miércoles, 12 de abril de 2017

Cultura, Virtud y Política en la Masonería

Cultura, Virtud y Política en la Masonería




¿Existe una cultura masónica?

Cultura masónica: Si por cultura entendemos un cúmulo de conocimiento cosechados a través del cultivo y ejercitación de las facultades intelectuales, es obvio que el trabajo intelectual que se realiza en las Logias, a través del tiempo va haciendo que sus integrantes sean compenetrados de determinados valores humanos que, si bien en parte ya pertenecían al bagaje cultural de cada individuo al ingresar a la Institución, se han visto reforzados, pulidos y ampliados con el aporte mutuo del trabajo en Logia, lo que se manifiesta en la inconfundible conducta del masón, tanto privada como pública y en este sentido, cabe hablar de cultura masónica.

Y esa cultura, ¿está al alcance de todos?

La cultura masónica está al alcance de cualquier persona de bien y con inquietudes que lo capaciten para integrarse a un movimiento cultural en el que se busca el perfeccionamiento del individuo por medio del debate de temas filosóficos, políticos, humanistas, etc., en este sentido la Masonería no está limitada a supergenios o superdotados, los masones somos hombres de la calle, trabajadores en las más variadas actividades a los que nos caracteriza nuestro afán de mejoramiento moral, espiritual e intelectual tanto individual como colectivo.

¿Cuál es la virtud de los masones?

Los masones entendemos que la virtud es la capacidad de hacer el bien en su más amplio sentido y el cumplimiento de nuestros deberes para con la familia y la sociedad sin egoísmo ni vanidad. La Masonería enseña a practicar la virtud como calidad suprema de la moral y como lealtad de la conducta para con el ideal, que debe conducir hasta el sacrificio como sea necesario para el cumplimiento del deber. Considera la virtud como una realización siempre perfectible, porque sabe que el hombre no es invulnerable a las tentaciones y debilidades, pero el permanente esfuerzo del espíritu se convierte en eficaz baluarte de la virtud.

¿Cómo actúa la Masonería en Política?

La Masonería no es una asociación política ni puede confundir su actividad con la de ningún partido político, pero el masón no debe estar al margen de los grandes problemas políticos de los pueblos y del mundo entero. En el seno de la Masonería conviven hombres de diversos partidos democráticos y de diversas concepciones sociológicas, mientras sean respetuosos y tolerantes.
Generalmente, por ignorancia o mala fe, se asocia a la Masonería en acciones políticas determinadas. En realidad, es la tarea del hombre masón imbuído de nuestros principios e ideales, quien actua protagónicamente para promover los grandes movimientos transformadores de la humanidad.
Tanto la Revolución Francesa, como la lucha por la emancipación de los pueblos coloniales de nuestra América, hasta la estructura jurídico política de República que adoptaron todas sus Constituciones, llevan el innegable sello de las ideas y acciones masónicas.
El masón conserva fuera de la Logia toda su libertad de ciudadano y puede dedicar el ardor de su entusiasmo al servicio de sus ideales. Los masones, como tales, no irrumpimos a la vida pública como institución.

Profanos con Mandil

Es un hecho innegable que la Mas:. atraviesa un período de degeneración muy profundo (como muy bien señaló René Guénon mismo) y de que muchas de las LLog.·. se han llenado de profanos con mandil que desconocen y niegan absolutamente todo en materia de auténticas tradiciones espirituales masónicas.

Y al decir profanos con mandil me refiero a muchos HH.·. con muchos años en la Ord.·. y altos GGr.·. y DDign.·. que no han incorporado en realidad casi nada de lo que es la esencia de la Mas.·.
El espíritu que impregna hoy a la mayoría de los HH.·. MM.·. es el de un racionalismo de pacotilla, pronto a negarlo todo en lo que hace a los valores del espíritu. Actitud autocontradictoria y propia de necios pues si todo lo niegan que sentido tiene conservar Rituales, Símbolos, Palabras Sagradas? Bastaría con reunirse a charlar y a comer libremente sin pizca de ceremonia. Todo esto va acompañado, como era inevitable, incluso de una pérdida de moral y de fraternidad muy visible. Ello, desde luego, era esperable pues la moral tiene su fundamento en la aceptación de un Principio Superior del que ella deriva y obtiene su razón de ser. Si se niega a este Principio (como sucede en los hechos en círculos masónicos cada vez más amplios, los que gustan de autodenominarse racionalistas y ateos o al menos agnósticos) la moral se torna nada más que una regla práctica de convivencia, desde luego absolutamente desacralizada. Y ello es garantía segura de corta y endeble vida para ella…
Y año trás año llegan oleadas de neófitos desprevenidos buscando Luz que pronto adoptan (o se les impone) ese espíritu de negación y subversión imperante en tantos TTall.·. . De persistir esto todo indica que la Mas:. va camino de convertirse en un centro antitradicional e incluso contrainiciático con todo lo que ello supone.

Profanos con mandil: El único remedio que cabría esperar es que surjan más y más reacciones vigorosas y saludables que conduzcan a la creación de nuevas TTall.·. y OObed.·. que recuperen el espíritu tradicional y el sentido iniciático de la Mas.·. de los HH.·. Operativos.

