domingo, 23 de agosto de 2015

AJO

Beneficios del Ajo
Ajo

Nombre botánico: Allium sativum
El ajo, nombrado también “la rosa aromática”  por una buena razón. Ha sido venerado en Egipto por sus cualidades medicinales, y muy apreciado en la cocina italiana, india y asiática. Estrechamente relacionado con la cebolla, el ajo es una raíz bulbosa con una innegable fragancia penetrante. Fue mencionado en los documentos históricos que datan desde hace 5,000 años, antes de que su fama impregnara el resto del mundo conocido.
Hoy en día, China, Corea del Sur, India, España y los Estados Unidos son los principales en cuanto la producción del ajo. No sólo presta una deliciosa complejidad a los alimentos, pero supuestamente  posee un  beneficio legítimo para muchas  enfermedades.
El ajo fresco tiene beneficios nutricionales superiores a la de cualquier tipo de procesamiento, ya sea picado y refrigerado, o seco en hojuelas. Los bulbos de ajo enteros se mantendrán frescos durante un mes si se almacenan correctamente, preferiblemente lejos de la luz solar en un recipiente destapado.
Beneficios Saludables del Ajo
Con el ajo, usted obtendrá una excelente fuente de manganeso - 23% del valor diario - que contiene enzimas y antioxidantes esenciales que llevan a cabo todo tipo de hazañas increíbles en el cuerpo, incluyendo la formación de los huesos y tejidos conectivos, el metabolismo óseo, absorción de calcio, y función apropiada de la tiroides, por nombrar solo algunos. El ajo también contiene 17% del valor diario de vitamina B6, y el 15% en vitamina C, y a la vez proporciona buenas cantidades de calcio, fósforo y selenio.
Numerosos estudios sobre el ajo demuestran su increíble potencial para la salud en casi todas las áreas del cuerpo, desde la eliminación de metales pesados ​​hasta  la prevención de numerosas enfermedades, como el resfriado común, endurecimiento de las arterias, la gangrena, e incluso disminuye el proceso de envejecimiento.
Información Nutricional del Ajo
Tamaño de la porción: Una onza de ajo (28 gramos)
Cantidad Por Porción
Calorías
42
Carbohidratos
9 g
Sodio
5 mg
Fibra
1 g
Proteína
2 g
Estudios Realizados Sobre el Ajo
Mientras que el ajo se ha reconocido como un alimento saludable por los defensores de la medicina natural y convencional, un estudio señaló sus cualidades combatientes y preventivas contra varios tipos de cáncer, como el de colon, estómago, pulmón, colon-rectal, y posiblemente el cáncer de mama1.
Otro estudio documentó el uso de ajo fresco, ajo en polvo, y el aceite de ajo utilizado en todo el mundo durante varios siglos para proteger contra infecciones bacterianas, virales, parasitarias, para reforzar el sistema inmunológico, impedir el crecimiento de tumores, y eliminar los radicales libres de las células con sus capacidades antioxidantes2.
Los estudios han demostrado una relación entre el ajo y la eliminación de metales pesados ​​en el cuerpo, como el plomo, mercurio, cadmio y arsénico. Un estudio mostró una disminución significativa en el contenido de plomo debido a la dosis de extracto de ajo concentrada en el hígado, riñones, cerebro, y los huesos, lo que sugiere que el ajo podría ser utilizado para quelar o eliminar del cuerpo  las peligrosas concentraciones de plomo 3.
Para obtener los beneficios del ajo día tras día, un estudio informó que funciona mejor como un protector del corazón cuando está crudo y recién aplastado, a diferencia de ajo tratado térmicamente u otro tipo de ajo procesado 4.
Recetas Saludables con Ajo: Tomates con Ajo Rostizados a Fuego Lento

Ingredientes:
·         8 tomates o jitomates Roma maduros
·         6 dientes de ajo
·         2 cucharadas de aceite de oliva
·         6 cucharaditas de sal de tomillo y pimienta
Procedimiento:
1.    Caliente el horno a 300° F.
2.    Remueva el corazón de cada tomate y corte una “X” de 3/4 pulgadas de profundidad en el extremo de cada tomate.
3.    Espolvoree el interior de los tomates con sal y pimienta.
4.    Rellene cada tomate con 1 diente de ajo y 1 cucharadita de tomillo.
5.    Aplique una capa de aceite de oliva en el fondo de una fuente para hornear poco profunda, coloque los tomates en una fila, y hornee durante 1 ½ - 2 horas. Esta receta rinde 6 porciones.
(Receta tomada del libro del Dr. Mercola, Healthy Recipes for your Nutritional Type)
Datos Curiosos Sobre el Ajo
"Un níquel le permitirá acceso al metro, pero el ajo le conseguirá un asiento." - Viejo proverbio yiddish de Nueva York
Resumen
¿Quién no ama la fragancia tentadora del ajo? Aquellos que aprecian este sabroso bulbo lo han probado en condimentos, sazones, pastas, salsas, aceites, quesos, sopas, y aderezos para ensaladas... Nombrar todos sus usos culinarios podría tomar bastante tiempo.
Sin embargo, la sabiduría convencional con respecto al ajo va más allá de su uso en la cocina. Los investigadores lo han probado y no se han decepcionado con su potencia comprobada como un preventivo natural para numerosas enfermedades y trastornos como el cáncer, enfermedades del corazón, hipertensión arterial, infecciones bacterianas y fúngicas, y el resfriado común.
Otras fuentes:

Referencias:
·         1 http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/1167311, Vegetales allium y compuestos orgánicos de azufre: ¿ayudan a prevenir el cáncer? Agosto 2012
·         2 http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/19929845, El efecto antimicrobiano del ajo (Allium sativum), Agosto 2012
·         3 http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0378874101002379, Efecto del extracto de ajo (Allium sativum L . ) en los niveles de plomo en los tejidos de las ratas, Agosto 2012
·         4 http://pubs.acs.org/doi/abs/10.1021/jf901301w, Artículo; El Ajo Recién Picado es un Agente Cardioprotector Superior a Comparación al Ajo Procesado, Agosto 2012


¿Qué es la iniciación Masónica?

¿Qué es la iniciación Masónica?

La personalidad, el YO del hombre ordinario, se compone de numerosos elementos no coordinados, a menudo contradictorios y en lucha unos con otros. En particular, el consciente está constantemente desorientado por oscuras fuerzas que provienen ya del exterior, ya del subsuelo de la individualidad, del inconsciente. De este modo, como se lamenta San Pablo. “No hago el bien que quiero, sino el mal que aborrezco”; En un gran número de humanos los conflictos psicológicos conducen a la neurosis. Los hombres ordinarios escapan a la angustia metafísica por el hecho de no tratarse de individualidades marcadas, puesto que son maquinas o robots. Sólo una pequeña minoría está destinada al intento de resolver armoniosamente el desorden interno de su propio YO. Por gracia particular, algunos humanos se empeñan en el sendero de la iniciación, presienten que en medio de los elementos confusos y complejos de su YO INFERIOR existe un Alguien, un centro, un YO SUPERIOR, una chispa Divina. Con un potencial enorme esperando hacer contacto.

