predicadores y teólogos que, con sus prejuicios, impiden que los hombres se consagren a la filosofía, la cual, mediante la luz que aporta a los hombres, permite precisamente disipar cualquier clase de prejuicios. “Quiero defender por todos los medios la libertad de pensar y expresar mis sentimientos”, escribe Spinoza … No por la violencia, … sino por todos los medios de la argumentación y de la persuasión” (pp. 119-120). Para lo cual “… el verdadero fin del Estado es la paz, pero a condición de precisar que el motor de la verdadera paz no es la fuerza y el terror, sino la concordia de los ciudadanos en el respeto de su libertad. El fin perseguido por el Estado no podría ser el de transformar a los hombres razonables en bestias o en autómatas, sino más bien el de desarrollar su inteligencia de forma que, una vez en condiciones de razonar libremente, puedan enfrentarse no con las armas del odio, la cólera y la astucia, sino solamente con las armas de la razón…” (p. 125). Baruch Spinoza, por tanto, constituye hito importante en el desarrollo del laicismo y el librepensamiento.
Posteriormente, según Sigüenza (2007) , “El proceso de laicización, que cubrió todos los campos y alcanzó su esplendor con el Iluminismo del siglo XVIII y la Revolución Francesa, desembocó en el siglo XIX en el inmanentismo absoluto, que quiere decir la negación de Dios como ser trascendente: el hombre ocupa el lugar de Dios y la religión.” (p. 5) Y no deja de señalar que “El país en donde la laicización tomó carácter violento fue Francia, especialmente en dos períodos de su historia. La primera, con Voltaire a la cabeza, proclamó que el infame es el cristianismo. Luego, la Revolución Francesa, con la feroz persecución al clero refractario y la redacción de la Constitución Civil del Clero, la abolición del calendario cristiano, y por tanto del domingo y las fiestas religiosas, y por último, con el culto a la Diosa Razón, llevó a cabo un proceso de descristianización, el primero en la historia.” (p. 5). Esto muestra que es muy fácil que de una imposición ideológica no se pase directamente a la libertad ideológica sino a otras imposiciones.
Sin embargo, superados los excesos, la Revolución Francesa constituye otro hito fundamental del desarrollo de la libertad ideológica, ya que en el marco de dicha Revolución tiene fundamental importancia la expedición, en 1789, de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (1789), cuyo artículo 10 estableció que “Nadie debe ser incomodado por sus opiniones, inclusive religiosas, siempre y cuando su manifestación no perturbe el orden público establecido por la Ley” Y el artículo 11 que dice: “La libre comunicación de pensamientos y opiniones es uno de los derechos más valiosos del Hombre; por consiguiente, cualquier Ciudadano puede hablar, escribir e imprimir libremente, siempre y cuando responda del abuso de esta libertad en los casos determinados por la Ley”.
Y en relación con esta Declaración de 1789, hay que destacar el aporte de Olympe de Gouges con su Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana de 1791, cuya importancia como referente para las luchas femeninas es fundamental, pero además, con ella hace hincapié, desde una perspectiva de género, en la necesidad de vinculación entre libertad e igualdad ya expresada en la tríptico revolucionario y masónico de Libertad, Igualdad, Fraternidad, vinculación específica que sería desarrollada posteriormente por Bakunin al sostener que “La Libertad debe ir de la mano con la Igualdad” (aunque él da gran importancia a la igualdad económica, que es la base de otras igualdades).
Después de los aportes del período revolucionario francés, y sin pretender ser exhaustivo, otros momentos importantes del desarrollo de la libertad ideológica fueron:
A) El 20 de septiembre de 1870. “Esa fecha recuerda la toma de Roma por las fuerzas de la unificación italiana ‒entre las que se destacaban los “camisas rojas” garibaldinos‒ y significó la caída definitiva del poder temporal del papado y de sus regímenes políticos de “derecho divino”; y representó un gran triunfo para las fuerzas democráticas, republicanas y secularizantes del mundo” (Lozada, Laxalte y Vergara, 2012) razón por la cual el 20 de septiembre de cada año fue declarado por el Segundo Congreso de la Asociación Internacional de Libre Pensamiento AILP, reunido en Mar del Plata en 2012, como “Día del Librepensamiento, como homenaje a los hombres y mujeres que combaten por la libertad, la igualdad y la fraternidad entre los seres humanos y los pueblos”. (Vergara, 2014, p. 8).
B) El 3 de abril de 1871 la Comuna de París (1871) emitió el siguiente decreto:
“La Comuna de Paris
“Considerando que el primero de los principios de la República Francesa es la libertad;
“Considerando que la libertad de conciencia es la primera de las libertades;
“Considerando que el presupuesto de cultos es contrario a este principio, ya que se impone a los ciudadanos en contra de su propia fe;
“Considerando, de hecho, que el clero fue cómplice de crímenes de la monarquía contra la libertad.
“Decreta:
“Art. 1. La Iglesia está separada del Estado.
“Art. 2. Se suprime el presupuesto de cultos.
“Art. 3. Los bienes de manos muertas, muebles e inmuebles, pertenecientes a congregaciones religiosas, se declaran de propiedad nacional.
“Art. 4. Un estudio de estos bienes se realizará inmediatamente para constatar su naturaleza y ponerlos a disposición de la Nación.
“La Comuna de París.
“París, el 3 de abril de 1871.”
Esta es una de las primeras expresiones de rechazo al financiamiento público de las religiones por incompatibilidad con el principio de la laicidad.
C) El 22 de septiembre de 1904 se desarrolló en Roma el Décimo Primer Congreso Internacional de Libre Pensamiento, el cual emitió la siguiente:
“Declaración de Principios
“El Congreso Internacional de Libre Pensamiento, reunido en Roma el 22 de septiembre de 1904, deseoso de evitar cualquier malentendido y fijar desde el comienzo el significado que atribuye a la palabra “libre pensamiento” y el alcance de las reivindicaciones a formular, se siente obligado a anteceder sus deliberaciones especiales con la Declaración de principios enunciada en las tres resoluciones siguientes:
“I – Primera resolución: definición del Libre pensamiento, en general
“El libre pensamiento no es una doctrina sino un método, es decir, una manera de conducir su pensamiento ‒y, en consecuencia, su acción‒ en todos los ámbitos de la vida individual y social. Este método no se caracteriza por la afirmación de algunas verdades particulares, sino por un compromiso general de buscar la verdad en cualquier orden que sea, sólo mediante los recursos naturales del espíritu humano, a la única luz de la razón y la experiencia.
“El libre pensamiento puede ser considerado teóricamente en el orden intelectual, o prácticamente en el orden social.
“En uno y otro caso se determina de acuerdo con las dos reglas enunciadas a continuación.
“II – Segunda resolución: Dos reglas del libre pensamiento en el orden teórico o intelectual.
“1. Primera regla: El librepensamiento no puede reconocer a ninguna autoridad el derecho de oponerse o incluso de superponerse a la razón humana, requiere que sus miembros hayan rechazado expresamente no sólo cualquier creencia impuesta, sino también cualquier autoridad que pretenda imponer creencias (sea que esta autoridad se base en una revelación, los milagros, las tradiciones, la infalibilidad de un hombre o un libro, sea que ordene inclinarse ante los dogmas o principios a priori de una religión o filosofía, ante la decisión de los poderes públicos o el voto de la mayoría, o sea que apele a cualquier forma de presión, ejercida desde fuera del individuo, para desviarlo, bajo su responsabilidad personal, de hacer uso normal de sus facultades).
“2. Segunda regla: El librepensamiento no puede limitarse a esta manifestación negativa respecto de todo dogma y todo credo, requiere de sus miembros un esfuerzo activo para realizar por medios humanos el ideal humano.
“También se niega a dar a su propia concepción de este ideal el carácter absoluto e inmutable que se atribuyen abusivamente las religiones, pero que no tiene la ciencia ni la conciencia humana, la una y la otra obligadas a moverse en lo relativo y sujetas a la ley del progreso.
“Lejos de ceder a la tentación de construir prematuramente un sistema definitivo, el Librepensamiento propone a la Humanidad, como lo quiere la naturaleza de las cosas, perseguir indefinidamente la verdad a través de la ciencia, el bien a través de la moral, la belleza a través del arte. Y así como a cada momento de su desarrollo está dispuesto a dar cuenta del resultado actual de sus investigaciones, también está siempre dispuesto a completarlo y corregirlo, agregando los descubrimientos de ayer a los descubrimientos de mañana.
“III – Tercera resolución: Dos reglas del librepensamiento en el orden práctico y social
“1. Primera regla: el Librepensamiento no puede satisfacerse con opiniones puramente especulativas que interesarían sólo al pensamiento individual, debe proveer una regla de vida, tanto a los individuos como a las sociedades.
“Aplicado a las sociedades, es el método que consiste en querer someter la organización social misma a las leyes de la razón.
“Una sociedad que se inspira en este método tiene como primer deber eliminar de todos sus servicios públicos (administración, justicia, educación, asistencia, etc.) todo carácter confesional, lo que significa que estos no sólo deben ser neutros entre las diversas confesiones religiosas, sino ajenos y refractarios a toda influencia religiosa, rigurosamente excluidos de todo dogmatismo, implícito o explícito.
“La Laicidad integral del Estado es la aplicación pura y simple del Librepensamiento a la vida colectiva de la Sociedad. Consiste en separar las Iglesias del Estado, no bajo la forma de un reparto de atribuciones entre dos potencias que se tratan de igual a igual, sino garantizando a las opiniones religiosas la misma libertad que a todas las opiniones y negándoles todo derecho de intervención en los asuntos públicos.
“2. Segunda regla: el librepensamiento se completa sólo cuando se compromete a realizar socialmente el ideal humano, debe tender a establecer un sistema bajo el cual ningún ser humano podrá ya ser sacrificado o abandonado por la sociedad, y en consecuencia no sea puesto ni dejado, directa o indirectamente, en la imposibilidad práctica de ejercer todos sus derechos de hombre y de cumplir todos sus deberes como hombre.
“El Librepensamiento es por lo tanto lógicamente generador de una ciencia social, de una moral social, de una estética social, que, perfeccionándose con el progreso mismo de la conciencia pública, constituyeron un sistema de justicia: la justicia social no es más que la razón aplicada por la humanidad a su propio gobierno.
“En otras palabras, el Librepensamiento es laico, democrático y social, es decir que rechaza, en nombre de la dignidad de la persona humana, este triple yugo: el poder abusivo de la autoridad en materia religiosa, el privilegio en materia política y el Capital en materia económica.” (AILP, 2013)
Sin duda, esta es la más importante formulación sobre el librepensamiento. Y su vigencia actual fue reconocida cuando la Asociación Internacional de Libre Pensamiento, AILP, en el Congreso de Librepensadores de las Américas efectuado en Mar del Plata, Argentina, el 17 de noviembre de 2012, adoptó este texto como su Declaración de Principios y parte integrante de sus Estatutos.
D) El 9 de diciembre de 1905, la Tercera República Francesa expidió la ley que estableció la separación de la Iglesia y el Estado (Assemblée Nationale, 2014), cuya formulación esencial se resume en la frase: “La República no reconoce, no subvenciona, ni remunera a ninguna religión”, la que constituye base fundamental en la que se sustenta la laicidad.
E) En el caso de nuestro país, el Ecuador, Pedro Saad (2006) señala que:
“La libertad de pensamiento ‒incluida su expresión por la prensa‒ quedó establecida desde la tempranera Constitución de 1896-97 (art 32); muy poco tiempo después, en junio del 97, se perfeccionó este precepto en una Ley de Imprenta; la tan perseguida libertad de reunión se vio protegida igualmente en la Constitución del 97 (art. 24).
“Por razones de una bien comprensible cautela política, la libertad de cultos debió esperar a tener su propia formulación legal hasta octubre de 1904. La Ley, extremadamente lacónica en su formulación, establecía…
“Art. 1. El Estado permite el ejercicio de todo culto, que no sea contrario a sus instituciones ni a la moral.
“Art. 2. El ataque a una religión o a las personas de sus ministros, en el ejercicio de un culto permitido en la República, será castigado conforme a las disposiciones de la Ley de Policía (…)
“Art. 4. Las creencias religiosas no obstan para el ejercicio de los derechos políticos y civiles; pero los ministros de un culto o los que tuviesen algún carácter eclesiástico no pueden ejercer los cargos públicos que emanen de elección popular directa.
“Los aspectos relacionados con la educación no tuvieron que esperar tanto. El 30 de junio de 1897 se puso el “ejecútese” presidencial a la Ley de Instrucción Pública, cuyo artículo 16 era taxativo:
“La enseñanza es libre, sin más restricciones que las señaladas en las leyes respectivas; pero la enseñanza oficial, y la costeada por las municipalidades, son esencialmente seglares y laicas.
“Cuando la creación del Registro Civil y el establecimiento del matrimonio civil y el divorcio (1902) completaron este cuadro de reformas laicas, podía ya decirse que ahora, y luego de 72 años de creada la República, los ecuatorianos éramos por fin libres.” (pp. 79-80)
Cabe puntualizar que los cambios fundamentales hacia la laicidad en Ecuador se dieron en el marco de un movimiento liberal, radical, laico y masónico que bullía en dicha época en Latinoamérica, y que en nuestro país triunfó con la Revolución Liberal Radical del 5 de junio de 1895, liderada por Eloy Alfaro.
F) El 10 de diciembre de 1948, en París, la Asamblea General de las Naciones Unidas emitió la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la cual establece:
“Artículo 18.
“Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.
“Artículo 19.
“Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.” (Naciones Unidas, 2014)
Esta declaración constituye el referente moderno de los derechos humanos y su importancia está dada tanto por su contenido cuanto porque está relacionada con la Carta Internacional de Derechos Humanos, que constituye la normativa jurídica internacional que obliga a los Estados suscriptores a su cumplimiento.
G) El 10 de agosto de 2011 se creó en Oslo, Noruega, en el marco del Congreso de la Unión Internacional Humanista y Laica (IHEU), y con la presencia de organizaciones y personas adherentes de diversas partes del mundo, entre ellas muchas de Latinoamérica y algunas de Ecuador, la Asociación Internacional de Libre Pensamiento, fruto de una invitación y preparación realizada con al menos un año de anticipación por iniciativa del Libre Pensamiento Francés, y que en el caso latinoamericano estuvo a cargo de Antonio Vergara Lira, quien reseña (2014) que el propósito fue el de “Renovar los principios establecidos en Roma 1904. Coordinar mundialmente a los militantes de la libertad absoluta de conciencia. Amparar y ampliar el laicismo institucional y la separación de las iglesias de los Estados.” (p. 2). En dicho primer Congreso de la AILP se manifestó la intención de “…reunir a todos los grupos y personas que sobre la faz de la tierra adhieren a la libertad absoluta de conciencia y la búsqueda permanente de la verdad” y se acordó la “Lucha por la separación efectiva de las religiones de los Estados”, la “Investigación de los fondos estatales, aportados por todos los ciudadanos, que van a las Iglesias.”, la “Denuncia de los ataques religiosos contra los seres humanos, en la actualidad.” y la “…relación con la posición actual de la mujer y el librepensamiento…”. (p. 4) Esta creación y el quehacer que ha seguido a ella podríamos considerar constituye el último hito de importancia en la historia del librepensamiento.
Todos estos momentos destacados fueron la respuesta que, en distintos lugares y momentos históricos, dieron los espíritus libres, frente al control y la represión ideológicos.
Resumiendo de dónde venimos, la confrontación entre control ideológico y libertad ideológica afianzó el ejercicio y el desarrollo del librepensamiento, como actitud y método para formar las propias opiniones basándose en la razón, la experiencia y la ciencia, lo que permitió: el surgimiento y desarrollo de una propuesta de convivencia pacífica entre ideas religiosas diferentes, conocida como laicismo, el cual cuando ha sido acogido y establecido jurídicamente se lo conoce como laicidad, la que supone la separación de las iglesias de los Estados, a fin de evitar que las ideas religiosas de unos prevalezcan sobre las de otros, pero sin menoscabar la manifestación particular de las mismas; y el surgimiento y desarrollo de un medio de relación civilizada, libre e igualitaria entre las propuestas político sociales: el pluralismo. Y hace ya 110 años que los librepensadores de esa época señalaron que el librepensamiento debe estar en constante búsqueda de la verdad a través de la ciencia, del bien a través de la moral, y de la belleza a través del arte; y que no es puramente especulativo, por lo que en el plano social lo definieron como “laico, democrático y social, es decir que rechaza, en nombre de la dignidad de la persona humana, este triple yugo: el poder abusivo de la autoridad en materia religiosa, el privilegio en materia política y el capital en materia económica.” (AILP, 2013)
De todo ello venimos librepensadores.