De no retornar a los viejos moldes e ideales está claro que la Mas.·. está irremisiblemente perdida para la causa del espíritu. Cuando se recupere el sentido de los símbolos y se asigne el verdadero valor a las palabras habrá posibilidad de que una nueva gran aurora ilumine con esplendor el Or.·.
Supongamos que un señor pasa por una iglesia y decide entrar. Pero una vez adentro comienzan las sorpresas. Aparece un individuo vestido de cura, sube al púlpito y comienza a perorar en favor del racionalismo cartesiano y del positivismo comtiano además de declararse agnóstico.
Mirando a los confesionarios el protagonista de nuestra historia se da cuenta que en realidad estos están pintados en la pared y que nadie de los que interroga allí al respecto sabe para que servían o como se usaban en el pasado. Observa luego la pila de agua bendita y ve que se la usa ahora para vender golosinas. A esta altura nuestro piadoso señor dice: Basta! (y algunas cosas más) y sale de allí furioso.
Si esto resultaría escandaloso y chocante en el orden exotérico imaginemos lo que es transpuesto al orden iniciático. Pues, en definitiva, tal cosa es exactamente lo que sucede en gran parte de la Masonería. Se ha perdido en enorme medida la esencia y las tradiciones de la Orden y solo se conservan las formas exteriores ya desprovistas de significado y con su espíritu o esencia totalmente alterado. Y el que denuncia este estado tan vergonzoso y decadente de cosas inmediatamente es tildado de delirante, ocultista, irracional, intolerante, sectario,… La desverguenza es grande y se ha llegado a falsear lo que resta de lo mucho que se ha olvidado y perdido:
palabras, definiciones, sentidos,…
En suma que se ha alterado y corrompido lo más sagrado y lo más valioso. Se ha venido impregnando la mente de los HH.·. con ideas antitradicionales plenas de esa actitud de negación y subversión que denunciaba Guénon. Y todo este proceso ha avanzado en tal grado y medida que el estado actual de cosas se ha tornado prácticamente irreversible.
El G.·.A.·.D.·.U.·. ha pasado a ser un mero símbolo al que cabe a lo sumo reverenciar u honrar pero de ningún modo adorar. Y, desde luego, eso equivale no solo a desacralizar la Ord:. por completo sino a preparar el terreno para que cosas cada vez más bajas tomen el lugar de las más elevadas. El Libro de la Ley Sagrada a menudo falta en el ara y se abren los trabajos a simple golpe de mallete…
La única esperanza es que se recupere vigorosamente por parte de los jóvenes el espíritu tradicional y se recentren las voluntades en construir el Templo Interior. Unica forma de acabar con tanta soberbia, con tanta ignorancia y con tanta ceguera espiritual. Y de erradicar para siempre el sofisma necio de que el ser humano se mejora y se eleva de afuera hacia adentro. La realidad es exactamente lo opuesto y quien desee regenerar la sociedad debe siempre comenzar por él mismo.

martes, 11 de abril de 2017

El hombre moderno ante las iniciaciones tradicionales

 

Eso no significa que no hayan existido, ni que no sigan existiendo, pequeños grupos que intenten revivir el significado “esotérico” de las instituciones de la Iglesia católica.


El intento del escritor J. K. Huysmans es el más conocido, pero no el único. Esos esfuerzos no han encontrado casi respuesta fuera de los círculos restringidos de escritores y ocultistas aficionados. Es cierto que durante los últimos treinta años, más o menos, las autoridades católicas han mostrado mucho interés en imágenes, símbolos y mitos. Pero se debe sobre todo al reavivamiento del movimiento litúrgico, al renovado interés en la patrología griega y a la cada vez mayor importancia concedida a la experiencia mística. Ninguna de esas tendencias fue iniciada por un grupo esotérico. Por el contrario, resulta evidente que la Iglesia de Roma tiene el mismo deseo que las Iglesias protestantes de vivir en la historia y de preparar a sus seguidores para enfrentarse a los problemas de la historia contemporánea. Aunque muchos sacerdotes católicos se muestran hoy en día más interesados en el estudio de los símbolos que hace treinta años, no es en el sentido en que Huysmans y sus amigos insistían, sino a fin de entender mejor las dificultades y crisis de sus feligreses. Ésa es la misma razón por la que tantos clérigos de las diversas denominaciones cristianas estudian y aplican el psicoanálisis.El hombre moderno no cuenta con ninguna iniciación de tipo tradicional. Existen ciertos temas iniciáticos que sobreviven en el cristianismo; pero las diversas denominaciones cristianas no los consideran como poseedores de valores iniciáticos. Los rituales, imaginería y terminología tomados de los misterios de la antigüedad tardía han perdido su aura iniciática; durante quince siglos formaron una parte integral del simbolismo y ceremonial de la Iglesia.
Sin duda, hoy en día existe un número considerable de sectas ocultas, sociedades secretas, grupos pseudoiniciáticos, movimientos herméticos o neoespiritualistas, y otros por el estilo. La Sociedad Teosófica, la antroposofía, el neovedantismo, y el neo-budismo no son sino las expresiones más conocidas de un fenómeno cultural que tiene lugar en todo el mundo occidental. No se trata de un fenómeno nuevo.
El único movimiento “secreto” que exhibe una cierta consistencia ideológica, que ya cuenta con una historia y que disfruta de prestigio social y político es la francmasonería. El resto de las supuestas organizaciones son, en su mayor parte, recientes e improvisaciones híbridas y su interés es primordialmente sociológico y psicológico; ilustran la desorientación de una parte del mundo moderno, el deseo de hallar un sustituto de la fe religiosa. También ilustran la indómita inclinación hacia los misterios, lo oculto, el más allá…, una inclinación que es parte integral del ser humano y que puede hallarse en todas las épocas y en todos los niveles culturales.
No todas las organizaciones secretas, y esotéricas del mundo moderno incluyen ritos de entrada o ceremonias de iniciación. La iniciación suele reducirse a la instrucción obtenida de un libro (el número de libros y publicaciones iniciáticas que aparecen en el mundo es sorprendente). En cuanto a los grupos ocultistas que requieren de una iniciación formal, lo poco que se sabe de ellos demuestra que sus “ritos” son, o bien puras invenciones, o que están inspirados en ciertos libros que supuestamente contienen preciadas revelaciones concernientes a las iniciaciones de la antigüedad. Con frecuencia, esos llamados ritos iniciáticos denotan una pobreza espiritual deplorable. El hecho de que quienes los practican los consideren medios infalibles para alcanzar una gnosis suprema demuestra hasta qué punto el hombre moderno ha perdido todo sentido de lo que significa una iniciación tradicional. Pero el éxito de estas empresas también prueba una profunda necesidad humana de regeneración, de participación en la vida del espíritu. Desde un punto de vista, las sectas y grupos pseudoiniciáticos realizan una función positiva, ya que ayudan al hombre moderno a hallar un significado espiritual a su existencia drásticamente desacralizada. Un psicólogo podría incluso decir que la extremada falsedad de esos pretendidos ritos iniciáticos es de escasa importancia, ya que el hecho importante sería que la psique profunda del participante recupera un cierto equilibrio a través de ellos.
Los temas iniciáticos permanecen vivos sobre todo en el inconsciente del hombre moderno. Esa opinión viene confirmada no sólo por el simbolismo iniciático de ciertas creaciones artísticas -poemas, novelas, obras plásticas, películas-, sino también por su aceptación pública. Una aceptación tan masiva y espontánea demuestra, me parece a mí, que, en lo profundo de su ser, el hombre moderno sigue siendo capaz de dejarse impresionar por escenarios o mensajes iniciáticos. Es posible encontrar temas iniciáticos incluso en la terminología utilizada para interpretar dichas obras. Por ejemplo, tal o cual libro o película se diría que redescubre los mitos y pruebas del héroe en busca de la inmortalidad, que toca el misterio de la redención del mundo, para revelar los secretos de la regeneración a través de la mujer o el amor, y otras cosas por el estilo.
No resulta sorprendente que los críticos se muestren cada vez más atraídos por las implicaciones religiosas y, sobre todo, por el simbolismo iniciático de las obras literarias modernas. La literatura juega una parte importante en la civilización contemporánea. El mismo leer, como distracción y escape del presente histórico, constituye uno de los rasgos característicos del hombre moderno. Por ello no sólo es natural que el hombre moderno busque satisfacer sus necesidades religiosas suprimidas o inadecuadamente satisfechas, mediante la lectura de ciertos libros que, aunque en apariencia “seculares”, de hecho contienen ciertas figuras mitológicas camufladas como personajes contemporáneos y que ofrecen escenarios iniciáticos bajo la apariencia de sucesos cotidianos.
La iniciación reside en el núcleo de cualquier vida humana genuina. Y eso es así por dos razones. La primera es que cualquier vida humana genuina implica crisis profundas, ordalías, sufrimiento, pérdida y reconquista del yo, “muerte y resurrección”. La segunda es que, sea cual sea el grado de satisfacción que le haya reportado, en un cierto momento todo hombre considera su vida como un fracaso. Esta visión no surge de un enjuiciamiento moral acerca de su pasado, sino de la turbia sensación de que ha errado en su vocación; que ha traicionado lo mejor que había en él. En esos momentos de total crisis, sólo una esperanza parece ofrecer una salida: la esperanza de empezar a vivir de nuevo. Eso significa, en pocas palabras, que el hombre que experimenta dicha crisis sueña con una vida nueva, regenerada, totalmente realizada y significativa. Eso es diferente y bastante más que el oscuro deseo de toda alma humana de renovarse a sí misma periódicamente, de igual manera que se renueva el cosmos. La esperanza y el sueño de esos momentos de total crisis es obtener una renovado total y definitiva, una renovación capaz de transmutar la vida. Una renovación así es el resultado de toda conversión religiosa auténtica y genuina.
Pero las conversiones genuinas y definitivas resultan comparativamente escasas en las sociedades modernas. Para nosotros resulta muy significativo que incluso, a veces, los hombres no religiosos, en lo profundo de su ser, sientan el deseo de este tipo de transformación espiritual, que en otras culturas constituye el auténtico objetivo de la iniciación. No nos compete a nosotros determinar hasta qué punto las iniciaciones tradicionales satisfacían sus promesas. El hecho que nos importa es que proclamaban su intención y afirmaban contar con los medios para transmutar la vida humana. La nostalgia de una renovación iniciática que surge de manera esporádica desde lo más profundo del hombre moderno no religioso nos parece muy significativa. Da la impresión de representar la formulación moderna del eterno anhelo del hombre por hallar un significado positivo a la muerte, por aceptar la muerte como un rito de paso hacia un modo de ser más elevado. Si podemos afirmar que la iniciación constituye una dimensión específica de la existencia humana, es sobre todo porque sólo en la iniciación se otorga un valor positivo a la muerte. La muerte prepara el nuevo nacimiento netamente espiritual, un acceso a un modo de ser no sujeto a la acción destructora del tiempo.
Fuente: Mircea Eliade, Epílogo a “Birth and Rebirth”, traducido al español como “Nacimiento y renacimiento; el significado de la iniciación en la cultura humana” y también “Iniciaciones Místicas”.