Ser Iniciado es aventurarse a esa posibilidad de alcanzar ese YO SUPERIOR, despertarlo, armonizar con el Santo Ángel, volver a encontrar la Palabra Perdida. Todas las metáforas y mitos de todos los pueblos y religiones, tienen el mismo sentido: activar lo divino que hay en nosotros, lo que vuelve al iniciado plenamente consciente de Sí Mismo.

Conciencia que difiere enormemente del conocimiento Académico Intelectual. No se trata de modo alguno de seguir una enseñanza libresca ni oral, ni de aprender palabras rebuscadas, sino de obligarnos a una experiencia personal cuyo proceso escapa a las palabras mundanas, por lo tanto es difícil el compartirlas.

Al principio el neófito por primera vez se da cuenta de cuán complejo es su YO INFERIOR. Descubre que las enseñanzas familiares, la intrusión académica, los dogmas religiosos, no le prestan socorro alguno. Mira por vez primera sus Sótanos Psicológicos, después lucha, se confronta con cada elemento de su Propio YO, ya no puede culpar a nadie de su problemática, como siempre lo hacia. Trata de despertar, pero comprende que corrigiendo a otros no es la forma correcta de despertar, sino disciplinándose él mismo. Corrigiendo su mundo externo nunca corregirá su mundo interno.

Tras un proceso gradual, alcanza al fin su YO REAL. Entonces un algo se produce divinamente en él. Todo en él se convierte en Luz, la oveja extraviada que estaba en él se integra al rebaño. Su Cuerpo y su Alma se unen en armonía, al fin lo que es arriba es igual a lo que esta abajo.

Diremos que un hombre Real es un hombre reconciliado consigo mismo y con el mundo que lo circunda, y que esta reconciliación tiene lugar en torno a la chispa divina que simple ha brillado en cada uno de nosotros pero no nos hemos dado cuenta de ello.

Quien se compromete en la IV Vía no puede saber de antemano dónde terminará, cuándo y cómo triunfará. Pero tendrá por seguro que ningún esfuerzo será en vano.

El proceso del despertar no está, en verdad, exento de riesgo. Al comienzo causa un choque o sacudida en el YO y puede poner en cuestión falsos valores en el que tanto se apoyaba su YO FALSO. En este paso es muy de Temer el claudicar, amedrentarse, así como abandonar la Vía. Aún más grave por más engañoso: engañarse y tomar un elemento del YO INFERIOR por el YO DIVINO.

Se pierde uno también en una Camino sin salida cuando se abandona el objeto esencial por ventajas secundarias; cuando se gana dinero con lo Divino, se adquieren poderes extraños y se engaña a la gente o trata uno de dominarla, en lugar de atender a un fin realmente superior.

Por otro lado, la obediencia y sumisión afectuosa a todo lo Divino, y no la sumisión a simples hombres, como son Guías espirituales o Gurus que solo extravían la idea capital. Pero la lucidez y la sinceridad hacia uno mismo apartan los grandes riesgos.

El hombre encaminado, adquiere una intuición infalible, escapando de la ilusión automáticamente se da cuenta de que ahora Él Es, y nadie lo engañara.

El hombre transformado resplandece sobre su entorno inmediato y mediato. Es un hombre reconocido y reconocible, escapando al mundo de los accidentes. Es uno de esos hombres que con su sola presencia solucionan la problemática de los demás

sábado, 22 de agosto de 2015

TOURSELF
            En medio de las candentes arenas del desierto, como el espejismo de un oasis de frescas aguas y ondulantes palmeras, bañada por frescos riachuelos provenientes de los ríos Tigris y  Éufrates, orgullosa se levanta la perla de oriente, la Ciudad de Bagdad. Con brillo de oro se elevan al cielo sus torres y minaretes y sus plazas y callejas empedradas, ven el diario deambular de caravanas de camellos, que acuden a la ciudad con la población más cosmopolita de la tierra, mercaderes con un sinfín de productos pregonan durante todo el día los bienes que ofrecen al pueblo, curanderos que aseguran tener las mejores pomadas y brebajes para la cura de las más raras dolencias, faquires recostados en sus camas de clavos, tragando sables, o antorchas encendidas, encantadores de serpientes que con sus flautas de encantadora melodía adormecen en un dulce letargo a las temibles cobras, adivinos con bolas de cristal y cartas del Tarot, magos y prestidigitadores, hombres cultos empapados en las ciencias, poetas que cantan sus odas de amor y literatos que narran las peripecias del harem del sultán Al Raschid, cual cuento de las mil y una noches.

            Cuando el primer rayo del sol despunta en el arenoso horizonte y apenas sobre el fondo de un cielo azul claro, puro y brillante, la rosada aurora confunde el oro del astro rey con el azul, en ese momento, el momento del primer suspiro de Alá, se escucha el melodioso canto del salmista, que desde el más alto minarete, invita a los fieles a orar y ofrecer las obras del día a aquél por quien todo fue hecho. El pueblo desenrolla sus esteras y se arrodilla con la vista hacia la sagrada ciudad de La Meca, inclinan la cabeza hasta el suelo y agradecen al dispensador de todos los bienes un nuevo día a su servicio, después de terminadas las oraciones, desparrámanse por plazas y callejas, los hombres van a su labor, las mujeres en busca de vituallas y los chiquitines en medio del bullicio de sus risas y algarabía se entretienen en juegos infantiles.

La plaza mayor, de la que parten siete calles e infinidad de callejuelas, esa que tiene un gran estanque donde se vuelca el agua dulce, fresca y cristalina de sus 33 fuentes, es el corazón de la ciudad, en ella se encuentra el mayor centro de cambio, compra y trueque de mercaderías, a ella acuden comerciantes, vendedores y compradores de todas las regiones cercanas a la gran ciudad, en busca de todo aquello que la voluptuosidad humana desea tener en propiedad.

            Ahí, en medio del centro de cambio, en una tienda de piel de camello, sobre una alfombra persa que otrora luciese vivos colores y ahora pálida, raída y muy limpia, envuelto en un fino vapor de incienso que recuerda la madera del Sándalo y la corteza de la Canela, y hace pensar el la sutileza de la Gloria de Alá, Yourself, un viejo Sufí, con su túnica y turbante, blancos como la nieve, de nariz aguileña y de luenga barba blanca, que se confunde con la blancura del ropón, y ojos grises en los que brilla la comprensión de la vida, profundos por la experiencia de los años y tiernos por el amor a sus semejantes, inicia las actividades del día, dándole gracias al señor por un día más de vida que le brindará nuevas oportunidades, desdobla su esterilla tan rápidamente como su cansado cuerpo se lo permite, se pone de rodillas, inclina el cuerpo hasta tocar el suelo con su frente en señal de humildad, reconocimiento y acatamiento y canta las loas al Señor Alá.

            Yourself, el viejo Sufí, se gana la vida vendiendo toda clase de baratijas, mas al decir de cuantos le conocen, está loco o no tiene entendimiento, convirtiéndose en la burla de sus compradores, quienes, muchos de ellos, como Saddam, que al comprar sus artículos le ha pagado con moneda falsa que en un principio vio con recelo pero que aceptó sin ninguna protesta.