lunes, 25 de julio de 2016

EL DEMIURGO

EL DEMIURGO (*)
Cap. I, Parte I, de Mélanges, Gallimard, París, 1976. No publicado aún en castellano (1994, SYMBOLOS Nº 8).
I
Hay unos cuantos problemas que constantemente han preocupado a los hombres, pero el que se ha presentado generalmente como más difícil de resolver es el del origen del Mal, con el que han topado, como si fuera un obstáculo infranqueable, la mayoría de los filósofos y sobre todo los teólogos: "Si Deus est, unde Malum? Si non est, unde Bonum?" ( 1 ). Este dilema es, en efecto, insoluble para aquellos que consideran la Creación como la obra directa de Dios, y que, en consecuencia, están obligados a responsabilizarle del Bien y del Mal. Se dirá sin duda que esta responsabilidad es atenuada, en cierta medida, por la libertad de las criaturas; pero, si las criaturas pueden escoger entre el Bien y el Mal, es que uno y otro existían ya, al menos en principio; y si las criaturas son susceptibles de decidirse a veces en favor del Mal en lugar de hacerlo siempre hacia el Bien, es que son imperfectas. ¿Cómo entonces Dios, si es perfecto, ha podido crear seres imperfectos?
Es evidente que lo Perfecto no puede engendrar imperfección, ya que, si esto fuera posible, lo Perfecto debería contener en sí mismo lo imperfecto en estado principial, con lo que dejaría de ser lo Perfecto. Lo imperfecto no puede entonces proceder de lo Perfecto por vía de emanación; entonces no podría resultar más que de la creación "ex nihilo", ¿pero cómo admitir que algo pueda proceder de la nada, o, en otros términos, que pueda existir alguna cosa carente de principio? Por otra parte, admitir la creación "ex nihilo" sería admitir el aniquilamiento final de los seres creados, ya que lo que ha tenido un comienzo debe también tener un final, y no hay nada más ilógico que hablar de inmortalidad en tal hipótesis. Pero la creación así entendida es un absurdo, puesto que es contraria al principio de causalidad, que es innegable para todo hombre sincero y medianamente razonable, con lo que podemos decir al igual que Lucrecio: "Ex nihilo nihil, ad nihilum nihil posse reverti." ( 2 )
No puede haber nada que carezca de principio; pero ¿cuál es este principio?, y, en realidad ¿no hay más que un Principio único de todas las cosas? Si se considera el Universo total, es evidente que contiene todas las cosas, puesto que todas las partes están contenidas en el Todo. Por otro lado, el Todo es necesariamente ilimitado, ya que, si tuviera un límite, lo que hubiera más allá de este límite no estaría comprendido por el Todo, siendo esta suposición completamente absurda. Lo que carece de límite puede ser llamado Infinito, y como lo contiene todo, es el principio de todas las cosas. Por otra parte el Infinito es necesariamente "uno", porque dos Infinitos que no fueran idénticos se excluirían el uno al otro; resultando de esto que no hay más que un Principio único de todas las cosas, y este Principio es lo Perfecto, pues el Infinito sólo puede ser tal si es lo Perfecto.
Así lo Perfecto es el Principio supremo, la Causa primera, que contiene todas las cosas y las ha producido todas; pero entonces, puesto que no hay más que un Principio único, ¿de dónde salen todas las oposiciones que normalmente se consideran en el Universo: el Ser y el No-Ser, el Espíritu y la Materia, el Bien y el Mal? Nos encontramos aquí con la misma pregunta del comienzo, y ahora podemos formularla de una manera más general: ¿cómo ha podido la Unidad producir la Dualidad?
Algunos han creído que debían admitir dos principios distintos, opuestos el uno al otro, pero esta hipótesis está descartada por lo dicho anteriormente. En efecto, estos dos principios no pueden ser ambos infinitos, pues entonces se excluirían o se confundirían; si sólo uno fuera infinito, éste sería el principio del otro; y, si ambos fueran finitos, no serían verdaderos principios, ya que decir que aquello que es finito puede existir por sí mismo, es admitir que algo puede salir de la nada, puesto que todo lo finito tiene un principio lógico si no cronológico. En este último caso, en consecuencia, uno y otro, siendo finitos, deben proceder de un principio común, que es infinito, lo que nos vuelve a llevar a la consideración de un Principio único. Además, muchas doctrinas que observamos como dualistas, no lo son más que en apariencia; en el Maniqueísmo, como en la religión de Zoroastro, el dualismo no es más que una doctrina puramente exotérica, cubriendo una verdadera doctrina esotérica de la Unidad: Ormuz y Ahrimán son los dos engendrados por Zervané-Akérêné, y deben fundirse con él al final de los tiempos.
La Dualidad es entonces necesariamente producida por la Unidad, puesto que no puede existir por sí misma; ¿pero cómo puede ser producida? Para comprenderlo debemos considerar primeramente a la Dualidad bajo su aspecto menos particular, que es la oposición del Ser y del No-Ser; por otra parte, puesto que uno y otro están forzosamente contenidos en la Perfección total, es evidente, en principio, que esta oposición no puede ser más que aparente. Entonces valdría más hablar únicamente de distinción; pero ¿en qué consiste esa distinción?, ¿existe, en realidad, independientemente de nosotros, o no será simplemente más que el resultado de nuestra forma de ver las cosas?
Si por No-Ser no entendemos más que la pura nada, es inútil seguir hablando, pues ¿qué podemos decir de aquello que no es nada? Pero otra cosa distinta sería considerar al No-Ser como posibilidad de ser; con lo que el Ser sería la manifestación del No-Ser y, entendido de este modo, el Ser estaría contenido en estado potencial en el No-Ser. La relación entre el No-Ser y el Ser es entonces la relación entre lo no-manifestado y lo manifestado, y podemos decir que lo no-manifestado es superior a lo manifestado, puesto que es su principio, ya que contiene en potencia todo lo manifestado más lo que no es, ni jamás ha sido, ni jamás será manifestado. Al mismo tiempo, vemos aquí la imposibilidad de hablar de una distinción real, ya que lo manifestado está contenido en principio en lo no-manifestado; sin embargo no podemos concebir lo no-manifestado directamente, sino únicamente a través de lo manifestado. Esta distinción existe pues para nosotros y sólo para nosotros.
Si es así concebida la Dualidad en cuanto a la distinción entre Ser y No-Ser, con mayor razón debe serlo igualmente en sus demás aspectos. Con esto vemos el carácter ilusorio de la distinción entre Espíritu y Materia, sobre la que se han edificado -sobre todo en los tiempos modernos- gran cantidad de sistemas filosóficos, como si se tratara de una base inquebrantable; y desapareciendo esta distinción, de tales sistemas no queda nada. Además, podemos resaltar de paso que la Dualidad no puede existir sin el Ternario, ya que si el Principio supremo, al diferenciarse, da nacimiento a dos elementos -que por otra parte sólo son distintos en tanto nosotros los consideremos como tales-, éstos y su Principio común forman un Ternario. Y de tal forma esto es así que, en realidad, es el Ternario y no el Binario lo que es inmediatamente producido por la primera diferenciación de la Unidad primordial.
Volvamos ahora a la distinción entre el Bien y el Mal, que no es en sí, más que un aspecto particular de la Dualidad. Cuando oponemos Bien y Mal, consideramos generalmente el Bien como Perfección o, al menos, en un grado inferior, como una tendencia a la Perfección, con lo que el Mal no es otra cosa que lo imperfecto. Pero ¿cómo lo imperfecto podría oponerse a lo Perfecto? Hemos visto que lo Perfecto es el Principio de todas las cosas, y que, por otra parte, no puede producir lo imperfecto; de lo que resulta que lo imperfecto no existe, o que, al menos, lo imperfecto sólo puede existir como elemento constitutivo de la Perfección total, y, siendo así, no puede ser realmente imperfecto, y lo que llamamos imperfección no es más que relatividad. Así, lo que llamamos error es verdad relativa, ya que todos los errores deben ser comprehendidos en la Verdad total, sin lo que ésta, estando limitada por algo que estaría fuera de ella, no sería perfecta, lo que equivale a decir que no sería la Verdad. Los errores, o, mejor dicho, las verdades relativas, no son sino fragmentos de la Verdad total; es pues la fragmentación la que produce la relatividad, y en consecuencia, podríamos decir que, si relatividad fuera realmente sinónimo de imperfección, podría considerarse como causa del Mal. Pero el Mal sólo es tal cuando se lo distingue del Bien.
Si llamamos Bien a lo Perfecto, realmente lo relativo no es algo distinto, ya que en principio está contenido en El; entonces, desde el punto de vista universal, el Mal no existe. Existirá únicamente si consideramos las cosas bajo un aspecto fragmentario y analítico, separándolas de su Principio común, en lugar de considerarlas sintéticamente como contenidas en este Principio, que es la Perfección. Así es creado lo imperfecto; el Mal y el Bien son creados al distinguirlos el uno del otro, y, si no hay Mal, no hay motivo para referirse al Bien en el sentido ordinario de esta palabra, sino únicamente a la Perfección. Es pues la fatal ilusión del Dualismo la que realiza el Bien y el Mal, y que, considerando las cosas bajo un punto de vista particularizado, sustituye a la Unidad por la Multiplicidad, y encierra así a los seres sobre los cuales ejerce su poder en el dominio de la confusión y de la división. Este dominio es el Imperio del Demiurgo.
II 
Lo que hemos dicho respecto la distinción del Bien y el Mal permite comprender el símbolo del Pecado original, al menos en la medida en que estas cosas pueden llegar a expresarse. La fragmentación de la Verdad total, o del Verbo -pues son lo mismo en el fondo-, produce la relatividad y es idéntica a la segmentación del Adam Kadmon, cuyas partes separadas constituyen al Adam Protoplastas, el primer formador. La causa de esta segmentación es Nahash, el Egoísmo o el deseo de la existencia individual. Este Nahash no es algo externo al hombre, sino que está en él, primero en estado potencial, y sólo deviene externo en la medida en que el hombre mismo lo exterioriza. Este instinto de separatividad, por su naturaleza, que es provocar la división, empuja al hombre a probar el fruto del Arbol de la Ciencia del Bien y del Mal, es decir, a crear la distinción entre Bien y Mal. Entonces sus ojos se abren, pues aquello que le era interior se ha convertido en exterior, a consecuencia de la separación que se ha producido entre los seres. Estos están ahora revestidos de formas, que limitan y definen su existencia individual, y así el hombre se ha convertido en el primer formador. Pero en lo sucesivo, también él se encuentra sometido a las condiciones de esta existencia individual, está revestido de una forma, o, siguiendo la expresión bíblica, de una túnica de piel, y está encerrado en el dominio del Bien y del Mal, en el Imperio del Demiurgo.