Bibliografía
Historia de las religiones y simbología
Historia de las creencias y las ideas religiosas:
Volumen I: De la edad de piedra a los misterios de Eleusis
Volumen II: De Gautama Buda al triunfo del cristianismo
Volumen III: De Mahoma a la era de las Reformas
Volumen IV: Desde la época de los descubrimientos hasta nuestros días
Una nueva filosofía de la luna
Metodología de la historia de las religiones
El chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis
Tratado de historia de las religiones. Morfología y dialéctica de lo sagrado
Bajo el signo de Zalmoxis
Dioses, Diosas y Mitos de la Creación:
Volumen I: De los primitivos al zen
Volumen II: El hombre y lo sagrado
Volumen III: La muerte, la vida después de la muerte y la escatología
Volumen IV: De brujos, adivinos y profetas
Diccionario de las religiones
La isla de Eutanasius
Fragmentarium
Erotismo místico en la India
El Yoga. Inmortalidad y libertad
Herreros y alquimistas
Mefistófeles y el andrógino
Nacimiento y renacimiento
Mitos, sueños y misterios
Aspectos del mito
Técnicas del yoga
El vuelo mágico
El mito del eterno retorno
Imágenes y símbolos
Mito y realidad
La búsqueda. Historia y sentido de las religiones
Lo sagrado y lo profano
Ocultismo, brujería y modas culturales
La India
Cosmología y alquimia babilónicas
Alquimia asiática
Patañjali y el yoga

Escritos Autobiográficos
Diario (1945-1969)
Diario Portugués (1941-1945)
Diario íntimo de la India (1929-1931)

lunes, 10 de abril de 2017

MASONERÍA

Para los historiadores, la masonería nació en 1717 gracias a los pastores protestantes ingleses James Anderson y J. T. Desaguliers, pero es lógico que sus ritos y creencias estuvieran inspiradas en creencias muy anteriores cuyos orígenes siguen en disputa ¿Proceden acaso de los Antiguos Misterios Paganos, del templo del Rey Salomón, de los Templarios o de los Masones Operativos de la Edad Media?

En el Museo Británico se conservan dos de los documentos masónicos más antiguos que se conocen. Parecen remontarse a 1390 y 1450 respectivamente. El primero recibe el nombre de Manuscrito Regius, y el segundo es llamado Manuscrito Matthew Cooke. Tiene dos partes, conocidas como “la Historia” y “los Cargos Antiguos”, que formaban parte de las Regulaciones generales masónicas compiladas en 1720, y que James Anderson utilizó también como material de referencia en sus Constituciones tres años antes. En el mejor de los casos, entonces, las primeras menciones masónicas datan del siglo XIV. ¿Es esa la antigüedad de la poderosa sociedad o existe un origen anterior, mítico y misterioso?