            Algunos otros, como Barush, después del regateo de precio, que ha fijado a su conveniencia, ha afirmado haberle pagado sin haberlo hecho, y él, aceptó su palabra de buena gana y sin dudas.       En fin, otros, cuando por el azar rompen el artículo comprado, le argumentan que así se los ha dado y él de buena voluntad les cambia el artículo o les devuelve el dinero que supuestamente han pagado por el.

            El tiempo pasó y se llevó con las horas, las energías de nuestro buen amigo cuyas fuerzas fueron menguando. Un día sintiendo próxima la hora de su desprendimiento de la materia, de rodillas sobre su vieja alfombra y cubriéndose los ojos con las palmas de las manos, se dirigió al Todopoderoso en su última oración de súplica:
"...Ay, Señor, Dios mío, fuente de toda bondad y magnificencia, mira a este pecador que tantas veces ha ofendido a sus hermanos en el pensamiento, creyendo que le pagaban con moneda falsa, cuando, ¿quién son yo?, inculto e iletrado, para darme por conocedor de todas las monedas que circulan por el mundo; o cuando creía que no me habían pagado por mis mercaderías, cuando estas gentes de buena fe, ya lo habían hecho; o aún peor, cuando a cambio de sus monedas honradas les daba artículos defectuosos"
"...Ay, Señor, Dios mío, mírame, YO SOY la única moneda falsa, el único artículo defectuoso que tan caro ha costado a la humanidad, y a pesar de ello, mis hermanos en su infinita bondad, jamás me han juzgado en su corazón, por lo contrario, siempre han dado por sentado que no se lo que hago y disculpan mis impertinencias.."
"...Ay, Señor. Dios mío, no me juzgues con dureza, Señor, que no se parezca Tu corazón al mío y acepta aunque sea en un rincón de Tu paraíso, aunque alejado de Tu Presencia, a esta moneda falsa, a este artículo defectuoso"

            Expiró nuestro buen amigo, y en el momento de entregarse al Creador, se oyó una voz que le decía:

"....YOURSELF, ¿cómo es posible juzgar a quien no ha juzgado a los demás?, ven mi talento de oro, déjame tenerte por siempre en el hueco de la palma de mi mano”.
L\    I\    F\
Xalapa, Enríquez, Ver., 6 de noviembre de 2008, E\ V\


A\M\ SHUN KUGA
LA FE SIEMPRE CONFIA, LA ESPERANZA SIEMPRE INSISTE, EL AMOR SIEMPRE ES
FE NO ES CREER, FE ES CREAR
"¿Have you exercised your obligations today?"
"¿Vous avez exercé vos serments aujourd'hui?"
"¿Has practicado tus juramentos hoy?"

Canticum graduum David ecce quam bonum et quam decorum habitare fratres in uno
Sicut unguentum optimum in capite quod descendit in barbam, barbam Aaron quod descendit super oram vestimentorum eius
Sicut ros Hermon qui descendit super montana Sion quoniam ibi mandavit Dominus benedictionem vitam usque in aeternum



Nahualcoatl

            Criada en el respeto y obediencia a sus mayores y, al cuidado del sagrado hogar, creció Xuchitl, en el seno de una de las tantas familias Náhuatl que se habían asentado en el islote en medio del lago en el que un águila, parada sobre un nopal, devoraba una serpiente, la vida había transcurrido como en todas las demás familias, al cumplir los 12 años, la belleza morena de la hermosa Xuchitl fue prometida al valeroso guerrero Ah-Kim, quien a sus 16 años, ya se había ganado, por su valor, un lugar importante en los ejércitos del señor al que no se le podía mirar a la cara y, después del año que marcaba la etiqueta, se celebraron los esponsales entre sacrificios a los dioses, guisos de guajolote, asados de armadillo y bebidas de cacao, pulque y aguamiel.

            Aún no se cumplían los 10 meses después de los esponsales cuando se presentó el parto del primogénito de Ah-Kim y Xuchitl. Xuchitl, recostada en la estera, esperaba la llegada de la temixiuitiani, experimentada comadrona que en su momento la había recibido al nacer y que ahora habría de auxiliarla en el parto de su primogénito y lavaría la tierna piel del recién nacido de los pecados de los padres.

            Sin dejarse oír, lentamente, con su reptar silencioso y lento, Coatl, la peligrosa víbora de cascabel había rebasado el quicio de la choza y, lentamente, atraída por los movimientos de la madre y el olor del parto, se iba aproximando a la estera en que Xuchitl reposaba, su lengua bífida salía repetidamente de la boca, aspirando el aire y percibiendo los olores de la choza, presta al ataque, traicionera como todas las de su especie, astuta y sigilosa; acertaba a pasar por la choza el viejo Naualli Elocuiltic, gran conocedor de las hierbas y sus poderes curativos, en cuyos conocimientos y pericia el pueblo entero confiaba, quien viendo lo que ocurría y, avezado en el manejo de reptiles, se acercó cuidadosamente al peligroso ofidio y, sin dañarlo, lo tomó del cuello inmovilizándolo, para depositarlo dentro de su morral de yute, hechos que ocurrían en el momento en que un fuerte varoncito, gritando, reclamaba a la vida un sitio para él dentro de ella, así fue como nació, de la belleza de Xuchitl y la valentía de Ah Kim, aquél a quien por los acontecimientos que rodearon su nacimiento, pusieron por nombre NAHUALCOATL.

            Los adivinos fueron convocados, se hizo el estudio de los cielos ya que los cuerpos celestes influyen de alguna forma, o aun determinan, los sucesos en la tierra, así mismo se hizo el sacrificio de una virgen por los augures, para encontrar el destino de Nahualcoatl, se consultó el vuelo de las aves y el volar de las mariposas, estos, y los acontecimientos fuera de lo normal que sucedieron en su nacimiento, hicieron a todos coincidir en que el jovencito estaba llamado a realizar grandes proezas dentro de su pueblo, se vería asediado por las dudas y las luchas internas, pero su espíritu más fuerte que su naturaleza humana al fin, sobreponiéndose, vencería en la lucha.
            Los años pasaron, el Calmecac, el Telpochcally y el Calpulli le abrigaron en sus brazos, el estudio de los climas, de la historia de la tribu desde su partida de Aztlán, el conocimiento de los ríos y mares, de las montañas, bosques y desiertos, el aprender las normas de vida en comunidad y el respeto a los mayores, ocuparon su infancia, pero todos los conocimientos fueron insuficientes para satisfacer los deseos de saber del joven Nahualcoatl, aunque su personalidad  inquieta le hizo merecedor de todo tipo de castigos por parte de sus maestros, que a sus espaldas sonreían de sus travesuras y ocurrencias, que presagiaban algo más que en el común de sus otros alumnos.

            Al cumplir los doce años, junto con los compañeros de su edad, debió ingresar al Sagrado Templo de Huitzilopochtli, en el corazón de la ciudad de Tenochtitlán, para iniciar su servicio al templo, tiempo durante el que debería dedicarse al estudio de los ritos, a la oración y penitencia a los dioses, sangrarse de brazos, piernas, sexo y orejas cuatro veces por día asperjando su sangre a los cuatro puntos cardinales, dormir poco, comer menos y mantener vivo el fuego sagrado. Al ser presentado al sacerdote Mictlán, quien se encargaba de los jóvenes al servicio del templo, el Gran sacerdote Topiltzin les refirió: Éste es el oficio de Huitzilopochtli, nuestro dios que ha venido para recoger y atraer para él y a su servicio todas las naciones, con la fuerza de su pecho y de su cabeza; desde ese momento quedaba al servicio del templo bajo la vigilante mirada del sumo sacerdote Mictlán.