A través de esta exposición abreviada y muy incompleta, vemos que el Demiurgo no es en realidad una potencia externa al hombre; en principio no es más que la voluntad del hombre en tanto realiza la distinción entre Bien y Mal. Pero seguidamente el hombre, limitado como ser individual por esa voluntad que es la suya propia, la considera como algo externo a él, y así deviene distinta de él. Además, como dicha voluntad se opone a los esfuerzos necesarios para salir del dominio en que él mismo se ha encerrado, la ve como una potencia hostil, y la denomina Satán o el Adversario. Remarquemos que este Adversario, que hemos creado nosotros mismos y que creamos a cada instante -ya que esto no debe considerarse como algo que ocurrió en un tiempo determinado-, no es malo en sí mismo, sino que constituye únicamente el conjunto de todo lo que nos es contrario.
Desde un punto de vista más general, el Demiurgo, convertido en una potencia distinta y considerado como tal, es el Príncipe de este Mundo del cual se habla en el Evangelio de Juan. No es, propiamente hablando, ni bueno ni malo, más bien es lo uno y lo otro, puesto que contiene en sí mismo el Bien y el Mal. Se considera su dominio como el Mundo inferior, en oposición al Mundo superior o Universo principial del que ha sido separado. Pero hay que tener en cuenta que esta separación jamás es absolutamente real, sólo lo es en la medida en que la realizamos, pues este Mundo inferior está contenido, en estado potencial, en el Universo principial, y es evidente que ninguna parte puede realmente salir del Todo. Por otra parte, esto es lo que impide que la caída continúe indefinidamente; pero esto no es sino una expresión totalmente simbólica, y la profundidad de la caída mide simplemente el grado de separación realizada. Con esta restricción el Demiurgo se opone al Adam Kadmon o a la Humanidad principial, -manifestación del Verbo-, pero solamente como un reflejo, ya que no es una emanación, y no existe por sí mismo; eso es lo que está representado por la figura de los dos ancianos del Zohar, y también por los dos triángulos opuestos del Sello de Salomón.
Esto nos lleva a considerar al Demiurgo como un reflejo tenebroso e invertido del Ser, ya que en realidad no puede ser otra cosa. Por tanto no es un ser; pero después de lo dicho, puede considerarse como la colectividad de los seres en la medida en que son distintos, o si se prefiere, en tanto tienen una existencia individual. Somos seres distintos en tanto que creamos nosotros mismos la distinción, que sólo existe en la medida en que la creamos; y en tanto que lo hacemos somos elementos del Demiurgo, y, como seres distintos, pertenecemos al dominio de este Demiurgo, que es lo que se conoce como la Creación.
Todos los elementos de la Creación, es decir las criaturas, están pues contenidas en el Demiurgo, y en efecto, sólo las puede extraer de sí mismo puesto que la creación ex nihilo es imposible. Considerado como Creador, el Demiurgo produce primero la división, y no es realmente distinto de ella, ya que sólo existe en tanto que la división misma existe; después, como la división es la fuente de la existencia individual y ésta viene definida por la forma, el Demiurgo debe ser considerado como formador y entonces es idéntico al Adam Protoplastas, tal como hemos visto. Podemos decir también que el Demiurgo crea la Materia, entendiendo por esta palabra el caos primordial que es la reserva común de todas las formas; después organiza esta Materia caótica y tenebrosa donde reina la confusión, haciendo surgir de ella las múltiples formas cuyo conjunto constituye la Creación.
¿Debemos decir entonces que esta Creación es imperfecta?, seguramente no se la puede considerar como perfecta; pero, desde el punto de vista Universal, no es más que uno de los elementos constitutivos de la Perfección total. Sólo es imperfecta cuando la consideramos analíticamente, como separada de su Principio, y lo es en la misma medida que constituye el dominio del Demiurgo. Pero, si lo imperfecto sólo es un elemento de lo Perfecto, no es verdaderamente imperfecto, y de ahí resulta que en realidad el Demiurgo y su dominio no existen desde el punto de vista universal, al igual que la distinción entre Bien y Mal. Igualmente resulta que, desde el mismo punto de vista, la Materia no existe: la apariencia material es una ilusión, de donde no hay que sacar la conclusión de que los seres que tienen esta apariencia no existan, pues sería caer en otra ilusión: la de un idealismo exagerado y mal entendido.
Si la Materia no existe, la distinción entre Espíritu y Materia desaparece; en realidad todo debe ser Espíritu, pero entendiendo esta palabra en un sentido bien diferente del que le han atribuido la mayor parte de los filósofos modernos. Estos, en efecto, oponiendo el Espíritu a la Materia, no lo consideran como independiente de toda forma, con lo que podríamos preguntarnos en qué se diferencia de la Materia. Si afirmamos que es inextenso, mientras que la Materia es extensa ¿cómo es que lo inextenso puede estar revestido de una forma?. Por otra parte, ¿por qué definir el Espíritu?, ya sea con el pensamiento o de otra manera, es siempre a través de una forma como se lo quiere definir, y entonces ya no es Espíritu. En realidad el Espíritu universal es el Ser, y no tal o cual ser particular; es el Principio de todos los seres, y así los contiene a todos. Por eso todo es Espíritu.
Cuando el hombre alcanza el conocimiento real de esta verdad, se identifica e identifica todas las cosas con el Espíritu universal. Entonces para él toda distinción desaparece, de tal forma que contempla todas las cosas como estando en él mismo y no como exteriores a él, pues la ilusión se desvanece ante la Verdad como la sombra ante el sol. Así, por ese mismo conocimiento, el hombre es liberado de las ataduras de la Materia y de la existencia individual, ya no está sometido al dominio del Príncipe de este Mundo, ya no pertenece al Imperio del Demiurgo.
III
De lo que precede resulta que el hombre puede, desde su existencia terrestre, liberarse del dominio del Demiurgo o del Mundo hylico, y que esta liberación se opera por la Gnosis, es decir por el Conocimiento integral. Señalemos que este Conocimiento nada tiene en común con la ciencia analítica y no la supone de ningún modo. Es una ilusión muy extendida en nuestros días creer que no se puede llegar a la síntesis total más que a través del análisis; al contrario, la ciencia ordinaria es totalmente relativa y, limitada al Mundo hylico, tiene la misma existencia que éste desde el punto de vista universal.
Por otra parte, debemos indicar también que los diferentes Mundos, o, según la expresión generalmente admitida, los diversos planos del Universo no son lugares o regiones, sino modalidades de la existencia o estados del ser. Esto permite comprender cómo un hombre viviendo en la tierra puede pertenecer en realidad, ya no al Mundo hylico, sino al Mundo psíquico o incluso al Mundo pneumático. Es lo que constituye el segundo nacimiento. Sin embargo, propiamente hablando, éste no es más que el nacimiento al Mundo psíquico, por el cual el hombre se hace consciente de los dos planos, pero sin alcanzar todavía el Mundo pneumático, es decir sin identificarse con el Espíritu universal. Esta identificación sólo es alcanzada por aquel que posee íntegramente el triple Conocimiento, por el cual es liberado para siempre de los nacimientos mortales; es lo que se expresa diciendo que solamente los Pneumáticos son salvados. El estado de los psíquicos no es más que un estado transitorio; es el del ser que ya está preparado para recibir la Luz, pero que todavía no la percibe, que no ha tomado consciencia de la Verdad una e inmutable.
Cuando hablamos de nacimientos mortales, entendemos las modificaciones del ser, su paso a través de las formas múltiples y cambiantes; no habiendo en ello nada que se parezca a la doctrina de la reencarnación tal como la admiten los espiritistas y los teosofistas, doctrina que algún día tendremos la ocasión de explicar. El Pneumático está liberado de los nacimientos mortales, es decir está liberado de la forma, por lo tanto del Mundo demiúrgico; ya no está sometido al cambio y, en consecuencia, carece de acción; siendo este un punto sobre el que hablaremos más adelante. El Psíquico, por el contrario, no sobrepasa el mundo de la Formación, que es designado simbólicamente como el primer Cielo o la esfera de la Luna; de allí regresa al Mundo terrestre, lo que no significa que tome un nuevo cuerpo en la Tierra, sino simplemente que debe revestirse de nuevas formas, sean cuales fueren, antes de obtener la liberación.
Lo que acabamos de exponer muestra el acuerdo -podríamos incluso decir la identidad real, a pesar de ciertas diferencias en la expresión- de la doctrina gnóstica con las doctrinas orientales y más particularmente con el Vedanta, el más ortodoxo de todos los sistemas metafísicos fundados en el Brahmanismo. Es por este motivo que podemos completar lo dicho anteriormente respecto a los diversos estados del ser, reproduciendo algunas citas del Tratado del Conocimiento del Espíritu de Sankarâchârya.
"No hay otro medio de obtener la liberación completa y final que el Conocimiento; es el único instrumento que desata los lazos de las pasiones; sin el Conocimiento no se puede obtener la Beatitud."
"La acción, no oponiéndose a la ignorancia, no la puede alejar; pero el Conocimiento disipa la ignorancia, como la Luz disipa las tinieblas."
La ignorancia es aquí el estado del ser envuelto en las tinieblas del Mundo hylico, atado a la apariencia ilusoria de la Materia y a las distinciones individuales; mediante el Conocimiento -que no pertenece al dominio de la acción, sino que le es superior- todas las ilusiones desaparecen, tal como hemos dicho anteriormente.
"Cuando la ignorancia que nace de los afectos terrestres es alejada, el Espíritu, por su propio esplendor, brilla a lo lejos en un estado indiviso, como el Sol difunde su claridad cuando las nubes se dispersan."
Pero, antes de llegar a este grado, el ser pasa por un estado intermedio, el que corresponde al Mundo psíquico; entonces cree ser, ya no el cuerpo material, sino el alma individual, puesto que para él no ha desaparecido toda distinción, porque todavía no ha salido del dominio del Demiurgo.