Estética salomónica

El ocultista pionero Eliphas Levi nos recuerda una leyenda masónica que relaciona los orígenes de esta institución con un manuscrito del siglo VIII sobre la construcción del templo de Salomón y su arquitecto Hiram Abiff.
El mítico templo era un auténtico tratado de geometría que reproducía en sus estructuras simbólicas los diferentes planos o niveles del cosmos. Su verdadera importancia es más bien alegórica. Así, esta construcción no sería más que una reproducción de la bóveda celeste donde el Sol es el rey y el altar apuntaría a la constelación de Aries. Algo que queda patente en la Epístola a los hebreos (9,24) cuando dice que “no entró Cristo en un santuario hecho por la mano del hombre, imagen del verdadero, sino en el cielo mismo”.
Aún hoy, la decoración de las logias masónicas representa en su techo la bóveda celeste y, a su alrededor están los signos del zodiaco. LaBiblia dice que para la construcción del templo de Jerusalén fueron necesarios 153.300 trabajadores, divididos jerárquicamente en tres grados: 70.000 aprendices, 80.000 oficiales o compañeros y 3.300 maestros. Asegura la leyenda que se reconocían entre sí por medio de palabras secretas, señales y toques, diferentes para cada categoría. Según la tradición masónica, Hiram completó la construcción del templo en siete años y, después, fue asesinado a golpes. “Cuando la construcción del templo de Salomón llegaba a su fin (explica a AÑO/CERO el erudito masónico Mario Pérez Ruiz), tres compañeros desearon conocer los secretos de los maestros y así disfrutar de ese grado y al no conocer la palabra secreta asesinaron a golpes a Hiram Abiff”.
Los asesinos enterraron el cadáver lejos de Jerusalén y Salomón ordenó que nueve maestros lo buscaran. Y lo hallaron. Para reconocer el lugar donde fue sepultado plantaron allí una rama de acacia.
El relato de la muerte de Hiram guarda relación simbólica con Osiris. El arquitecto del templo de los judíos fue asesinado en la puertaoccidental del templo, que es donde se pone el Sol. En la mitología egipcia los Salones del Amenti, regidos por el dios de la muerte y la reencarnación, están situados, también, en Occidente. Osiris se levanta de entre los muertos en el norte, que en la mitología egipcia está regida por Leo. Hiram Abiff es levantado de entre los muertos mediante un estrechamiento de manos masónico denominado la presa del león. Y, finalmente, tanto en los misterios masónicos como en los egipcios el “dios” que ha resucitado es enterrado en una colina y señalizado con un árbol.
La entrada al templo de Salomón estaba flanqueada por dos columnas conocidas con los nombres de Jachim y Boaz, a la guisa de los obeliscos que hacían lo propio en los templos egipcios. Las inscripciones que se hallan, por ejemplo, en el obelisco egipcio situado en el Central Park de Nueva York, mostrarían símbolos masónicos de tiempos de Tutmosis III. Lawrence Gardner asegura que Hiram Abiff retomó la costumbre egipcia de situar pilares a la entrada de los templos cuando situó Jachin y Boaz en el Templo de Salomón. Su interior era hueco y estaba pensado así para salvaguardar los archivos y los textos de las normas de los constructores.
Para los historiadores masónicos no es coincidencia: “Toda luz viene de Oriente; toda iniciación de Egipto“, dejó escrito Cagliostro, fundador del Rito de la masonería egipcia. Hoy, el recuerdo de la luz de Egipto sigue fascinando a muchos masones, que no dejan de soñar con el esplendor y la perfección de las pirámides o los templos de la civilización faraónica.

Sufíes, sabeos y templarios

No obstante (nos recuerda Gérard Galtier) para la mayoría de francmasones, la Tierra Santa es la de Jerusalén y lo que convendría reconstruir es el templo de esa ciudad. Y es que, en efecto, Salomón guarda la llave que permite abrir los secretos de la moderna francmasonería. Ya desde el siglo XVIII, varios autores sugirieron que el origen de la masonería había que buscarlo en los templarios. Según las teorías de estos estudiosos, esta fraternidad de monjes-guerreros fundada en 1118 habría permanecido encerrada nueve años en el templo de los judíos y tras una rápida expansión por Europa habría sido responsable de la financiación de buena parte de las catedrales góticas. ¿Acaso el movimiento masónico tomó su iniciativa de los templarios?
El célebre escritor Robert Graves deduce que la masonería fue introducida en Europa, y concretamente en Escocia, bajo la apariencia de un gremio de artesanos gracias a los templarios. Esta Orden habría recuperado en Tierra Santa abundante documentación islámica y judía, de ahí que algunos especialistas perciban en las enseñanzas masónicas cierta influencia sufí.
El traductor de las Mil y una noches, Sir Richard Burton, definió al sufismo como el pariente oriental de la masonería. Más lejos llega Idries Shah al concluir que “Boaz” y Salomón no fueron israelitas sino arquitectos sufíes. De hecho, Salomón es venerado por el Islam como un profeta. Pero Jorge Blaschke y Santiago Río aclaran que los sufíes no son su origen primigenio. Las raíces de sus enseñanzas radicarían en los sabeos, una secta de artesanos y comerciantes que profesaban una doctrina helenística atribuida a Hermes y que se concentraron en la Alta Mesopotamia y al noroeste de Alepo entre los siglos IX y XI. Practicaban un comunismo iniciático que propagaba un ritual de compañerismo, un entendimiento entre cuerpos de un mismo oficio. En su opinión, la reforma de la masonería en Londres, a principios del siglo XVIII, cometió un grave error, ya que confundió con hebreos los términos sarracenos, desvirtuando la antigua tradición sufí.