            Al cabo de 26 meses lunares, al inicio de los cinco días nefastos, fue relevado junto con su grupo de las obligaciones para con el Templo, y admitido un nuevo grupo de jóvenes que iniciaban su servicio a Huitzilopochtli. De los jóvenes salientes, algunos irían a los campos de labor, a cultivar la tierra y ayudar en la cosecha de frutos, hortalizas, cacao, café, maíz y otros granos; otros formarían parte de los ejércitos del señor al que no se le puede mirar a la cara y sólo unos cuantos optarían por quedarse al servicio del templo y ésta fue la opción escogida por Nahualcoatl. El hombre genuino, como espíritu inmortal encarnado en un cuerpo físico perecedero, estaba presto a iniciar la proeza de la iniciación en la ciudad santa de Teotihuacán, tenía el anhelo de convertirse en un foco de luz, en un manantial de sabiduría, para ser guía espiritual de sus hermanos, los hombres.

Llegó el día de la partida a la ciudad de Sagrada de Teotihuacán, el tunkul y el teponaxtle rítmicamente marcaban el compás de la procesión, al frente del cortejo, Topiltzin, el gran sacerdote de Huitzilopochtli, detrás de él las tres sacerdotisas del fuego sagrado, con grandes sahumerios en las manos del que salían volutas de humo de copal, tras ellas Nahualcoatl y los aspirantes a la iniciación al sacerdocio y por último los sacerdotes de grados menores, a los lados del cortejo sonaban los timbales y el pueblo regocijado hacía rugir las caracolas marinas, los nuevos temiquiantilli iban al encuentro de su destino; el pueblo acompañó al cortejo hasta la salida del pueblo, de ahí el cortejo se encaminaría a la Santa Teotihuacán.         Bajo la custodia de Topiltzin, un hombrecillo pequeño, enjuto, de carnes flacas y arrugadas, de nariz aguileña y  pelo endurecido por la sangre de los sacrificios en él coagulada, que le hacía despedir un olor fétido a carroña y putrefacción, de mirada escrutadora y esquiva y, sonrisa sarcástica, inició Nahualcoatl sus estudios de la magia ceremonial Azteca, el manejo de los elementos y el orden de las ceremonias.

            Al llegar, fueron conducidos a la Ciudadela, encerrados en el túnel que de sur a norte se encuentra en la base del Templo de la tierra, el templo de Centeotl, ahí se encontraba la primera prueba, vencer a la tierra, vencer la tierra de sus propios cuerpos, vencer los deseos, vencer las pasiones bajas, vencer el hambre, vencer la sed; aprendería que de la tierra se producen frutos que alimentan tanto a hombres como a animales y frutos venenosos que pervierten o matan a los semejantes y a sí mismo; aprendería que su cuerpo podía producir frutos que alimentarían a sus semejantes o frutos aberrantes que les matarían, aprendería que de la tierra brotan plantas medicinales, aprendería que su cuerpo podía ser entrenado para curar a sus semejantes; aprendería que de la tierra brotan plantas aromáticas de perfumes gratos a los sentidos, aprendería por el trabajo corporal podía hacer que de su cuerpo brotaran perfumes de paz y armonía en los corazones de sus semejantes, suya era la elección, ser un constructor, o ser un destructor, pero sin duda alguna sería un sembrador, la cosecha sería de lo que sembrase.

            El humo del Copal elevaba su espíritu hasta Tonantzin, la diosa Madre y se sentía transportado a otros mundos durante sus meditaciones, sin embargo no dejaba de horrorizarse ante los ritos de sacrificios humanos, los dioses cada vez requerían mayor número de sacrificios y cada vez se hacía sentir más el poder de los sacerdotes que elegían a sus víctimas de acuerdo a sus propios intereses.

            Fue entrenado en las artes marciales Náhuatl, en la relajación del cuerpo, en el arte de la verdadera curación, en el manejo de los canales nerviosos, y en la armonía de los cuerpos que forman el cuerpo físico; al cabo de 39 meses lunares salió del subterráneo, un vigilante parado sobre el primer cuadrilátero sagrado encendió al ritmo de tunkules y caracolas una antorcha, en señal de que el candidato había salido vencedor en su primera prueba. La celebración duró tanto como los cinco días nefastos.           La noche del último día nefasto, la procesión recorrió la avenida entre la Ciudadela y el Templo de Quetzalcóatl el dios del aire, en cada cuadrilátero un vigilante con una antorcha encendida, al llegar al templo y a una señal todos los vigilantes a excepción del que se ubicaba en el cuadrilátero de la tierra apagaron sus antorchas.

            Nahualcoatl fue recibido por los sacerdotes de Quetzalcóatl.

            Aprendería los secretos de la respiración y la meditación; aprendería el arte de salir de su cuerpo para hablar con los dioses; conocería a los habitantes del aire y en medio de los huracanes y los ciclones de los pensamientos, venciendo el poder del aire les arrancaría el secreto de silenciar la mente. El elemento aire, como encargado del pensamiento y la palabra, inspiraría, aconsejaría y habría de agudizar su menteLa comunión con lo divino sucede cuando la energía condicionada, individual, y espontánea entra en la no-acción. Para que esto le suceda a nuestra mente condicionada deberá comprender sus propias limitaciones, volver al centro y relajarse en su propio ser, sin ningún deseo de alcanzar o de llegar a ser. Cuando la mente condicionada se relaja, hay silencio. Aprendió a abandonar las expectativas y los deseos, a pasar un poco de tiempo sentado y en silencio. Sentado con la columna y la cabeza en la vertical, respirando cómodamente y con gracia, con profundidad, y el cuerpo sentado, en relación con la tierra. Se sentaba con una relajada atención meditativa, durante horas. Sin rigidez, ni pasividad, sin modorra, ni pereza y cada fibra atenta, vibraba de frescura y de vigilante sensibilidad. Mantenía los ojos cerrados hasta que aprendió a tenerlos abiertos sin observar nada en particular. Permanecía en la dimensión del silencio, lugar, aislamiento, sin interferencias. Observaba el movimiento de la respiración, dónde y cómo la sentía.

            26 meses lunares vivió en el templo de Quetzalcóatl la meditación, la contemplación, pronto surtieron efectos que se tradujeron en dulces versos a la vida, a la naturaleza, al amor, y largas composiciones en manuscritos secretos donde empezó a consignar la sabiduría de las ciencias. Pero bien sabido es que todo dulce tiene su amargo, y así las dudas se cernían a su alrededor y la duda no permitía el descanso de la mente que infatigablemente buscaba la verdad a sus cuestionamientos.

            Al cabo de ese tiempo, salió del templo de Quetzalcóatl, dos vigilantes con una antorcha encendida en los cuadriláteros de la tierra y del aire   proclamaban al son de caracolas, tunkules y teponaxtles al vencedor del elemento aire, nuevamente durante los cinco días nefastos se realizó la celebración y al término de ellos se inició una nueva prueba.