"Imaginándose que es el alma individual, el hombre se asusta, como alguien que toma por error un trozo de cuerda por una serpiente; pero su temor es alejado por la percepción de que él no es el alma, sino el Espíritu universal."
Quien ha tomado consciencia de los dos Mundos manifestados, es decir del Mundo hylico -conjunto de manifestaciones groseras o materiales-, y del Mundo psíquico, -conjunto de las manifestaciones sutiles-, es nacido dos veces, Dwidja; pero aquel que es consciente del Universo no manifestado o del Mundo sin forma, es decir del Mundo pneumático, y que ha llegado a la identificación de sí mismo con el Espíritu universal,Atmâ, éste y sólo éste puede ser llamado Yogui, que quiere decir unido al Espíritu universal.
"El Yogui, cuyo intelecto es perfecto, contempla todas las cosas como morando en él mismo, y así, por el ojo del Conocimiento, percibe que todo es Espíritu."
Notemos de paso que el Mundo hylico se compara al estado de vigilia, el Mundo psíquico al estado de sueño, y el Mundo pneumático al estado de sueño profundo. Debemos recordar a este propósito, que lo no-manifestado es superior a lo manifestado, por ser su principio. Por encima del Universo pneumático no hay más -según la doctrina gnóstica- que el Pleroma, que puede considerarse como constituido por el conjunto de los atributos de la Divinidad. No se trata de un cuarto mundo, sino del Espíritu universal mismo, Principio supremo de los Tres Mundos, ni manifestado ni no-manifestado, indefinible, inconcebible e incomprensible.
El Yogui o el Pneumático, ya que en el fondo es lo mismo, se percibe, no ya como una forma grosera ni como una forma sutil, sino como un ser sin forma; se identifica entonces con el Espíritu universal, y estos son los términos con que Sankarâchârya describe ese estado:
"Es Brahma, tras cuya posesión no hay nada que poseer; tras el gozo de su felicidad, ya no hay felicidad que pueda ser deseada; y tras la obtención de su conocimiento, ya no hay conocimiento que obtener."
"Es Brahma, el que una vez visto, no deja otro objeto que contemplar; habiéndose identificado con El, ya ningún nacimiento es experimentado; habiéndolo percibido, no hay nada más que percibir."
"Es Brahma, esparcido por todas partes, en todo: en el espacio medio, en lo que está por encima y lo que está por debajo; el verdadero, el viviente, el dichoso, sin dualidad, indivisible, eterno y uno."
"Es Brahma, sin tamaño, inextenso, increado, incorruptible, sin rostro, sin cualidades o características."
"Penetra él mismo su propia esencia eterna, y contempla el Mundo entero apareciendo como Brahma."
"Brahma no se parece en nada al Mundo, y fuera de Brahma no hay nada; todo lo que parece existir fuera de él es una ilusión."
"De todo lo que se ve, de todo lo que se oye, sólo existe Brahma, y por el conocimiento del principio, Brahma es contemplado como el Ser verdadero, viviente, feliz, sin dualidad."
"El ojo del Conocimiento contempla al Ser verdadero, viviente, feliz, que todo lo penetra; pero el ojo de la ignorancia no lo descubre, no lo percibe al igual que un hombre ciego no ve la luz."
"Cuando el Sol del Conocimiento espiritual se levanta en el cielo del corazón, expulsa las tinieblas, penetra todo, abarca todo e ilumina todo."
Observemos que el Brahma del que aquí se trata es el Brahma superior; hay que tener cuidado en distinguirlo del Brahma inferior, pues éste no es otra cosa que el Demiurgo, considerado como el reflejo del Ser. Para el Yogui, sólo hay el Brahma superior, que contiene todas las cosas, y fuera del cual no hay nada; el Demiurgo y su obra de división ya no existen.
"El que ha realizado el peregrinaje de su propio espíritu, un peregrinaje en el cual no hay nada que concierna a la situación, al lugar o al tiempo, que está en todo, en el que ni el calor ni el frío se experimentan, que constituye una felicidad perpetua y una liberación de toda penalidad; éste está por encima de la acción, conoce todas las cosas, y obtiene la eterna Beatitud."
IV
Después de haber caracterizado los tres Mundos y los estados del ser que les corresponden, y de haber indicado dentro de lo posible, en qué consiste la liberación de la dominación demiúrgica, debemos retomar todavía el tema de la distinción entre el Bien y el Mal, con el fin de sacar algunas consecuencias de lo expuesto anteriormente.
Para empezar, se podría estar tentado de decir lo siguiente: si la distinción entre el Bien y el Mal es ilusoria, si en realidad no existe, lo mismo debe suceder con la moral, pues es evidente que la moral está basada en esta distinción, a la que considera esencial. Esto sería ir demasiado lejos; la moral existe, pero en la misma medida que la distinción entre el Bien y el Mal, es decir para todo lo que pertenece al dominio del Demiurgo; desde el punto de vista universal, no tendría ninguna razón de ser. En efecto, la moral no puede aplicarse más que a la acción; la acción supone el cambio, y éste sólo es posible en lo formal o manifestado. El Mundo sin forma es inmutable, superior al cambio, por lo tanto a la acción, y es por lo que el Ser que ya no pertenece al Imperio del Demiurgo es no- actuante.
Esto indica que hay que tener mucho cuidado en no confundir los diversos planos del Universo, pues lo que se dice de uno podría no ser verdadero para el otro. Así, la moral existe necesariamente en el plano social, que es esencialmente el dominio de la acción; pero no cuando se considera el plano metafísico o universal, puesto que entonces ya no hay acción.
Establecido este punto, debemos señalar que el ser superior a la acción posee sin embargo la plenitud de la actividad; pero es una actividad potencial, una actividad no actuante. Este ser no es inmóvil - como se podría decir equivocadamente-, sino inmutable, es decir superior al cambio. En efecto, se identifica con el Ser que siempre es idéntico a sí mismo: según la fórmula bíblica "el Ser es el Ser." Esto está relacionado con la doctrina taoísta, según la cual la Actividad del Cielo es no actuante. El Sabio, en quien se refleja la Actividad del Cielo observa el no actuar. Sin embargo, este Sabio -que hemos designado como el Pneumático o el Yogui- puede actuar aparentemente, como la Luna parece que se mueve cuando las nubes pasan delante de ella; pero el viento que aparta las nubes no tiene influencia sobre la Luna. Igualmente la agitación del Mundo demiúrgico no tiene influencia sobre el Pneumático; y a este respecto podemos citar lo que dice Sankarâchârya.
"El Yogui, habiendo atravesado el mar de las pasiones, está unido a la Tranquilidad y se regocija en el Espíritu."
"Habiendo renunciado a los placeres que nacen de los objetos externos perecederos, y gozando de las delicias espirituales, está en calma y sereno como la llama bajo un apagavelas, y se alegra en su propia esencia."
"Durante su residencia en el cuerpo, no es afectado por sus propiedades, como el firmamento no es afectado por lo que flota en su seno; conociendo todas las cosas permanece no afectado por las contingencias."
A partir de ahí podemos comprender el verdadero sentido de la palabra Nirvana, de la cual se han dado tantas falsas interpretaciones; esta palabra significa literalmente "extinción del soplo o de la agitación", o sea el estado de un ser que ya no está sometido a ninguna agitación, que está definitivamente liberado de la forma. Es un error muy extendido, al menos en Occidente, creer que no hay nada cuando no hay forma, cuando en realidad es la forma lo que no es nada y lo informal lo es todo. Así, el Nirvana, muy lejos de ser el aniquilamiento como han pretendido algunos filósofos, es por el contrario la plenitud del Ser.
De todo lo que precede, podríamos sacar la conclusión que no hay que actuar; pero sería inexacto, sino en principio, al menos en la aplicación que quisiéramos hacer. En efecto, la acción es la condición de los seres individuales, pertenecientes al Imperio del Demiurgo; en el Pneumático o el Sabio en realidad no hay acción, pero en tanto que reside en un cuerpo, tiene las apariencias de la acción; exteriormente, es en todo parecido a los demás hombres, pero sabe que no es más que una apariencia ilusoria, y esto es suficiente para que esté liberado de la acción, puesto que es a través del Conocimiento como se obtiene la liberación. Por eso mismo, el que está liberado de la acción ya no está sujeto al sufrimiento, ya que el sufrimiento es un resultado del esfuerzo, por tanto de la acción, y esto es en lo que consiste lo que llamamos la imperfección, aunque en realidad no haya nada imperfecto.
Es evidente que la acción no puede existir para aquel que contempla todas las cosas en sí mismo como existiendo en el Espíritu universal, sin ninguna distinción de objetos individuales, tal como expresan estas palabras de los Vedas: "Los objetos difieren simplemente en designación, accidente y nombre, como los utensilios terrestres reciben diferentes nombres, aunque solamente sean diferentes formas de tierra." La tierra, principio de todas esas formas, es en sí misma sin forma, pero las contiene a todas en potencia; tal es también el Espíritu universal.
La acción implica cambio, es decir la destrucción incesante de formas que desaparecen para ser reemplazadas por otras; son las modificaciones que llamamos nacimiento y muerte, los múltiples cambios de estado que debe atravesar el ser que todavía no ha alcanzado la liberación o la transformación final, empleando esta palabra transformación en su sentido etimológico, que es el de pasaje fuera de la forma. El apego a las cosas individuales, o a las formas esencialmente transitorias y perecederas, es propio de la ignorancia; las formas no son nada para el ser que se ha liberado de ellas, y por eso, incluso durante su residencia en el cuerpo, no le afectan en nada sus propiedades.
"Así se mueve libre como el viento, pues sus movimientos no están afectados por las pasiones."
"Cuando las formas son destruidas, el Yogui y todos los seres entran en la esencia que todo lo penetra."
"Es sin cualidades y sin acción, imperecedero, sin volición; feliz, inmutable, sin rostro; eternamente libre y puro."
"Es como el éter, expandido por todas partes, y que penetra al mismo tiempo el exterior y el interior de las cosas; es incorruptible, imperecedero; es el mismo en todas las cosas, puro, impasible, sin forma, inmutable."
"Es el gran Brahma, que es eterno, puro, libre, uno, incesantemente feliz, no dual, existente, perceptivo y sin fin."
Tal es el estado al que llega el ser por el Conocimiento espiritual; así es liberado para siempre jamás de las condiciones de la existencia individual, liberado del Imperio del Demiurgo. Traducción: Antonio Guri y P. Vela 
 