Constructores de catedrales

Pero la mayoría de historiadores coincide en que los inicios de la masonería radican en las corporaciones de oficios y constructores medievales. Hablamos de hombres que interpretaban en un sentido muy sutil esa pedagogía de masas que la Iglesia pone en marcha en función de lapiedra, ese arte ilustrativo que trataba de transmitirle al pueblo lo que no podía leer porque no sabía, explica Eduardo R. Callaey. “Cuando ves un pórtico románico es un libro que trata de transmitir cosas. A lo largo de la historia de la humanidad construir siempre ha tenido una connotación sagrada porque lo que se erigían eran templos. Lo demás no ha perdurado. Lo que ha llegado hasta nosotros es la piedra de los zigurats, las pirámides, los grandes templos de Oriente. Por lo tanto, siempre hubo una connotación sagrada en el oficio de construir”. En su opinión, esa responsabilidad recayó durante el Medievo en las órdenes monásticas y, en especial, en la benedictina (ver entrevista). En efecto, bajo la dirección de los grandes abades aparecerán las primeras expresiones de una arquitectura renovada que mostrará sus posibilidades en el arte románico y estallará con toda su potencia en el gótico. Bajo su protección encontraremos también las primeras evidencias de una masonería primitiva, fruto de la renovación del conocimiento y las técnicas de la construcción.
Los benedictinos primero y más tarde los cistercienses, dominarán la construcción. Cada convento es una colonia donde, además de dedicarse a la práctica de la piedad, se estudian las lenguas, la teología y la filosofía, se ocupan activamente de la agricultura y se ejercitan y enseñan todos los oficios. Los abades trazan los planos y dirigen su construcción, estableciendo de este modo una corriente de inteligencia entre los conventos.
Si Callaey está en lo cierto, la espiritualidad de Occidente subyace en las raíces del esoterismo judeocristiano y el trabajo iniciático de refinar la “piedra bruta” “símbolo central de la doctrina masónica” encuentra un antecedente directo en la acción de “cuadrar la piedra”, planteada por los grandes maestros benedictinos como alegoría de la construcción del “hombre espiritual”, apto para la tarea de erigir sobre la Tierra el reflejo de la Ciudad Sagrada, la mítica Jerusalén Celeste. Esto no deja de ser una tremenda ironía a la luz de la actitud combativa que siempre ha demostrado la Iglesia frente a la masonería.
Para demostrarlo, el historiador argentino esgrime fuentes de época y escritos históricos, como un manuscrito de Wilhelm de Hirsau, uno de los más grandes abades constructores de la Orden Benedictina en el siglo XI, en el que se hace referencia al mandil y a su profunda significación.
Xavier Casinos asegura que los masones gozaban además de privilegios que no tenían otros artesanos, como la libertad o franquicia de trasladarse de un lugar a otro para realizar su trabajo. Por eso se les llamaba también francmasones o freemasons (albañiles libres). Esa movilidad, en cualquier caso, dio lugar a los signos secretos, con objeto de reconocerse entre sí cuando acudían a una nueva construcción.
Durante el siglo XVII tuvo lugar el proceso de transición que llevó a los gremios de constructores a convertirse en la masonería tal y como la conocemos en la actualidad. Es decir, abandonó su operatividad para transformarse en una sociedad filosófica que mantenía buena parte de la simbología medieval, como el compás, la escuadra, el mandil y la plomada. Con el nacimiento de esta masonería especulativa sus miembros ya no deberán construir una catedral, sino una humanidad mejor a partir del templo interior de cada masón.
El caballero Ramsay introdujo la “hipótesis templaria”, más adecuada para la nobleza del siglo XVIII que el carácter burgués de las Corporaciones de Oficio, y dio nacimiento al sistema conocido hoy como Rito Escocés Antiguo y Aceptado. A partir de entonces, se introdujo un nuevo elemento de controversia entre quienes abrazaron el origen templario de la institución como fundamento histórico de la Orden y quienes intentaron sostener su origen en los constructores de catedrales.

Rosslyn y el secreto de los masones escoceses

Esta discusión, que ya lleva más de dos siglos, se ha visto incentivada en los últimos años con la aparición de numerosos libros, tanto históricos como debidos a los defensores de este origen templario de la Masonería. Muchos creen haber encontrado en la capilla de Rosslyn el nexo definitivo que uniría el destino de la Orden del Temple y los maestros canteros.
Según los escritores británicos Christopher Knight y Robert Lomas, el punto de partida de la francmasonería hay que buscarlo aquí, porque los miembros de la familia Saint Clair de Rosslyn se convirtieron en los Grandes Maestres hereditarios de las Artes, Gremios y órdenes de Escocia y ostentaron el cargo de Maestre de los Masones de escocia hasta finales del siglo XVIII.
La capilla de Rosslyn se halla a 16 Km de Edimburgo. Fue erigida entre 1440 y 1490 por William Saint Clair y sus paredes y columnas parecen esconder un conocimiento ancestral transmitido a través de generaciones. La relación entre los templarios y Rosslyn se remontaría a los tiempos de la primera cruzada. Henry Saint Clair participó en ella junto al fundador del Temple Hugues de Payns, casado con su sobrina Catherine. A su regreso recibirá el título de barón. Aunque su nombre no figura entre los nueve fundadores de la Orden del Temple, es evidente que ambos mantenían estrechos vínculos.
La hipótesis de Knight y Lomas plantea que William Saint Clair, conocedor de que los manuscritos supuestamente recuperados por los templarios en el Templo de Salomón habían sido guardados en Escocia, construyó Rosslyn para custodiarlos y establecer una Nueva Jerusalén. Esto, naturalmente, supone admitir que los templarios no viajaron a Tierra Santa para defender a los peregrinos sino con un propósito más bien arqueológico. Por esa razón, nueve hombres (como los que hallaron el cuerpo de Hiram) permanecieron nueve años encerrados entre sus muros. Muchos expertos han reparado en la persistencia de esta clave numérica: el 9. Resulta que la novena letra del alfabeto hebreo es la Tav (la Tau griega). Esta letra, representada por el noveno sefiroth cabalístico (Yesod o Fundación) se relaciona con la serpiente y el secreto de la sabiduría. Pero es que, además, la marca de la tau era la que los cainitas llevaban sobre la frente cuando Moisés se encontró con ellos. En la capilla de Rosslyn, curiosamente, los catorce pilares han sido dispuestos de tal manera que los ocho del lado este trazan la forma de una triple Tau. Sospecho que Hugues de Payns y sus ocho freires fundadores ignoraban los códigos y el significado de lo hallado en el Templo y, por ello, tuvieron que recurrir a la ayuda de cabalistas judíos y sabios islámicos, a través de su protector san Bernardo de Claraval, el reformador del Císter.
Dos siglos después la simbología había sido desvelada y puesto a salvo en la capilla de Rosslyn. Este santuario sería por tanto una evocación del templo de Salomón, con torres y un enorme techo central de forma curva sostenido por arcos. Una reconstrucción del templo que estaría adornada con simbolismo nazareo (secta religiosa contemporánea a Jesús cuya etimología viene de Custodio o Conservador) y templario encaminado a dar cobijo al “secreto”.
Cuando las logias escocesas decidieron elegir una Gran Logia para su administración, convinieron que sir William Sinclair (descendiente directo por línea paterna del constructor de la capilla) ocupara el cargo vitalicio de gran maestre.