            La noche del quinto día la procesión recorrió la calzada entre el templo de Quetzalcóatl al templo del agua, el templo de Tlaloc, en él aprendería los componentes del agua y el papel que esta desempeña en la economía de la vida animal, vegetal, mineral y espiritual de la Tierra.      Aprendería a dominar sus deseos, sentimientos y emociones, conocería a los habitantes del elemento agua y en medio del remolino y las corrientes de las emociones les arrebataría el secreto de la virtud. Tenía que iniciarse en el conocimiento de sus sentimientos, sus emociones, los sueños, el inconsciente y desde luego el más importante, el poder de la intuición, los deseos y temores ocultos en el fondo del lago del alma. Tenía que incursionar en la inspiración espiritual, la meditación, los estados de trance y la imaginación creativa, la literatura con los poemas del Rey Netzahualcóyotl a la cabeza, los cuentos y todas las manifestaciones del arte. 26 meses lunares después, la espiritualidad  había ganado nuevamente la partida, los sacerdotes en procesión retiraban a Nahualcoatl del templo de Tlaloc, un vigía en cada uno de los cuadriláteros de la tierra, el aire y el agua, anunciaban solemnemente, que un hombre había vencido ya a tres de los elementos.        Durante los cinco días nefastos se realizó la celebración, el júbilo del pueblo adivinaba que entre ellos se encontraba un elegido de los dioses y lo celebraba con júbilo y magnificencia.

            En la noche del quinto día la procesión marchó por la calzada del templo de Tlaloc al templo del fuego, el temible dios Xiuhtecuhtlitletl Tonacahtecuhtli, en él aprendería que no sólo se origina por la combustión o el frotamiento de los pedernales en la yesca, conocería el fuego que habita en el centro de la tierra, aprendería a conocer el fuego interno, el fuego de las pasiones, conocería de cerca la ira, la cólera, el egoísmo, la lujuria, y todos los elementos que como lenguas de fuego lamen el alma del hombre y le envilecen degradándole en la escala animal. Pero también aprendería la fuerza de la voluntad, la valentía, el coraje y la pasión por la vida, aprendería a enfrentar nuevos retos y a correr riesgos, aprendería a crear en su interior el fuego sagrado aquél que habría de guiarle en sus ratos de confusión.

            Al cumplirse los 13 meses del año lunar, salió en solemne procesión del templo del fuego, cuatro vigilantes con sus antorchas encendidas en cada uno de los cuadriláteros de la ciudadela anunciaban que del templo del fuego había emergido un semi-dios. Durante los días nefastos se celebró por el pueblo el triunfo de Nahualcoatl y en la noche del último el gran sacerdote en procesión guió a Nahualcoatl al templo de las mariposas, el templo de las flores volantes en libertad, EL TEMPLO DE LAS ALMAS.

            Durante 13 meses del año lunar, hizo una detallada recapitulación de todo lo vivido en los templos de los dioses de los elementos, a la vez recibía una instrucción secreta.     La noche del último día el gran sacerdote tomó de un brazo a Nahualcoatl y lo guió a la azotea del Templo, invocaron a los espíritus de la naturaleza, abrieron los brazos y se lanzaron al vacío, con rítmica lentitud el gran sacerdote y Nahualcoatl revoloteaban cual mariposas  en torno del Templo, luego lentamente fueron descendiendo al patio del santuario donde los sacerdotes y el pueblo los esperaban.             En cada cuadrilátero de la ciudadela un vigilante con su antorcha encendida y en alto, proclamaban al vencedor de la iniciación.

            Se acercaba la fiesta de la Gran Señora Tonantzin, el pueblo llevaba hasta su gruta ofrendas de frutos, flores, miel y copal, primicias de sus cosechas, mismas que dejaban a los pies de la Gran Madre de todos los Dioses, fiel representante de la Natura Naturans, Natura Naturante, Natura Naturata y, al igual que todo el pueblo, Nahualcoatl, el iniciado, Gran Sacerdote de Huitzilopochtli, en peregrinación, acudió ante la madre de todos los Dioses; su mente lacerada por las dudas, su alma flagelada por los sufrimientos del pueblo que tanto amaba, sojuzgado por el fanatismo y la superstición impuestos por los altivos sacerdotes de Huitzilopochtli y Coatlicue.

            Cumpliendo con la etiqueta ante los dioses, al entrar en la cueva se puso en cuclillas sobre sus talones, la felicitó por ser su día y puso a sus pies un rico presente de copal y tres flores de Jade. La madre Universal, siempre le había escuchado y, aprovechando la soledad del instante, se dispuso a hacerle saber sus pesares.

-           "...Madre, he puesto mi fe en tus hijos, los dioses, y en mi tribulación les he pedido me concedan determinación, fuerza, justicia y tolerancia, para encontrar la luz de la verdad, de la que ando en busca, pero no he sido escuchado, los dioses duermen en tanto la desesperación crece en mí...."

            La Madre Universal, Tonantzin, le respondió:

-           "...Hijo, cree en que lo que desees te lo has de procurar tu mismo, forjando con tus manos y tu cerebro el progreso y la felicidad que quieras disfrutar, debes sembrar y construir por ti mismo, que los dioses no lo harán por ti, la fe no es creer, la fe verdadera es crear con tu esfuerzo y sacrificio aquello que habrá de impulsar a tus hermanos, los hombres, a encontrar la verdadera luz..."

-           "...Madre, veo a mi pueblo sumido en la adoración fanática a los dioses, que cada vez exigen más sacrificios sangrientos, veo a mi pueblo temeroso de supersticiones absurdas que no les permite crecer en sabiduría, mientras que los sacerdotes, cada día, más gordos y altaneros les imponen fantásticas leyendas para atemorizarles y dominarles..."

-           "...Hijo mío, el día de la liberación llegará, ese día, los sacerdotes caerán estrepitosamente con sus ídolos falsos y sus altares chorreantes de sangre, para ello será requisito que los jóvenes, por su esfuerzo, por su convicción, seguros de sí mismos, conscientes del motor potente de sus energías, despierten de esa hipnosis que los mantiene en la flaqueza e impotencia. Entonces sabrán que sí tienen la energía, el bienestar, el saber y la belleza, que sólo les hace falta el esfuerzo para alcanzarlos, ese día, sus herramientas corporales, músculos, cerebro y corazón, henchidos de plenitud, de rectitud y de fortaleza, en perfecto equilibrio, permitirán que se manifieste su espíritu..."

-           "...Madre, deseo realizar una enérgica función volitiva para dirigir mis instintos y dominar mi destino, para crear en mi propio ser belleza y armonía, desarrollar equilibrio en mí mismo, para que mis facultades despierten dirigidas por mi razón y así poder irradiar hacia mis semejantes salud, alegría y prosperidad, compenetrado en los sufrimientos de la humanidad como si fuesen propios..."

-           "...Noble es tu meta, hijo mío, una meta de amor y, yo te aseguro que, aquel que haya amado como a sí mismo a sus semejantes, sólo con ello habrá cumplido toda la ley..."

-           "...Madre, ¿qué puedo hacer por mis hermanos?..."