NOTAS
*      Reproducimos aquí el texto que, creemos, ha sido el primero, si no en ser redactado, sí al menos publicado por René Guénon. Apareció en el primer número de la revista La Gnose, que data de Noviembre de 1909. (Nota de Roger Maridort, que preparó la edición de Mélanges.) (R)
1      ¿Si Dios es, entonces de dónde el Mal, si no es, entonces de dónde el Bien?". (N. de T.) (R)
2      "De la nada, nada surge; y a la nada, nada puede retornar". (N. de T.) (R)

ESOTERISMO Y EXOTERISMO

ESOTERISMO Y EXOTERISMO

 Señalamos ocasionalmente, en el curso de nuestras consideraciones preliminares, la distinción muy generalmente conocida que existe, en ciertas escuelas filosóficas de la Grecia antigua, si no en todas, entre lo que se llama el esoterismo y el exoterismo, es decir entre dos aspectos de una misma doctrina, uno más interior y el otro más exterior: éste es todo el significado literal de estos dos términos.
El exoterismo, que comprende lo que, era más elemental, más fácilmente comprensible, y por consiguiente susceptible de estar al alcance de todos de una manera más amplia, se expresa sólo en la enseñanza escrita, tal como nos ha llegado más o menos completamente; el esoterismo, más profundo y de orden más elevado, y que por lo mismo se dirige como tal a los solos discípulos regulares de la escuela, preparados especialmente para comprenderlo, era objeto de una enseñanza puramente oral, sobre la naturaleza de la cual no se han podido conservar evidentemente datos muy precisos.
Por otra parte, debe entenderse bien que, puesto que se trataba de la misma doctrina bajo dos aspectos diferentes, y como en dos grados de enseñanza, estos dos aspectos de ningún modo podían ser opuestos o contradictorios, sino que más bien debían ser complementarios: el esoterismo desarrollaba y completaba, dándole un sentido más profundo que no estaba contenido allí sino como virtualmente, lo que el exoterismo exponía bajo una forma demasiado vaga, demasiado simplificada, y a veces más o menos simbólica, por más que el símbolo tuviese muy a menudo, en los griegos, ese aire del todo literario y poético que lo hace degenerar en simple alegoría. Ni hay que decir, por otra parte; que el esoterismo podía, en la misma escuela, subdividirse a su vez en varios grados de enseñanza más o menos profundos, pasando los discípulos sucesivamente de uno a otro según su estado de preparación, y pudiendo ir más o menos lejos según la extensión de sus aptitudes intelectuales; pero esto es casi todo lo que se puede decir seguramente sobre el particular.
Esta distinción del esoterismo y el exoterismo no se ha mantenido en absoluto en la filosofía moderna, que en realidad no es en el fondo más de lo que es exteriormente, y que, para lo que enseña, no tiene necesidad de un esoterismo cualquiera, puesto que todo lo que es verdaderamente profundo se escapa del todo a su punto de vista limitado. Ahora se plantea la cuestión de saber si esta concepción de los dos aspectos complementarios de una doctrina fue particular de Grecia; a decir verdad, habría algo de extraño en que una división que parece tan natural en su principio hubiese permanecido tan excepcional, y, de hecho, no es así.
Muy al principio, se podrían encontrar en Occidente, desde la Antigüedad, ciertas escuelas generalmente muy cerradas, más o menos mal conocidas por este motivo, y que por lo demás no eran escuelas filosóficas, cuyas doctrinas no se expresaban fuera sino bajo el velo de ciertos símbolos que debían parecer muy oscuros a los que no tenían la llave de ellos; y estas llaves sólo se les daba a los adherentes que habían adquirido ciertos compromisos, y cuya discreción había sido probada suficientemente, al mismo tiempo que se habían asegurado de su capacidad intelectual.
Este caso, que implica manifiestamente que debe tratarse de doctrinas bastante profundas para ser del todo extrañas a la mentalidad común, parece haber sido frecuente sobre todo en la Edad Media y es una de las razones por las cuales, cuando se habla de la intelectualidad de esta época, hay que hacer siempre reservas sobre lo que pudo existir fuera de lo que nos es conocido de manera cierta; es evidente en efecto que, en esto como en el esoterismo griego, han debido perderse muchas cosas porque sólo se enseñaron oralmente, lo que es también, como lo hemos indicado, la explicación de la pérdida casi total de la doctrina druídica.
Entre estas escuelas, a las que acabamos de hacer alusión, podemos mencionar como ejemplo a los alquimistas, cuya doctrina era sobre todo de orden cosmológico; pero la cosmología debe tener siempre por fundamento cierto conjunto más o menos extenso de concepciones metafísicas. Podría decirse que los símbolos contenidos en los escritos alquimistas constituyen aquí el exoterismo, en tanto que su interpretación reservada constituye el esoterismo; pero la parte del exoterismo es entonces muy reducida, y como en suma no tiene razón de ser verdadera sino con relación al esoterismo y con vistas a éste, se puede uno preguntar si conviene también aplicar estos dos términos. En efecto, esoterismo y exoterismo son esencialmente correlativos, puesto que estas palabras son de forma comparativa, de manera que, allí donde no hay exoterismo, no hay motivo del todo para hablar tampoco de esoterismo; esta última denominación no puede pues, si se pretende guardar su sentido propio, servir para designar indistintamente toda doctrina cerrada, para uso exclusivo de una élite intelectual.
Se podría, sin duda, pero en una acepción mucho más amplia, considerar un esoterismo y un exoterismo en una doctrina cualquiera, si se distingue en ella la concepción y la expresión, siendo la primera por completo interior, mientras que la segunda no es más que su exteriorización; se puede también, en rigor, pero apartándose del sentido habitual, decir que la concepción representa el esoterismo, y la expresión el exoterismo, y esto de manera necesaria, que resulta de la naturaleza misma de las cosas. Si se entiende de este modo, hay particularmente en toda doctrina metafísica algo que será siempre esotérico, y es la parte de inexpresable que contiene esencialmente, como lo hemos explicado, toda concepción verdaderamente metafísica; es algo que cada uno puede concebir por sí mismo, con ayuda de las, palabras y los símbolos que sirven simplemente de punto de apoyo a su concepción, y su comprensión de la doctrina será mas o menos completa y profunda según la medida en que la concebirá efectivamente.
También en las doctrinas de otro orden, cuyo alcance no se extiende hasta lo que es verdadera y absolutamente inexpresable, y que es el “misterio” en el sentido etimológico de la palabra, no es menos cierto que la expresión nunca está por completo adecuada a la concepción, de manera que, en una proporción bastante menor, se produce aquí algo análogo: el que comprende realmente es siempre el que sabe ver más lejos que las palabras y se podría decir que el “espíritu” de una doctrina cualquiera es de naturaleza esotérica, mientras que su “letra” es de naturaleza exotérica. Esto sería principalmente aplicable a todos los textos tradicionales, que ofrecen lo más a menudo una pluralidad de sentidos más o menos profundos; correspondiendo a otros tantos puntos de vista diferentes; pero en lugar de tratar de penetrar estos sentidos, se prefiere por lo común entregarse a fútiles investigaciones de exégesis y de “crítica de los textos”, según los métodos laboriosamente establecidos por la erudición alemana; y este trabajo, por fastidioso que sea y por más paciencia que exija, es mucho más fácil que el otro, ya que por lo menos está al alcance de todas las inteligencias.
Un ejemplo notable de la pluralidad de sentidos nos la suministra la interpretación de los caracteres ideográficos que constituyen la escritura china; todos los significados de que son susceptibles estos caracteres se pueden agrupar en torno de tres principales, que corresponden a los tres grados fundamentales del conocimiento, y de los cuales el primero es de orden sensible; el segundo de orden racional y el tercero de orden intelectual puro o metafísico; de modo que, para limitarnos a un caso muy simple, un mismo signo podrá emplearse analógicamente para designar a la vez el sol, la luz y la verdad, y sólo la naturaleza del texto permite reconocer, para cada aplicación, cuál de estas acepciones es la que conviene adoptar, de donde los múltiples errores de los traductores occidentales. Esto hará comprender cómo el estudio de los ideogramas, cuyo alcance escapa por completo a los europeos, puede servir de base para una verdadera enseñanza integral, permitiendo desarrollar y coordinar todas las concepciones posibles en todos los órdenes; este estudio podrá, pues, desde puntos de vista diferentes, proseguirse en todos los grados de enseñanza, del más elemental al más elevado, dando lugar cada vez a nuevas posibilidades de concepción, y es un instrumento maravillosamente apropiado para la exposición de una doctrina tradicional.
Volvamos ahora a la cuestión de saber si la distinción del esoterismo y el exoterismo, entendida esta vez en su sentido preciso, puede aplicarse a las doctrinas orientales. Desde luego, en el Islamismo la tradición es de esencia doble, religiosa y metafísica, como va lo hemos dicho; se puede aquí calificar muy exactamente de exotérico el lado religioso de la doctrina, que es en efecto el más exterior y el que está al alcance de todos, y de esotérico su lado metafísico, que constituye su sentido profundo y que es considerado como la doctrina de la “élite”; y esta distinción conserva bien su sentido propio, puesto que son dos aspectos de una sola y misma doctrina. Hay que notar, con este motivo, que existe algo análogo en el Judaísmo, en el cual el esoterismo está representado por lo que se llama “Qabbalah”, palabra cuyo sentido primitivo no es otro que el de “tradición”, y que se aplica al estudio de los significados más profundos de los textos sagrados, mientras que la doctrina exotérica o vulgar se atiene a su significado más exterior y más literal; sólo que esta “Qabbalah” es, de manera general, menos puramente metafísica que el esoterismo musulmán, y sufre también, en cierta medida, la influencia del punto de vista propiamente religioso, en lo cual es comparable a la parte metafísica de la doctrina escolástica, insuficientemente liberada de consideraciones teológicas.
En el Islamismo, por el contrario. la distinción de los dos puntos de vista es casi siempre muy neta, fuera del caso de algunas escuelas que están más o menos teñidas de misticismo y cuya ortodoxia es por lo demás menos rigurosa que la de las otras escuelas esotéricas; esta distinción permite ver mejor que en cualquiera otra parte, por las relaciones del exoterismo y del esoterismo, cómo reciben un sentido profundo las concepciones teológicas por la transposición metafísica.
Si pasamos a las doctrinas más orientales, la distinción del esoterismo y del exoterismo no se puede ya aplicar de la misma manera, y aun hay algunas a las que no es de ningún modo aplicable. Sin duda, en lo que se refiere a China, se podría decir que la tradición social, que es común a todos, aparece como exotérica, mientras que la tradición metafísica, doctrina de la “élite”, es esotérica por lo mismo. Sin embargo, esto no sería rigurosamente exacto sino a condición de considerar estas dos doctrinas con relación a la tradición primordial de la cual se derivan una y otra; pero, a decir verdad, están separadas con demasiada precisión; a pesar de esta fuente común, para que se las pueda considerar como las dos faces de una misma doctrina, lo que es necesario para poder hablar propiamente de esoterismo y exoterismo.
Una de las razones de esta separación está en la ausencia de esa especie de dominio mixto al cual da lugar el punto de vista religioso, donde se unen, en la medida en que son susceptibles, el punto de vista intelectual y el punto de vista social, por otra parte, en detrimento del primero; pero esta ausencia no siempre tiene consecuencias tan marcadas al respecto, como lo demuestra el ejemplo de la India, donde tampoco hay nada de propiamente religioso, y donde todas las ramas de la tradición forman sin embargo un conjunto único e indivisible.
Precisamente nos queda por hablar aquí de la India, y en ella es menos posible considerar una distinción como la del esoterismo y el exoterismo, porque la tradición tiene en efecto demasiada unidad para presentarse, no sólo en dos cuerpos de doctrina separados, sino también bajo dos aspectos complementarios de este género. Todo lo que se puede distinguir realmente es la doctrina esencial, que es toda metafísica, y sus aplicaciones de diversos órdenes, que constituyen como otras tantas ramas secundarias con relación a ella; pero es evidente que esto no equivale de ningún modo a la distinción de que se trata.
La misma doctrina metafísica no ofrece otro esoterismo que el que se puede encontrar en ella en el sentido muy amplio que hemos mencionado, y que es natural e inevitable en toda doctrina de este orden: todos pueden ser admitidos para recibir la enseñanza en todos sus grados, con la única reserva de estar intelectualmente calificados para obtener un beneficio efectivo; hablamos solamente aquí, como es natural, de la admisión en todos los grados de la enseñanza, pero no en todas las funciones, para las cuales se pueden necesitar otras condiciones; pero, necesariamente, entre los que reciben esta misma enseñanza doctrinal, como acontece con los que leen un mismo texto, cada uno lo comprende y se lo asimila más o menos completamente, más o menos profundamente, según la extensión de su propias posibilidades intelectuales, Por ello es del todo impropio hablar de “Brahmanismo esotérico”, como han querido hacerlo algunos, que han aplicado sobre todo esta denominación a la enseñanza contenida. en los Upanishads; es verdad también que otros, hablando por su parte de ‘”budismo esotérico”, han obrado peor aún, pues no han presentado bajo esta etiqueta más que concepciones eminentemente fantásticas que no dependen ni del Budismo auténtico ni de ningún esoterismo verdadero.
En un manual de historia de las religiones al cual hicimos ya alusión, y en el que por lo demás se encuentran, aunque se distingue por el espíritu con el que fue redactado, muchas confusiones comunes en esta clase de obras, sobre todo la que consiste en tratar como religiosas cosas que en realidad no lo son de ningún modo; hemos señalado, a este propósito, la siguiente observación: “un pensamiento indio encuentra rara vez su equivalente exacto fuera de la India; o, para hablar menos ambiciosamente, ciertas maneras de considerar las cosas, que en otras doctrinas son esotéricas, individuales, extraordinarias, en el Brahmanismo y en la India son vulgares, generales, normales.” (Christus, cap. VII, pág. 359, nota).
Esto es justo en el fondo, pero exige sin embargo algunas reservas, porque no se podría calificar de individuales, lo mismo en la India que en otra parte, concepciones que, siendo de orden metafísico, son por el contrario esencialmente supra-individuales; por otra parte, estas concepciones encuentran su equivalente, aunque bajo formas distintas, dondequiera que existe una doctrina verdaderamente metafísica, es decir, en todo el Oriente, y sólo en Occidente no hay nada en efecto que les sea equivalente, ni siquiera de muy lejos.
Lo que es verdad, es que las concepciones de este orden en ninguna parte están difundidas tan generalmente como en la India, porque no se encuentra en otra parte un pueblo que tenga tan generalmente en el mismo grado las aptitudes requeridas, aunque éstas sean frecuentes sin embargo en todos los orientales, y principalmente en los chinos, entre los cuales la tradición metafísica ha guardado a pesar de esto un carácter mucho más cerrado. Lo que debió contribuir sobre todo en la India para el desarrollo de semejante mentalidad, es el carácter puramente tradicional de la unidad hindú: no se puede participar realmente en esta unidad sino en la medida en que se asimila uno la tradición, y, como esta tradición es de esencia metafísica, se podría decir que, si todo hindú es naturalmente metafísico, es que debe serlo en cierto modo por definición.