El retorno de la Antigua Alianza

En seguida surgieron desacuerdos en el seno de la masonería inglesa. Tras el establecimiento de la Gran Logia de Londres se formaron dosgrupos: los “antiguos” y los “modernos”. A estos últimos les preocupaba que los antiguos hubieran decidido preservar el patrimonio jacobita (Partidario del derecho divino de los monarcas. Ver próximo artículo) y la amenaza que ello suponía para la casa Hannover, de corte protestante.
Los jacobitas veían en la leyenda de Hiram, en el tercer grado de su rito, una alegoría sobre el asesinato de Carlos I Estuardo, como si los símbolos hubieran sido tomados de la conjura que tramaron los partidarios de este rey para vengar su muerte y colocar en el trono a su hijo. Aunque, según refiere Gerard de Nerval, una versión muy similar de la leyenda de la muerte de Hiram se escuchaba en los cafés de Estambul en forma de cuentos.
Esto abre un serio interrogante acerca del origen de la ceremonia más importante de la francmasonería, aunque tal vez la fuente original del grado de maestro resida en las abadías pues, como nos aclaró Callaey, existe una llamativa semejanza entre esta ceremonia de exaltación y los votos del monje benedictino en su última etapa de ordenación. Esto significaría un retorno a la Antigua Alianza con los católicos jacobitas, quienes introdujeron muchos elementos centrales de los rituales con base templaria y explicaría la abundante presencia de eclesiásticos en la francmasonería del siglo XVIII.

sábado, 8 de abril de 2017

Tubalcain

Tubalcain como origen simbólico del progreso


Dentro de las leyendas masónicas existe un personaje que posee pocas referencias, escasas tal vez, si se tiene en cuenta la significación que encarna.

Igual ocurre en las sagradas escrituras respecto de Tubalcain. A través del Génesis todo lo que sabemos de él es que fue hijo de Lamech y Zillah, y poseía el cargo de “Instructor de todos los artífices en el bronce y el hierro”.
En el hebreo original no se logra hallar la versión común, pues lostesh no significa “instructor” sino “afilador”; el que afila instrumentos. Según parece, se puede traducir como “el que afilaba varias herramientas de cobre y hierro”. O también podemos colegir la versión autorizada que ha consignado casi fundamentalmente la condición de Tubalcain, señalándolo como el padre de los artífices. Y ha sido de tal manera como fue introducido en la historia legendaria de la Masonería, desde tiempos muy remotos.
La “leyenda de la Fraternidad”, donde se lo denomina “el fundador del gremio de herreros” es la primera referencia que se hace de Tubalcain. Esta parte de la leyenda la tomamos del Manuscrito de Dowland, ya que su ortografía es la más moderna, pero podemos afirmar, de acuerdo a estudios enciclopédicos, que el relato es particularmente el mismo en todos los manuscritos antiguos de las Constituciones.
En el de Dowland puede leerse lo siguiente:

“…Antes del diluvio un hombre llamado Lamech -tal como se escribe en la Biblia, en el cuarto capítulo del Génesis- tenía dos esposas, una llamada Ada y otra Zillah; de su primera esposa tuvo dos hijos, uno llamado Jubel y el otro Jubal; y de su otra esposa tuvo un hijo y una hija. Estos cuatro hijos fundaron el principio de todas las ciencias en el mundo. El primogénito Jubal fundó la ciencia de la geometría y se ocupaba en conducir rebaños de ovejas al campo, y primeramente construyó casas de madera y de piedra, como se dice en el capítulo mencionado. Su hermano fundó la ciencia de la música y las canciones de la lengua, del arpa y del órgano. Y el tercer hermano, Tubalcain, fundó el gremio de los herreros, que trabajaban en oro, plata, cobre, hierro y acero. Y la hija fundó el arte de tejer. Estos hijos sabían bien que “Dios” castigaría los pecados por medio del fuego o del agua, por cuya razón ellos escribieron las ciencias que habían fundado sobre los pilares para que fueran encontradas después del diluvio. Uno de los pilares era de mármol y no podía quemarse en el fuego; el otro era de latón, y no podía hundirse en las aguas…”.

Una tradición de los antiguos rabinos, asegura que Jubal fue el inventor de la escritura y de la música. Jubal habría escuchado decir a Adán que el mundo sería dos veces destruido. La primera por el fuego y otra por el agua. Se dice que entonces preguntó cuál de las dos catástrofes ocurriría primero. Sucedió que Adán se rehusó a darle tal información, y entonces Jubal inscribió el sistema de música que había inventado sobre dos pilares de piedra y de ladrillo. No obstante, una tradición más moderna en la Masonería, indica que la construcción de estos pilares es atribuible a Enoch.
Se dice también que Tubalcain era célebre por sus conquistas guerreras y excedía a todos los hombres en fuerza y poder. Cabe mencionar que también existe un relato del protometalúrgico, que es posible hallarlo en el célebre fragmento de Sanconiatho. Este sostiene que Tubalcain, bajo el nombre de Chrysor, que es sin duda una corrupción de chores ur en hebreo que quiere decir obrero que trabaja con fuego, o sea, herrero.
Digamos que Sanconioatho fue un escritor fenicio que suponemos viviera previo a la guerra de Troya, tal vez cuando Gedeón era juez de Israel, según lo consigna Sir William Drumond. Debemos indicar que éste escritor, compiló los diferentes relatos y tradiciones que existían en su tiempo sobre el origen del mundo. Al parecer, apenas un fragmento de la obra aún se conserva, que traducido al griego por Philo Byblius, lo insertó Eusebius en su Prae paratio Evangélica. Para dar seriedad al tema, digamos que tal documento ha sido copiado hasta el presente.
Los siguientes términos mencionan esa parte de la historia escrita por Sanconiatho, quien dice de Tubalcain:

“…Mucho tiempo después de la generación de Hypsoaranios, nacieron los inventores de la caza y de la pesca Agneas y Alieras, de cuyos nombres el pueblo derivó su denominación de cazadores y pescadores, y a quienes las nacieron dos hijos que descubrieron el hierro y la manera de trabajarlo. Uno de estos dos hermanos llamado Chrysor era hábil en la elocuencia y componía versos y profecías. Era el mismo con Hephaistos e inventó el anzuelo, el uso de la carnada para pescar, el cordel y la caña, fue el primer hombre que navegó sobre las aguas. Por lo tanto, fue adorado como un dios después de su muerte y se le llamaba Diamichios. Se dice que estos hermanos fueron los primeros que inventaron los tabiques de ladrillo”.