-           "..Nada, hijo mío, el Único, en el que se haya el todo, está revestido de los principios que son su más pura esencia, de estos, hay tres básicos: la armonía, el orden y el equilibrio, ellos se encargarán de que los ríos tomen su cauce por la belleza y el amor.

L\    I\    F\
Xalapa, Enríquez, Ver., 4 de octubre de 2008, E\ V\


A\M\ SHUN KUGA
LA FE SIEMPRE CONFIA, LA ESPERANZA SIEMPRE INSISTE, EL AMOR SIEMPRE ES
FE NO ES CREER, FE ES CREAR
"¿Have you exercised your obligations today?"
"¿Vous avez exercé vos serments aujourd'hui?"
"¿Has practicado tus juramentos hoy?"
Canticum graduum David ecce quam bonum et quam decorum habitare fratres in uno
Sicut unguentum optimum in capite quod descendit in barbam, barbam Aaron quod descendit super oram vestimentorum eius. Sicut ros Hermon qui descendit super montana Sion quoniam ibi mandavit Dominus benedictionem vitam usque in aeternum

miércoles, 19 de agosto de 2015

ISABEL ALLENDE

ISABEL ALLENDE
Es una conocida escritora y dramaturga chilena. Está considerada la más popular novelista iberoamericana. Ha vendido más de 35 millones de ejemplares y su trabajo ha sido traducido a más de 27 idiomas.
UNA NARRACION AL ESTILO DE LA
ESCRITORA ISABEL ALLENDE. EL SEXO POR ISABEL ALLENDE Mi vida sexual comenzó temprano, más o menos a los cinco años, en el kindergarten de las monjas ursulinas, en Santiago de Chile.
Supongo que hasta entonces había permanecido en el limbo de la inocencia, pero no tengo recuerdos de aquella prístina edad anterior al sexo. Mi primera experiencia consistió en tragarme casualmente una pequeña muñeca de plástico. -Te crecerá adentro, te pondrás redonda y después te nacerá un bebé - me explicó mi mejor amiga, que acababa de tener un hermanito. ¡Un hijo! Era lo último que deseaba.
Siguieron
Me vi cogida de un brazo y llevada por el aire hasta la oficina de la Madre Superiora. Así comenzó mi horror por las muñecas y mi curiosidad por ese asunto misterioso cuyo solo nombre era impronunciable: sexo. Las niñas de mi generación carecíamos de instinto sexual, eso lo inventaron Master y Johnson mucho después. Sólo los varones padecían de ese mal que podía conducirlos al infierno y que hacía de ellos unos faunos en potencia durante todas sus vidas.
Cuando una hacía alguna pregunta escabrosa, había dos tipos de respuesta, según la madre que nos tocara en suerte.
La explicación tradicional era la cigüeña que venía de París y la moderna era sobre flores y abejas. Mi madre era moderna, pero la relación entre el polen y la muñeca en mi barriga me resultaba poco clara.
A los siete años me prepararon para la Primera Comunión. Antes de recibir la hostia había que confesarse. Me llevaron a la iglesia, me arrodillé detrás de una cortina de felpa negra y traté de recordar mi lista de pecados, pero se me olvidaron todos.
En medio de la oscuridad y el olor a incienso escuché una voz con acento de Galicia. -¿Te has tocado el cuerpo con las manos? -Sí, padre. -¿A menudo, hija? -Todos los días... -¡Todos los días! ¡Esa es una ofensa gravísima a los ojos de Dios, la pureza es la mayor virtud de una niña, debes prometer que no lo harás más! Prometí, claro, aunque no imaginaba cómo podría lavarme la cara o cepillarme los dientes sin tocarme el cuerpo con las manos. (Este traumático episodio me sirvió para 'Eva Luna', treinta y tantos años más tarde. Una nunca sabe para qué se está entrenando.)
Nací al sur del mundo, durante la Segunda Guerra Mundial en el seno de una familia emancipada e intelectual en algunos aspectos y casi paleolítica en otros. Me crié en el hogar de mis abuelos, una casa estrafalaria donde deambulaban los fantasmas invocados por mi abuela con su mesa de tres patas. Vivían allí dos tíos solteros, un poco excéntricos, como casi todos los miembros de mi familia. Uno de ellos había viajado a la India y le quedó el gusto por los asuntos de los fakires, andaba apenas cubierto por un taparrabos recitando los 999 nombres de Dios en sánscrito.
El otro era un personaje adorable, peinado como Carlos Gardel y amante apasionado de la lectura. (Ambos sirvieron de modelos-algo exagerados, lo admito- para Jaime y Nicolás en 'La casa de los espíritus'.) La casa estaba llena de libros, se amontonaban por todas partes, crecían como una flora indomable, se reproducían ante nuestros ojos.
Nadie censuraba o guiaba mis lecturas y así leí al Marqués de Sade, pero creo que era un texto muy avanzado para mi edad; el autor daba por sabidas cosas que yo ignoraba por completo, me faltaban referencias elementales. El único hombre que había visto desnudo era mi tío, el fakir, sentado en el patio contemplando la luna y me sentí algo defraudada por ese pequeño apéndice que cabía holgadamente en mi estuche de lápices de colores. ¿Tanto alboroto por eso? A los once años yo vivía en Bolivia. Mi madre se había casado con un diplomático, hombre de ideas avanzadas, que me puso en un colegio mixto. Tardé meses en acostumbrarme a convivir con varones, andaba siempre con las orejas rojas y me enamoraba todos los días de uno diferente.
Los muchachos eran unos salvajes cuyas actividades se limitaban al fútbol y las peleas del recreo, pero mis compañeras estaban en la edad de medirse el contorno del busto y anotar en una libreta los besos que recibían. Había que especificar detalles: quién, dónde, cómo. Había algunas afortunadas que podían escribir:' Felipe, en el baño, con lengua.'
Yo fingía que esas cosas no me interesaban, me vestía de hombre y me trepaba a los árboles para disimular que era casi enana y menos sexy que un pollo. En la clase de biología nos enseñaban algo de anatomía y el proceso de fabricación de los bebés, pero era muy difícil imaginarlo. Lo más atrevido que llegamos a ver en una ilustración fue una madre amamantando a un recién nacido. De lo demás no sabíamos nada y nunca nos mencionaron el placer, así es que el meollo del asunto se nos escapaba ¿por qué los adultos hacían esa cochinada? La erección era un secreto bien guardado por los muchachos, tal como la menstruación lo era por las niñas. La literatura me parecía evasiva y yo no iba al cine, pero dudo que allí se pudiera ver algo erótico en esa época. Las relaciones con los muchachos consistían en empujones, manotazos y recados de las amigas: dice el Keenan que quiere darte un beso, dile que sí pero con los ojos cerrados, dice que ahora ya no tiene ganas, dile que es un estúpido, dice que más estúpida eres tú y así nos pasábamos todo el año escolar.