domingo, 24 de julio de 2016

La Sabíduria del Silencio Interno

La Sabíduria del Silencio Interno

Habla simplemente cuando sea necesario. Piensa lo que vas a decir antes de abrir la boca. Sé breve y preciso ya que cada vez que dejas salir una palabra , dejas salir al mismo tiempo una parte de tu chi.

De esta manera aprenderás a desarrollar el arte de hablar sin perder energía. Nunca hagas promesas que no puedas cumplir. No te quejes y no utilices en tu vocabulario palabras que proyecten imágenes negativas porque se producirá alrededor de ti todo lo que has fabricado con tus palabras cargadas de chi.
Si no tienes nada bueno, verdadero y útil, es mejor quedarse callado y no decir nada. Aprende a ser como un espejo, escucha y refleja la energía. El universo mismo es el mejor ejemplo de un espejo que la naturaleza nos ha dado porque el universo acepta sin condiciones nuestros pensamientos, nuestras emociones, nuestras palabras, nuestras acciones y nos envía el reflejo de nuestra propia energía bajo la forma de las diferentes circunstancias que se presentan en nuestra vida.
Si te identificas con el éxito, tendrás éxito. Si te identificas con el fracaso, tendrás fracasos. Así podemos observar que las circunstancias que vivimos son simplemente manifestaciones externas del contenido de nuestra habladuría interna. Aprende a ser como el universo, escuchando y reflejando la energía sin emociones densas y sin prejuicios, siendo como un espejo sin emociones aprendemos a hablar de otra manera.
Con el poder mental tranquilo y en silencio, sin darle oportunidad de imponerse con sus opiniones personales y evitando que tenga reacciones emocionales excesivas, simplemente permite que una comunicación sincera y fluida exista. No te dés mucha importancia, sé humilde pues cuanto más te muestras superior, inteligente y prepotente, más te vuelves prisionero de tu propia imagen y vives en un mundo de tensión e ilusiones.
Sé discreto, preserva tu vida íntima, de esta manera te liberas de la opinión de los otros y llevarás una vida tranquila volviéndote invisible, misterioso, indefinible e insondable como el Tao. No compitas con los demás, vuélvete como la tierra que nos nutre que nos da lo que necesitamos. Ayuda a los otros a percibir sus cualidades, sus virtudes y a brillar. El espíritu competitivo hace que crezca el ego y crea conflictos inevitablemente. Ten confianza en ti mismo, preserva tu paz interna evitando entrar en la provocación y en las trampas de los otros.
No te comprometas fácilmente. Si actúas de manera precipitada sin tomar conciencia profunda de la situación te vas a crear complicaciones. La gente no tiene confianza en aquellos que dicen sí muy fácilmente porque saben que ese famoso sí no es sólido y le falta valor. Toma un momento de silencio interno para considerar todo lo que se presenta y toma tu decisión después. Así desarrollarás la confianza en ti mismo y la sabiduría.
Si realmente hay algo que no sabes o que no tienes la respuesta a la pregunta que te han hecho, acéptalo. El hecho de no saber es muy incómodo para el ego porque le gusta saber todo, siempre tener razón y siempre dar su opinión muy personal. En realidad el ego no sabe nada, simplemente hace ver que sabe.
Evita el hecho de juzgar y de criticar, el Tao es imparcial y sin juicios, no critica a la gente, tiene una compasión infinita y no conoce la dualidad. Cada vez que juzgas a alguien lo único que haces es expresar tu opinión muy personal, y es una pérdida de energía, es puro ruido. Juzgar es una manera de esconder sus propias debilidades. El sabio tolera todo y no dirá ni una palabra.
Recuerda que todo lo que te molesta de los otros es una proyección de todo lo que todavía no has resulto de ti mismo. Deja que cada quien resuelva sus propios problemas y concentra tu energía en tu propia vida. Ocúpate de ti mismo, no te defiendas.
Cuando tratas de defenderte en realidad estás dándole demasiada importancia a las palabras de los otros y le das más fuerza a su agresión. Si aceptas el no defenderte estás mostrando que las opiniones de los demás no te afectan, que son simplemente opiniones y que no necesitas convencer a los otros para ser feliz. Tu silencio interno te vuelve impasible. Haz regularmente un ayuno de la palabra para volver a educar al ego que tiene la mala costumbre de hablar todo el tiempo. Practica el arte de no hablar. Toma un día a la semana para abstenerte de hablar.
O por lo menos algunas horas en el día según lo permita tu organización personal. Este es un ejercicio excelente para conocer y aprender el universo del Tao ilimitado en lugar de tratar de explicar con las palabras qué es el Tao.
Progresivamente desarrollarás el arte de hablar sin hablar y tu verdadera naturaleza interna reemplazará tu personalidad artificial, dejando aparecer la luz de tu corazón y el poder de la sabiduría del silencio. Gracias a esta fuerza atraerás hacia ti todo lo que necesitas para realizarte y liberarte completamente. Pero hay que tener cuidado de que el ego no se inmiscuya. El poder permanece cuando el ego se queda tranquilo y en silencio. Si tu ego se impone y abusa de este poder, el mismo poder se convertirá en un veneno, y todo tu ser se envenenará rápidamente.
Quédate en silencio, cultiva tu propio poder interno. Respeta la vida de los demás y de todo lo que existe en el mundo. No trates de forzar, manipular y controlar a los otros. Conviértete en tu propio maestro y deja a los demás ser lo que son, o lo que tienen la capacidad de ser. Dicho en otras palabras, vive siguiendo la vida sagrada del Tao.