Tephaistos es la palabra griega que define al dios al que los romanos daban el nombre de Vulcano. De aquí que Sanconiatho y la curiosa similitud de nombre y de ocupaciones inclinaron a derivar el nombre de Vulcano del de Tubalcain. La T inicial, que es el artículo en la lengua fenicia, y su vocal nula, se forma la palabra Balcan que por la naturaleza permutable de la B y la V se transforma fácilmente en Vulcano.
El Obispo Stiñingfleet (orig. Sae., pag. 292) dice: “Que Tubalcain haya dado origen al nombre y al culto de Vulcano, pudo haber sido probablemente concebido tanto por la afinidad de nombres como porque Tubalcain se menciona como instructor de todos los artífices en latón e hierro, y la misma relación de la música o el padre de todos aquellos que tocaban al arpa y el órgano que los griegos atribuyen a Apolo“.
Voissius, en su Tratado De Idolatría (libro I., Capítulo 36), hace su derivación de Vulcano de Tubalcain. Pero Bryant, en su Análisis de la Antigua Mitología (tomo I., pag. 139), niega la etimología de Voissius que puede ser adoptada aunque sin relacionarla con la identidad de Vulcano y Tubalcain. El que descubrió la utilidad del fuego puede muy bien, en la corrupción de la idolatría, haber personificado el mundo Solar, la fuente de donde nace todo el calor.
Podría parecer que Tubalcain es un atributo compuesto de la partícula definida T y la palabra Baal que significa Señor. Tubalcain significaría entonces “el señor Caín”. Sin embargo dhu o du en árabe significa Señor; y esta misma significación del afijo la encontramos en sus varias formas permutables de Du, Tu y Di en muchas palabras semíticas. Pero la cuestión del origen idéntico de Tubalcain y Vulcano ha sido finalmente solucionada gracias a las investigaciones de los filólogos comparativos:
Tubalcain es de origen semítico y Vulcano de origen ario. El primero puede encontrarse en la palabra ulka del sánscrito que significa marca de fuego, del que también se derivan las palabras latinas de fulgor y fulmen, nombres del rayo.
De la mención que se hace de Tubalcain en la Leyenda de la Fraternidad la palabra fue hace mucho aceptada como de alta significación en los grados primarios y varias veces se ha intentado darle una interpretación luciferina.
A modo de conclusión, el uso de la palabra Tubalcain como significativa en el ritual masónico se deriva entonces de la Leyenda del Gremio, por medio de la cual el nombre se hizo común entre los masones especulativos y se refiere simbólicamente al trabajo de la búsqueda de la Luz, tema que merece su propia nota.

domingo, 2 de abril de 2017

Los signos zodiacales en el Templo masónico

Los signos zodiacales en el Templo masónico



Los signos zodiacales del Templo Masonico son una representación simbólica del Universo. La idea del Universo se manifiesta tangiblemente en la presencia de los signos del zodiaco, y las doce columnas que sostiene la bóveda celeste.

Los signos zodiacales están ubicados a veces en las mismas columnas, como es el caso de la masonería chilena o mexicana, o bien, en el cielo del templo, sobre las columnas, como ocurre en la masonería colombiana y peruana.
En la parte superior de los muros o sobre las columnas, se pintan los doce Signos del Zodiaco, según el orden que les corresponde a las estaciones. A estos componentes simbólicos se agregan el sol y la luna en el oriente, y sobre las dos columnas del pórtico, una granada y una esfera, que sumados al lazo o cadena que circunda el templo por el friso, robustecen la idea de universalidad o de concepción cósmica,de un cosmos,o universo ordenadoy armonioso.

LOS SIGNOS ZODIACALES DEL TEMPLO MASONICO.

Los signos zodiacales del Templo Masonico son una representación simbólica del Universo. La idea del Universo se manifiesta tangiblemente en la presenciade los signos del zodiaco, y las doce columnas que sostiene la bóveda celeste.
Los signos zodiacales están ubicados a veces en las mismas columnas, como es el caso de la masonería chilena o mexicana, o bien, en el cielo del templo, sobre las columnas, como ocurre en la masonería colombiana y peruana.En la parte superior de los muros o sobre las columnas, se pintan los doce Signos del Zodiaco, según el orden que les corresponde a las estaciones.
A estos componentes simbólicos se agregan el sol y la luna en el oriente, y sobre las dos  columnas del pórtico, una granada y una esfera, que sumados al lazo o cadena que circunda el templo por el friso, robustecen la idea de universalidad o de concepción cósmica, de un cosmos, o universo ordenado y armonioso. 
Zodíaco significa “rueda de la vida”, es el marco del universo visible, y su movimiento cíclico, unido al de los planetas y demás constelaciones, influye en el cambio alternativo de las estaciones y en el mantenimiento y renovación de la vida del cosmos y del hombre. De esto se deduce que la Masonería nodesconoce la antigua ciencia de la astrología, que junto a la alquimia revela también los misterios del cielo y de la tierra.
La Logia no es una estructura estática, como tampoco lo es el universo, que es dinámico, pudiendo ser visualizado como un círculo, “rueda del cosmos” o Rota Mundi. Esto está expresamente indicado por el andar del Maestro de Ceremonias en el interior de nuestro templo.La importancia que tienen los signos del zodiaco en la Masonería es trascendental.
En primer lugar, porque, todos los componentes simbólicos que están presentes en la ornatura del templo, ligan a la Masonería a las tradiciones iniciáticas y esotéricas de más antigua data en la historia del Hombre. De ellos,las concepciones astrales relacionan a la Masonería con las remotas formas de conocimiento y sabiduría de la civilización humana. Ello nos conectan a una Masonería profunda, que tiene sus raíces en lo más sublime de la sabiduría del hombre, y que mantienen su constante en el sentido trascendente de la naturaleza del hombre.