La máxima intimidad consistía en masticar por turnos el mismo chicle. Una vez pude luchar cuerpo a cuerpo con el famoso Keenan, un pelirrojo a quien todas las niñas amábamos en secreto. Me sacó sangre de narices, pero esa mole pecosa y jadeante aplastándome contra las piedras del patio, es uno de los recuerdos más excitantes de mi vida. En otra ocasión me invitó a bailar en una fiesta. A La Paz no había llegado el impacto del rock que empezaba a sacudir al mundo, todavía nos arrullaban Nat King Cole y Bing Crosby (¡Oh, Dios! ¿Era eso la prehistoria? ). Se bailaba abrazados, a veces chic-to-chic, pero yo era tan diminuta que mi mejilla apenas alcanzaba la hebilla del cinturón de cualquier joven normal. Keenan me apretó un poco y sentí algo duro a la altura del bolsillo de su pantalón y de mis costillas. Le di unos golpecitos con las puntas de los dedos y le pedí que se quitara las llaves, porque me hacían daño.
Salió corriendo y no regresó a la fiesta. Ahora, que conozco más de la naturaleza humana, la única explicación que se me ocurre para su comportamiento es que tal vez no eran las llaves. En 1956 mi familia se había trasladado al Líbano y yo había vuelto a un colegio de señoritas, esta vez a una escuela inglesa cuáquera, donde el sexo simplemente no existía, había sido suprimido del universo por la flema británica y el celo de los predicadores. Beirut era la perla del Medio Oriente.
En esa ciudad se depositaban las fortunas de los jeques, había sucursales de las tiendas de los más famosos modistos y joyeros de Europa, los Cadillac con ribetes de oro puro circulaban en las calles junto a camellos y mulas. Muchas mujeres ya no usaban velo y algunas estudiantes se ponían pantalones, pero todavía existía esa firme línea fronteriza que durante milenios separó a los sexos. La sensualidad impregnaba el aire, flotaba como el olor a manteca de cordero, el calor del mediodía y el canto del muecín convocando a la oración desde el alminar. El deseo, la lujuria, lo prohibido...
Las niñas no salían solas y los niños también debían cuidarse.
Mi padrastro les entregó largos alfileres de sombrero a mis hermanos, para que se defendieran de los pellizcos en la calle. En el recreo del colegio pasaban de mano en mano foto-novelas editadas en la India con traducción al francés, una versión muy manoseada de 'El amante de Lady Chatterley' y pocket-books sobre las orgías de Calígula. Mi padrastro tenía 'Las 'Mil y Una Noches' bajo llave en su armario, pero yo descubrí la manera de abrir el mueble y leer a escondidas trozos de esos magníficos libros de cuero rojo con letras de oro.
Me zambullí en el mundo sin retorno de la fantasía, guiada por huríes de piel de leche, genios que habitaban en las botellas y príncipes dotados de un inagotable entusiasmo para hacer el amor. Todo lo que había a mi alrededor invitaba a la sensualidad y mis hormonas estaban a punto de explotar como granadas, pero en Beirut vivía prácticamente encerrada. Las niñas decentes no hablaban siquiera con muchachos, a pesar de lo cual tuve un amigo, hijo de un mercader de alfombras, que me visitaba para tomar Coca-Cola en la terraza.
Era tan rico, que tenía motoneta con chófer. Entre la vigilancia de mi madre y la de su chófer, nunca tuvimos ocasión de estar solos. Yo era plana. Ahora no tiene importancia, pero en los cincuenta eso era una tragedia, los senos eran considerados la esencia de la feminidad. La moda se encargaba de resaltarlos: sweater ceñido, cinturón ancho de elástico, faldas infladas con vuelos almidonados. Una mujer pechugona tenía el futuro asegurado. Los modelos eran Jane Mansfield, Gina Lollobrigida, Sofía Loren. Qué podía hacer una chica sin pechos? Ponerse rellenos. En 1958 el Líbano estaba amenazado por la guerra civil.
Después de la crisis del Canal de Suez se agudizaron las rivalidades entre los sectores musulmanes, inspirados en la política pan arábiga de Gamal Abder Nasser, y el gobierno cristiano. El Presidente Camile Chamoun pidió ayuda a Eisenhower y en julio desembarcó la VI Flota norteamericana. De los portaaviones desembarcaron cientos de marines bien nutridos y ávidos de sexo. Los padres redoblaron la vigilancia de sus hijas, pero era imposible evitar que los jóvenes se encontraran. Me escapé del colegio para ir a bailar con los yanquis. Experimenté la borrachera del pecado y del rockn'roll. Por primera vez mi escaso tamaño resultaba ventajoso, porque con una sola mano los fornidos marines podían lanzarme por el aire, darme dos vueltas sobre sus cabezas rapadas y arrastrarme por el suelo al ritmo de la guitarra frenética de Elvis Presley. Entre dos volteretas recibí el primer beso de mi carrera y su sabor a cerveza y a Ketchup me duró dos años. Los disturbios en el Líbano obligaron a mi padrastro a enviar a los niños de regreso a Chile. Otra vez viví en la casa de mi abuelo.
A los quince años, cuando planeaba meterme a monja para disimular que me quedaría solterona, un joven me distinguió por allí abajo, sobre el dibujo de la alfombra, y me sonrió. Creo que le divertía mi aspecto. Me colgué de su cintura y no lo solté hasta cinco años después, cuando por fin aceptó casarse conmigo.
La píldora anticonceptiva ya se había inventado, pero en Chile todavía se hablaba de ella en susurros. Se suponía que el sexo era para los hombres y el romance para las mujeres, ellos debían seducirnos para que les diéramos la prueba de amor' y nosotras debíamos resistir para llegar 'puras' al matrimonio, aunque dudo que muchas lo lograran. No sé exactamente cómo tuve dos hijos. Y entonces sucedió lo que todos esperábamos desde hacía varios años. La ola de liberación de los sesenta recorrió América del Sur y llegó hasta ese rincón al final del continente donde yo vivía. Arte pop, mini-falda, droga, sexo, bikini y los Beatles. Todas imitábamos a Brigitte Bardot, despeinada, con los labios hinchados y una blusita miserable a punto de reventar bajo la presión de su feminidad.
De pronto un revés inesperado: se acabaron las exuberantes divas francesas o italianas, la moda impuso a la modelo inglesa Twiggy, una especie de hermafrodita famélico. Para entonces a mí me habían salido pechugas, así es que de nuevo me encontré al lado opuesto del estereotipo. Se hablaba de orgías, intercambio de parejas, pornografía. Sólo se hablaba, yo nunca las vi. Los homosexuales salieron de la oscuridad, sin embargo yo cumplí 28 años sin imaginar cómo lo hacen.
Surgieron los movimientos feministas y tres o cuatro mujeres nos sacamos el sostén, lo ensartamos en un palo de escoba y salimos a desfilar, pero como nadie nos siguió, regresamos abochornadas a nuestras casas. Florecieron los hippies y durante varios años anduve vestida con harapos y abalorios de la India. Intenté fumar mariguana pero después de aspirar seis cigarros sin volar ni un poco, comprendí que era un esfuerzo inútil. Paz y amor. Sobre todo amor libre, aunque para mí llegaba tarde, porque estaba irremisiblemente casada.
Mi primer reportaje en la revista donde trabajaba fue un escándalo. Durante una cena en casa de un renombrado político, alguien me felicitó por un artículo de humor que había publicado y preguntó si no pensaba escribir algo en serio. Respondí lo primero que me vino a la mente: sí, me gustaría entrevistar a una mujer infiel. Hubo un silencio gélido en la mesa y luego la conversación derivó hacia la comida. Pero a la hora del café la dueña de casa -treinta y ocho años, delgada, ejecutiva en una oficina gubernamental, traje Chanel- me llevó aparte y me dijo que sí le juraba guardar el secreto de su identidad, ella aceptaba ser entrevistada.