sábado, 23 de julio de 2016

La trascendencia del Humanismo en la Formación Masónica del Aprendiz

La trascendencia del Humanismo en la Formación Masónica del Aprendiz




Al leer por primera vez el título de la Plancha que me ha tocado desarrollar “La Trascendencia del Humanismo en la Formación Masónica del Aprendiz”, y al ser éste mi primer trabajo, pude percibir lo largo del camino y lo corto de mis luces.
Sería pretencioso tratar de dar una opinión propia sobre este tema ya que recién me encuentro en el proceso de hacer conocido lo desconocido. En este proceso las preguntas son muchas y tal vez obvias:
¿Qué es trascendencia?,
¿Qué es Humanismo?,
¿Qué es lo que se pretende obtener como resultado de la Formación Masónica del Aprendiz?
Durante el desarrollo de esta Plancha trataré de compartir con ustedes los resultados de la búsqueda de respuestas a las inquietudes y dudas antes planteadas, conceptos vertidos por otros que han andado el camino antes que yo, y cuyo sendero trazado me pareció razonable de seguir y cuyos pensamientos y análisis comenzaban poco a poco a apagar mi sed y saciar mi hambre, pero cosa extraña, mientras mas bebo mas sed siento, mientras mas como, tengo mas hambre. Me imagino que el proceso ha comenzado.
La primera pregunta que instintivamente vino a mi mente fue ¿Qué es humanismo?
La primera definición que encontramos es el diccionario de la real lengua española es que Humanismo es un movimiento intelectual desarrollado en Europa durante los siglos XIV y XV que, rompiendo las tradiciones escolásticas medievales y exaltando en su totalidad las cualidades propias de la naturaleza humana, pretendía descubrir al hombre y dar un sentido racional a la vida tomando como maestros a los clásicos griegos y latinos, cuyas obras exhumó y estudió con entusiasmo.
Pero no es la única acepción que encontramos en la literatura, la clase de respuesta que se consigue a esa pregunta depende de a qué clase de humanismo a la que nos estamos refiriendo. La palabra Humanismo tiene un gran número de significados, y cuando los autores no clarifican cual es el tipo de Humanismo que intentan explicar fácilmente estas explicaciones suelen ser fuente de confusión.
Cada significado de la palabra constituye un diverso tipo de humanismo.
Los diversos tipos son separados y definidos fácilmente por el uso de adjetivos apropiados. Así pues, podemos resumir las diversas variedades de humanismo en esta manera:
Humanismo literario es una dedicación a la humanidad y a la cultura literaria, como proceso cultural puro, vinculado a la formación literaria, al lenguaje, a la educación en general y al desarrollo de la inteligencia por lo bello y agradable.
El Humanismo Renacentista es el espíritu de aprender desarrollado en el final de la edad media con el renacimiento de letras clásicas y una confianza renovada en la capacidad de seres humanos de determinar para sí mismos verdad y falsedad.
Humanismo cultural es la tradición racional y empírica que se originó en gran parte de la Grecia antigua y Roma, desarrolladas a través de historia europea, constituye parte básica del acercamiento occidental a la ciencia, a la teoría política, a la ética, y a la ley.
Humanismo Filosófico es cualquier perspectiva o manera de la vida centrada en necesidad e interés humanos. Las sub-categorías de este tipo incluyen Humanismo Cristiano y Humanismo Moderno.
Humanismo cristiano es definido por el diccionario internacional nuevo de Webster Third como “filosofía que describe el comportamiento del hombre en el marco de los principios cristianos. Esta fe “humano – orientada” es en gran parte un producto del renacimiento y es un componente importante del humanismo renacentista.
Humanismo Moderno, también llamado Humanismo de la Naturaleza, Científico, Etico y Democrático es definido por uno de sus autores principales, Corliss Lamont, como ” filosofía naturalista que rechaza todo lo sobrenatural y confía sobre todo en la razón, la ciencia, la democracia y la compasión humana. ” El Humanismo Moderno tiene un origen dual, secular y religioso, y éstos constituyen sus sub – categorías.
Los humanistas seculares y religiosos comparten la mismo visión del mundo y los mismos principios de base. Esto es evidente por el hecho de que los humanistas seculares y religiosos estaban entre los firmantes del manifiesto I del humanismo de 1933 y del manifiesto II del humanismo de 1973. Del punto de vista de la filosofía solamente, no hay diferencia entre los dos.
La diferencia está solamente en la definición de la religión y en la práctica de la filosofía en que discrepan los humanistas religiosos y seculares.
Humanismo Universalista también llamado Nuevo Humanismo. Se caracteriza por destacar la actitud humanista. Dicha actitud no es una filosofía sino una perspectiva, una sensibilidad y un modo de vivir la relación con los otros seres humanos.
La actitud humanista ya estaba presente antes del acuñamiento de palabras como “Humanismo”, “Humanista” y otras cuantas del género. En lo referente a la actitud mencionada, es posición común de los humanistas de las distintas culturas los siguientes pensamientos y/o principios:
La ubicación del ser humano como valor y preocupación central
La afirmación de la igualdad de todos los seres humanos en donde igualdad es el principio que reconoce a todos los ciudadanos la capacidad para ejercer los mismos derechos. Los seres humanos no pueden ser iguales porque cada uno es una personalidad única en su género y no puede repetirse en la historia, es insustituible.
La tendencia al desarrollo del conocimiento por encima de lo aceptado o impuesto como verdad absoluta.
La afirmación de la libertad de ideas y creencias y
El repudio a la violencia.
La actitud humanista, fuera de todo planteamiento teórico, puede ser comprendida como una “sensibilidad”, como un emplazamiento frente al mundo humano en el que se reconoce la intención y la libertad en otros, y en el que se asumen compromisos de lucha no violenta contra la discriminación y la violencia.
El humanismo universalista sostiene que en todas las culturas, en su mejor momento de creatividad, la actitud humanista impregna el ambiente social. Así, se repudia la discriminación, las guerras y, en general, la violencia. La libertad de ideas y creencias toma fuerte impulso, lo que incentiva, a su vez, la investigación y la creatividad en ciencia, arte y otras expresiones sociales.
¿Pero que dicen los HUMANISTAS de HOY?
Ellos dicen a través del documento Nuevo Humanismo presentado en la Segunda Internacional Humanista y primer Foro Humanista en Octubre de 1993 lo siguiente:
“Los humanistas son mujeres y hombres de este siglo, de esta época. Reconocen los antecedentes del humanismo histórico y se inspiran en los aportes de las distintas culturas, no solamente de aquellas que en este momento ocupan un lugar central. Son, además, hombres y mujeres que dejan atrás este siglo y este milenio, y se proyectan a un nuevo mundo.
Los humanistas sienten que su historia es muy larga y que su futuro es aún más extendido. Piensan en el porvenir, luchando por superar la crisis general del presente. Son optimistas, creen en la libertad y en el progreso social.
Los humanistas son internacionalistas, aspiran a una nación humana universal. Comprenden globalmente al mundo en que viven y actúan en su medio inmediato. No desean un mundo uniforme sino múltiple: Múltiple en las etnias, lenguas y costumbres, múltiple en las localidades, las regiones y las autonomías, múltiple en las ideas y las aspiraciones, múltiple en las creencias, múltiple en el trabajo; múltiple en la creatividad.
El humanismo parte de un valor central que el del ser humano, pleno en sus realizaciones y en su libertad.
Independiente de la visión de DIOS que tengan, los humanistas parten del ser humano y de sus necesidades inmediatas para fundamentar su visión del mundo y su acción. Y, si en su lucha por un mundo mejor creen descubrir una intención que mueve a la Historia en dirección progresiva, ponen ese descubrimiento al servicio del ser humano.
Los humanistas plantean el problema de fondo: Saber si se quiere vivir y decidir en qué condiciones hacerlo.
Todas las formas de violencia física, económica, racial, religiosa, sexual e ideológica, merced a las cuales se ha trabado el progreso humano, repugnan a los humanistas. Toda forma de discriminación manifiesta o larvada, es un motivo de denuncia para los humanistas.
Los humanistas no son violentos, pero por sobre todo no son cobardes ni temen enfrentar a la violencia porque su acción tiene sentido. Los humanistas conectan su vida personal con la vida social.
Con todas estas definiciones y conceptos podemos obtener una idea de que lo que es HUMANISMO, y como se relaciona con los seres humanos o sea con nosotros.
Sobre Humanismo se pueden decir muchas otras cosas que hombres sabios e iluminados han escrito, aprendido y enseñado a través de los años. Yo solo quiero decir que el humanismo solo tiene sentido a partir de la existencia del HOMBRE, del estudio y/o descripción de sus acciones y pensamientos, de sus modos de organizarse, de crear cosas nuevas, de la forma en que se relaciona con sus pares, individual o colectivamente, con el medio que lo rodea, con la tecnología, con lo conocido y con lo que no conoce ni comprende.
Para tratar de contestar la siguiente pregunta ¿Qué es lo que se pretende obtener como resultado de la Formación Masónica del Aprendiz?
Me referiré a los principios que sustentan nuestra Orden los que citaré en forma muy resumida, ya que ellos (los principios) nos indican a nosotros los aprendices cuales son las materias de las que nos debemos ocupar, y constituyen una guía para nuestra formación masónica.
La francmasonería es una institución universal, esencialmente ética, filosófica e iniciática, cuya estructura fundamental la constituye un sistema educativo tradicional y simbólico. Se ingresa a ella por medio de la iniciación. Fundada en el sentimiento de la fraternidad, constituye el centro de unión para los hombres de espíritu libre de todas las razas nacionalidades y credos.
Como institución docente tiene por objeto el perfeccionamiento del hombre y de la humanidad. Promueve entre sus adeptos la búsqueda incesante de la verdad, el conocimiento de sí mismo y del hombre en el medio que vive y convive para alcanzar la fraternidad universal del género humano. A través de sus miembros proyecta sobre la sociedad humana la acción bienhechora de los valores e ideales que sustenta.
Sustenta postulados de Libertad, Igualdad y fraternidad y en consecuencia propugna la justicia social y combate los privilegios y la intolerancia.
Proclama al gran arquitecto del Universo como principio generador y como símbolo superior de su aspiración y construcción ética. No prohibe ni impone a sus miembros ninguna convicción religiosa.
Francmasones, Logias y Grandes Logias se empeñan constantemente en el perfeccionamiento del hombre y de la sociedad, a través del Amor, la Solidaridad, la Justicia y la Paz, para la gloria del GRAN ARQUITECTO DEL UNIVERSO.
De la reflexión acerca de nuestros principios podemos decir que nuestra formación la llevaremos a cabo a través del estudio y el trabajo, que es nuestro estudio y nuestro trabajo, la verdad y perfección solo tendrán sentido cuando escudriñemos dentro de nosotros mismos, dentro del hombre, se espera de nuestra formación que seamos mejores como hombres para poder hacer una sociedad mejor, es decir conjuntos de hombres (humanos) mejores.
CONCLUSIÓN
Hay palabras y vocablos que se comienzan a repetir y a quedar en nuestras mentes, humanismo, estudio del hombre, de lo humano, ser mejores, cambiar, ser agentes de cambio, queremos que la sociedad profana sea mejor, que cambie para mejor, y para que ello ocurra debemos cambiar nosotros primero.
La siguiente pregunta surge entonces de inmediato. ¿De que manera podemos ser mejores?
El mejorar lleva involucrado un cambio, es pasar desde un estado “A” a un estado “B”, en donde el estado “B” es mejor que el estado “A”,
Para efectuar este simple movimiento necesitamos de algunas cosas, por ejemplo necesitamos saber donde está “A”, y que significa estar en “A”, y luego necesitamos saber donde esta “B”, y que significa estar en “B”, de esta manera podremos valorar la DIFERENCIA DE AMBOS y que necesitamos hacer para recorrer el camino desde “A” hasta “B”, es decir en otras palabras ¿Qué somos?, ¿De donde venimos?, ¿Hacia donde vamos?.
Pero ¿Cuando se puede mejorar algo?, ¿Quién puede cambiar y/o mejorar? Como ya vimos el cambio involucra movimiento, y este movimiento se produce en nosotros gracias a un IMPULSO INTERNO o FUERZA INTERIOR, nadie nos puede empujar al cambio, SÓLO esta FUERZA INTERIOR es la que nos puede mover. Esa fuerza interior se genera en nosotros cuando tenemos la absoluta conciencia del estado en que nos encontramos, el convencimiento más profundo de la necesidad de cambiar en una cierta dirección y la percepción de los resultados a obtener, el secreto entonces es conocerce a sí mismo, y saber a donde quiero y puedo llegar, y eso no es fácil.
No es tarea fácil el conocernos a nosotros mismos, tener conciencia de lo que somos individual y colectivamente, saber la diferencia de que es lo virtuoso de lo que no lo es, NO ES FÁCIL CONOCER LO HUMANO, y es justamente en este punto en que el estudio del Humanismo nos ayuda y por eso es IMPORTANTE EN LA FORMACION MASÓNICA DEL APRENDIZ, pues el estudio del Humanismo nos ayuda a poder aumentar nuestro conocimiento de lo Humano, cuales son los conceptos involucrados, cual a sido la evolución, de manera de que al ir conociendo lo Humano aprendemos a conocernos a nosotros mismos y podemos percibir de mejor forma en que y en cuanto podemos ir paso a paso mejorando ya que este conocimiento nos entrega conceptos y valores que forman parte de la base de este templo o edificio que somos nosotros mismos y que ha medida que adquiramos mayores conocimientos iremos construyendo nosotros mismos piedra por piedra.
Pero el estudio del Humanismo no nos hace mejores masones, el ser sabios y eruditos tampoco, si no somos capaces de poner esos conocimientos y esa sabiduría al servicio de una sociedad profana mejor.
Nuestra Orden tiene como fin primordial, básico la busca de la perfección, el ennoblecimiento y la dignificación del hombre, pretende que el hombre encuentre en su que hacer, en sí mismo, la finalidad específicamente humana, su meta es que cada uno de sus integrantes llegue a expresar su autenticidad y con ello la autenticidad de lo humano. Será masón, vale decir hombre cabal, quien vaya en pos de la perfección, de la verdad, quien sepa ser el artífice de sí mismo, sabiendo vivir lo que es su propia realidad de manera que contribuya a formar una sociedad justa en la cual los más elevados valores inspiren el hacer individual y colectivo.
BIBLIOGRAFÍA
Diccionario de filosofía (José Ferrater Mora)
Cámaras de verano 1998
El Libro del Aprendiz (Oswald Wirth)
El Humanismo como una filosofia (Corliss Lamont)
Frederick Edwords, Director ejecutivo de la Asociación Americana de Humanismo (Articulo en Internet)
Pagina de Internet de la Asociación Americana de Humanismo
Diccionario de la Real Lengua Española

viernes, 22 de julio de 2016

Diez preguntas sobre la masonería

Diez preguntas sobre la masonería

1. ¿Qué es la Masonería?

    Es una de las más antiguas sociedades iniciáticas del mundo. Esotéricamente, inculca sus enseñanzas a sus miembros a través del Simbolismo, practicado a través del ceremonial.

Exotéricamente, es una extraordinaria asociación sustentada en principios morales que hace de personas libres y buenas, seres humanos útiles y provechosos a su familia, a su comunidad, a su nación y al mundo.

Desde el punto de vista esotérico (en su proyección interna), la Masonería es la Orden Iniciática más importante de Occidente. Busca hacer de seres humanos libres de telarañas morales, culturales, sociales, etc. y de modo de vivir honesto y bueno, personas capaces de trabajar por su constante superación en todos los aspectos, a través de una moral laica basada en el Simbolismo, como requisito indispensable para convertirse en agentes transformadores de su entorno familiar, social, comunitario y nacional. En este sentido, los Francmasones nos consideramos constructores del Templo dedicado al perfeccionamiento moral de la humanidad, cimentado en los históricos principios de Libertad, Fraternidad e Igualdad.

Desde el punto de vista exotérico (en su proyección externa o social), la Francmasonería es una organización discreta, no secreta, que cree posible el progreso individual y colectivo basado en el respeto, la democracia, la justicia y la solidaridad entre los seres humanos. Por ello, como organización de la Sociedad Civil, es una institución establecida sobre bases humanitarias y científicas que lucha por el bienestar y el progreso de sus miembros y de la comunidad en general.

2. ¿Quiénes son los Masones?

Son gente buena, y honesta libre de prejuicios y fantasmas culturales, sociales políticos, religiosos, preocupada por el bienestar de los demás.

3. ¿Es la Masonería una sociedad secreta?

La Masonería no es una organización secreta sino discreta, más por fines didácticos, dado que su estructura de aprendizaje es gradual; e históricos, a causa de las persecuciones de que ha sido objeto ella y sus miembros, por parte de organizaciones y personas intolerantes, fundamentalistas, que en muchos lugares y momentos ha pretendido dominar a los demás por la ignorancia y el temor, y que por lo mismo consideran a la Masonería y a los masones como contrarios a sus malsnanos principios y fines.

Sin embargo, en su tarea de contribución al mejoramiento social, cada masón en su actividad cotidiana, en la casa, en la fábrica, en el taller, en la oficina, en el mercado, en la escuela, etc. tiene el compromiso para consigo mismo y los demás de proclamar y poner en práctica los nobles principios y fines de la Francmasonería.

Por su parte, las Logias y Obediencias (federaciones de Logias) a menudo realizan actividades a las que invitan a todas las personas que interesadas de alguna manera en conocer más y de primera mano sobre los Principios, Fines y organización de la Masonería y de las diferentes manifestaciones de su actividad hacia la comunidad.

4. ¿Por qué tienen secretos los Masones?

Los masones guardan discreción sobre la manera de reconocerse en la vida cotidiana, así como sobre lo que se trata en cada sesión, por razones históricas fundamentalmente, como un medio de protección contra la Ignorancia, el Fanatismo y la Ambición de algunas personas y sectas intolerantes y fundamentalistas, vicios estos tres a los cuales la Masonería ha rechazado desde sus orígenes.

5. ¿La Masonería es una religión?

Fundada en el principio de Libertad que desde su fundación norma su pensar, sentir y actuar, la Masonería considera las cuestiones metafísicas como del dominio exclusivo de la conciencia de cada individuo. Por ello, toda persona y por ende todo masón, es libre de creer o no creer en un principio creador, respeta las creencias religiosas de cada quien pues no las mezcla con los asuntos propios de la Orden. De ahí que pueda verse en una misma logia a personas que creyentes o practicantes de diversos cultos o creencias, conviviendo en perfecta armonía y colaborando al fin común del progreso de la humanidad.

6. ¿En qué creen los Masones?

Creen en elevados criterios morales. Creen en la honestidad en todos los actos de la vida. Creen que es posible convivir en un clima abierto pero al mismo tiempo respetuoso, fraternal, y colaborar en la construcción del Templo de una Humanidad cada vez mejor, más libre y justa.

7. ¿Qué hacen los Masones en sus reuniones?

Dan y reciben de sus iguales enseñanzas muy útiles a su perfeccionamiento individual y colectivo y refuerzan sus lazos de unión fraternal.

8. Ser Masón, proporciona algunas ventajas de orden económico?

A los masones les está prohibido utilizar su condición para obtener ascensos o prebendas personales (de hecho, ahora en muchos países por la influencia de doctrinas intolerantes y sectarias ser masón llega a resulta un impedimento para lograrlo). Lo que si existe entre masones es un apoyo incondicional y solidario; un espíritu de ayuda mutua que se debe practicarse en los hechos de manera desinteresada, primero hacia sus confraternos y luego hacia todo aquel que lo necesite.

9. ¿Son los Masones algo así como los Rotarios o los Leones?

En algunos aspectos existen similitudes, porque todos llevan a cabo actividades filantrópicas. De hecho esas organizaciones como otras más han surgido o sido fundadas por miembros de la Francmasonería. Sin embargo, se distingue de aquellas por su sentido iniciático.

10.- ¿Es muy costoso pertenecer a la Masonería?

Lógica y naturalmente, los masones deben contribuir solidariamente al mantenimiento de sus Logias y Obediencias, pero el monto y los términos de las aportaciones establecidas en sus reglamentos se prevén de tal manera que puedan ser cubiertas por todos y cada uno, sin implicar nunca un perjuicio para sí o para su familia.

Mitos y leyendas

Se ha relacionado la masonería con una serie de leyendas sobre su origen o posibles escuelas filosóficas o esotéricas, la mayoría de estos orígenes son erróneos y no tienen la menor base histórica que los sustente.

No obstante, y sobre todo durante el S. XVIII, muchas logias masónicas incorporaron símbolos y elementos de estas tradiciones al bagaje cultural y simbólico de la masonería. Por este motivo hay una generalizada confusión de los orígenes reales o al menos históricamente contrastados.
Los orígenes míticos más comunes con los que se relaciona a la masonería son:
Los colegios romanos: En las zonas conquistadas por el Imperio Romano, se constituyan los llamados colegios romanos, estos tenían la función de transmitir la cultura romana en las nuevas provincias. Tuvieron cierto relieve los colegios que de alguna manera se relacionaban con lo que hoy podríamos denominar “industria de guerra”. Serían los tignarii (carpinteros); los aerarii (obreros del bronce y del cobre) y tibicines (tocadores de flauta) o cornicines (de trompeta). Cada oficio formaba una centuria, dividida interiormente entre jóvenes y ancianos (júniores-seniores). Otros cinco colegios de artesanos no formaban centurias y no tenían derechos electorales.
La escuela pitagórica: Fue una escuela fundada por Pitágoras alrededor del año 500 adC, Se considera que allí se establecieron las bases de la matemáticas como la ciencia. Se trataba de una sociedad casi religiosa donde el secreto era mantenido bajo juramento. No se trataba de una hermandad sino más bien una comunidad de familias. Todo el conocimiento era transmitido verbalmente.
Los misterios de Eleusis:  Eran ritos iniciativos, que se celebraban en épocas de cosecha bajo la advocación de las diosas Deméter y Perséfone, los ritos, así como las creencias de sus iniciados, eran guardados en un celoso secreto, con componentes religiosos por que tenían recompensa en una vida futura y el poder de comunicarse con la divinidad.
La tradición Egipcia:  Este origen mítico, pretende hacer evolucionar los constructores de las pirámides en una especie de corriente oculta de transmisión de técnicas profesionales que hubieran llegado a la edad media y eclosionarían de nuevo en las sociedades de constructores.
Los misterios mitraicos: Eran parte de una religión, el mitraismo que apareció en oriente medio en el siglo II a.C., su funcionamiento era de transmisión oral de iniciado a iniciado y tuvo una fuerte implantación entre las tropas romanas. Fue una gran competidora del cristianismo hasta que fue declarada ilegal en el año 391 de nuestra era por el emperador Teodosio.
Esoterismo cristiano: Algunos autores han querido ver en diversas leyendas bíblicas un origen de la masonería. Desde teorías que plantean que los hermanos Caín o Abel son en realidad una imagen de dos tipos de sociedad, una tosca e iletrada representada por Caín y una ilustrada y refinada representada por Abel siendo este el “primer” masón hasta teorías que relacionan la masonería con la Orden del Temple, pasando por una teoría de un cristianismo esotérico fundado por el apóstol Juan en contraposición con el cristianismo de Pablo.
Corrientes esotéricas: Incluso, entre los masones, no es infrecuente encontrar a quien especula sobre los significados esotéricos de los ritos y símbolos. Pero ¿Es la masonería esotérica en sí misma? Si nos referimos a la pura concepción del termino esotérico (del gr. esoterikós) que significa interior y a su acepción moderna de oculto o reservado, quizás si pudiésemos decir que la masonería es esotérica, pues todos conservamos un silencio en base a los ‘secretos’ que nos son confiados.
Si nos referimos a la concepción de la palabra esotérica como contraposición antagónica de exotérico (del gr. exoterikós) que significa exterior o en su acepción moderna de accesible a todo el mundo. No cabe duda que la masonería es esotérica. Nuestra Orden se basa precisamente en la reserva de nuestros símbolos que adquieren en el interior de las logias un significado mucho más profundo que lo que a primera vista y exotéricamente tienen.
Este uso de los símbolos es precisamente lo que nos diferencia de cualquier otra asociación fraternal. Y debido a la reserva que hacemos de ellos frente a la sociedad, nos convertimos, por definición, en una sociedad esotérica. Siguiendo con la comprensión de las palabras que usamos, si por una cuestión semántica, y también real, la masonería es esotérica, los miembros somos Iniciados, ya que hemos sido instruidos en el camino del estudio de una serie de símbolos, que son, como decía antes, de corte esotérico… Pero ¿va más allá la masonería en su esoterismo? Mi opinión personal es que no. Los propios usos y costumbres de la masonería son los que hacen de ella lo que es, sin más, sin ir más lejos.
¿Por que entonces la discusión racionalismo vs. esoterismo?. A mi juicio es un problema de mezcla de conceptos no aclarados y mal repetidos que hoy en día, las personas que se acercan a nosotros, o no saben que somos (la mayoría) o los que saben algo, nos ven como una sociedad poseedoras de misterios mágicos que obviamente no tenemos.
La lucha por desvincularnos del tópico que relaciona la masonería con toda suerte de adivinadores, grupos místicos y otras agrupaciones con creencias irracionales es compleja y dura pero necesaria. Es importante decir bien claro que la masonería no tiene nada que ver con estos grupos. El racionalismo y la absoluta libertad de conciencia son pilares masónicos.