Al día siguiente me presenté en su oficina con una grabadora.
Me contó que era infiel porque disponía de tiempo libre después de almuerzo, porque el sexo era bueno para el ánimo, la salud y la propia estima y porque los hombres no estaban tan mal, después de todo. Es decir, por las mismas razones de tantos maridos infieles, posiblemente el suyo entre ellos. No estaba enamorada, no sufría ninguna culpa, mantenía una discreta garçonière que compartía con dos amigas tan liberadas cómo ella
Mi conclusión, después de un simple cálculo matemático, fue que las mujeres son tan infieles como los hombres, porque sino ¿con quién lo hacen ellos? No puede ser solo entre ellos o todos siempre con el mismo puñado de voluntarias. Nadie perdonó el reportaje, como tal vez lo hubieran hecho si la entrevistada tuviera un marido en silla de ruedas y un amante desesperado. El placer sin culpa ni excusas resultaba inaceptable en una mujer.
A la revista llegaron cientos de cartas insultándonos. Aterrada, la directora me ordenó escribir un artículo sobre 'la mujer fiel'. Todavía estoy buscando una que lo sea por buenas razones. Eran tiempos de desconcierto y confusión para las mujeres de mi edad. Leíamos el Informe Kinsey, el Kamasutra y los libros de las feministas norteamericanas, pero no lográbamos sacudirnos la moralina en que nos habían criado
Los hombres todavía exigían lo que no estaba dispuestos a ofrecer, es decir, que sus novias fueran vírgenes y sus esposas castas. Las parejas entraron en crisis, casi todas mis amistades se separaron.
En Chile no hay divorcio, lo cual facilita las cosas, porque la gente se separa y se junta sin trámites burocráticos. Yo tenía un buen matrimonio y drenaba la mayor parte de mis inquietudes en mi trabajo. Mientras en la casa actuaba como madre y esposa abnegada, en la revista y en mi programa de televisión aprovechaba cualquier excusa para hacer en público lo que no me atrevía a hacer en privado, por ejemplo, disfrazarme de corista, con plumas de avestruz en el trasero y una esmeralda de vidrio pegada en el ombligo. En 1975 mi familia y yo abandonamos Chile, porque no podíamos seguir viviendo bajo la dictadura del General Pinochet. El apogeo de la liberación sexual nos sorprendió en Venezuela, un país cálido, donde la sensualidad se expresa sin subterfugios.
En las playas se ven machos bigotudos con unos bikinis diseñados para resaltar lo que contienen. Las mujeres más hermosas del mundo (ganan todos los concursos de belleza), caminan por la calle buscando guerra, al son de una música secreta que llevan en las caderas.
En la primera mitad de los 80 no se podía ver ninguna película, excepto las de Walt Disney, sin que aparecieran por lo menos dos criaturas copulando. Hasta en los documentales científicos había amebas o pingüinos que lo hacían. Fui con mi madre a ver 'El Imperio de los Sentidos' y no se inmutó.
Mi padrastro les prestaba sus famosos libros eróticos a los nietos, porque resultaban de una ingenuidad conmovedora comparados con cualquier revista que podían comprar en los kioscos. Había que estudiar mucho para salir airosa de las preguntas de los hijos (mamá ¿qué es pedofilia?) y fingir naturalidad cuando las criaturas inflaban condones y los colgaban como globos en las fiestas de cumpleaños. Ordenando el closet de mi hijo adolescente encontré un libro forrado en papel marrón y con mi larga experiencia adiviné el contenido antes de abrirlo.
No me equivoqué, era uno de esos modernos manuales que se cambian en el colegio por estampas de futbolistas.
Al ver a dos amantes frotándose con mousse de salmón me di cuenta de todo lo que me había perdido en la vida. ¡Tantos años cocinando y desconocía los múltiples usos del salmón! ¿En que habíamos estado mi marido y yo durante todo ese tiempo? Ni siquiera teníamos un espejo en el techo del dormitorio.
Decidimos ponernos al día, pero después de algunas contorsiones muy peligrosas -como comprobamos más tarde en las radiografías de columna- amanecimos echándonos linimento en las articulaciones, en vez de mousse en el punto G. Cuando mi hija Paula terminó el colegio entró a estudiar Psicología con especialización en sexualidad humana. Le advertí que era una imprudencia, que su vocación no sería bien comprendida, no estábamos en Suecia. Pero ella insistió. Paula tenia un novio siciliano cuyos planes eran casarse por la iglesia y engendrar muchos hijos, una vez que ella aprendiera a cocinar pasta. Físicamente mi hija engañaba a cualquiera, parecía una virgen de Murillo, grácil, dulce, de pelo largo y ojos lánguidos, nadie imaginaría que era experta en esas cosas.
En medio del Seminario de Sexualidad yo hice un viaje a Holanda y ella me llamó por teléfono para pedirme que le trajera cierto material de estudio. Tuve que ir con una lista en la mano a una tienda en Ámsterdam y comprar unos artefactos de goma rosada en forma de plátanos. Eso no fue lo más bochornoso. Lo peor fue cuando en la aduana de Caracas me abrieron la maleta y tuve que explicar que no eran para mí, sino para mi hija.
Paula empezó a circular por todas partes con una maleta de juguetes pornográficos y el siciliano perdió la paciencia. Su argumento me pareció razonable: no estaba dispuesto a soportar que su novia anduviera midiéndole los orgasmos a otras personas. Mientras duraron los cursos, en casa vimos videos con todas las combinaciones posibles: mujeres con burros, parapléjicos con sordomudas, tres chinas y un anciano, etc.
Venían a tomar el té transexuales, lesbianas, necrofílicos, onanistas, y mientras la virgen de Murillo ofrecía pastelitos, yo aprendía cómo los cirujanos convierten a un hombre en mujer mediante un trozo de tripa.
La verdad es que pasé años preparándome para cuando nacieran mis nietos. Compré botas con tacones de estilete, látigos de siete puntas, muñecas infladas con orificios practicables y bálsamos afrodisíacos, aprendí de memoria las posiciones sagradas del erotismo hindú y cuando empezaba a entrenar al perro para fotos artísticas, apareció el Sida y la liberación sexual se fue al diablo. En menos de un año todo cambió. Mi hijo Nicolás ya se cortó los mechones verdes que coronaban su cabeza, se quitó sus catorce alfileres de las orejas y decidió que era más sano vivir en pareja monogámica. Paula abandonó la sexología, porque parece que ya no era rentable, y en cambio se propuso hacer una maestría en educación cognoscitiva y aprender a cocinar pasta con la esperanza de encontrar otro novio.
Lo encontró, se casaron y luego vino la muerte y se la llevó, pero esa es otra historia. Yo compré ositos de peluche para los futuros nietos, me comí­ la mousse de salmón y ahora cuido mis flores y mis abejas. Isabel Allende