Saber, Querer, Osar y Callar

Saber, Querer, Osar y Callar
El titulo del presente trabajo no es para el común de las personas, más que una suma de cuatro verbos. Sin embargo, en aquellos casos en que se ha tenido oportunidad de tomar contacto con literatura calificada como esotérica, se podrá inmediatamente evocar que estas palabras obedecen a un propósito en particular, tanto por el hecho de encontrarse juntas, cuanto por el orden en el que se presentan y saber su significado.
Nos dice Eliphas Levi en La Clave de los Misterios, la valentía unida a la inteligencia es la madre de todos los éxitos en este mundo, para iniciar, uno debe conocer, para cumplir uno debe querer, para querer realmente hay que atreverse, y para recoger en paz los frutos de la propia audacia hay que mantener silencio
Si bien son muchas las interpretaciones que pueden darse a estas palabras, tanto exotérica como esotéricamente, y desde un análisis menos o más profundo, es decir bajo la protección de la columna Dórica hasta la que confiere aquella de estilo Compuesta, en el caso del Gr.. de C.. puede ser relacionado a una de las primeras enseñanzas dadas por el V.. M.. al H.. A.. en la ceremonia de Adelanto, en el sentido que existen cinco gradas que deberá subir para penetrar en el templo, siendo cada una emblema de las condiciones necesarias para obtener la entrada:
La inteligencia
La rectitud
El valor
La prudencia
El amor a la humanidad
Al respecto, la inteligencia es la que le permiteSABER que existe un sendero, que la casualidad pertenece al reino de la ilusión y que todo en esta vida tiene un propósito, todo un momento y todo un lugar, tal como dice el Libro del Eclesiastés, esta inteligencia racional, intuitiva, o como quiera clasificársele- es la que le sugiere y confirma que su existencia presente su aquí y ahora- tiene un significado individual y colectivo. Es la inteligencia que le permite reconocer y procesar la luz que le fue conferida el día de su iniciación.
Es además esta inteligencia la que le permite SABER que el Karma, entendido para este efecto como la sujeción a un camino personal e intransferible, que en términos comunes podría denominarse predestinación no es inamovible, y que tanto es así que dicha posibilidad de cambio es la que da significado al libre albedrío del cual goza, y sobre la base del cual debe emplear el mallete y el cincel para lograr su perfeccionamiento.
La rectitud por otra parte, contiene en si la noción de estabilidad, que es además el significado de la P..S.. del C.., es elQUERER permanecer, el deseo de mantener el propósito, decidir sobre la base de su libertad continuar en el sendero. ElQUERER, como acto volitivo esta representado en la marcha del C.. que significa la persistencia en el ideal, puesto que a pesar de las desviaciones que pueda efectuar por decisión propia o por factores externos a su persona, opta por seguir en el sendero para poder ingresar al templo.
El C.. quiere lo que su inteligencia y la rectitud de su pensamiento y sentimientos le aconsejan como lo apropiado y lo mejor para el, que en este caso es el descubrimiento del particular destino que a partir del conocimiento de la letra G, se le presenta.
Sin este QUERER, que presupone saber el objeto del afecto y poseer la pureza y firmeza del sentimiento, y sin el saber y la inteligencia no es posible ningún avance tal como dice el Evangelio de Lucas, Capitulo 14, 26-27, Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida; y el que no lleva su cruz y viene en pos de mi, no puede ser mi discípulo.
El valor es la tercera grada que debe alcanzar el C.., valor que debe desarrollar para el presente y para el futuro cuando le llegue el momento de ingresar al templo. Es el valor que debe permitirleOSAR, lidiar con el miedo y con la duda que reiteradamente lo van a abordar, y que es producto de su propia condición humana. Miedo y duda que le genera el intuir que el viaje que debe afrontar es arduo y muchas veces sinuoso y desconocido, y que sin embargo sabe debe realizar y evitar posponer.
Debe OSAR, tener el valor y la valentía de poder decir como Cristo en el Huerto de Getsemaní en el momento de dolor y de tristeza, en esos instantes en que se le muestra el Silencio de Dios: Padre, si para ti todo es posible, aparta de mi este cáliz, pero que no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tu.
Es menester aclarar que dicha actitud no representa ni un abandono ni una apología al sufrimiento, sino todo lo contrario, puesto que partiendo de la premisa que todo tiene un sentido y un significado, el valor para enfrentar estos tragos amargos, es la que finalmente otorgara un crecimiento permanente al H.., lo cual además no es meramente un tema de crecimiento personal, sino de algo mas profundo y concreto.
Nos dice Dion Fortune en su obra “Esoterismo Práctico para la Vida Diaria”, que cuando un iniciado empieza a liquidar su karma, deliberadamente lo invoca y acelera. El resultado inmediato es doble: por una parte, una crisis en todos los asuntos de su vida, y por otra, un repentino aumento de su poder para superarla. Después que ha pasado ese período crítico no se presenta mas karma para liquidar y puede decirse en verdad que todas las cosas funcionan bien para quien ama a Dios, porque su buen karma comienza a obrar sin impedimentos, ya que está en posesión de los poderes ganados en ese período en que ha vencido toda resistencia.
Es entonces bajo la idea del aprendizaje que debe ser efectuado en esta existencia, y que implica deshacerse de los lazos karmicos negativos, que el H.. M.. debe OSAR en cada decisión que se le presente, optar por aquella que le conduzca a este objetivo, aunque en un principio no vea claro el horizonte ni sea el camino mas transitado o el más cómodo, el que ha de seguir.
De otro lado, debe poseer la prudencia para CALLAR aquello que vea con sus sentidos y con el corazón, y que no pueda ser revelado a quien aun vive en el reino de las ilusiones,CALLAR su misión y las acciones que practique para llevar a efecto el Amor a la Humanidad que constituye objeto de su labor en este Gr.., y en definitiva, obrar de acuerdo a lo señalado en Matero, Capitulo 7, 6: “No den lo santo a los perros, ni echen sus perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y después se vuelvan contra ustedes y los despedacen.
Respecto del amor a la humanidad que es el quinto de los escalones, el que colinda con el frontispicio del templo, y representa la ultima de las condiciones señaladas por el V..M.., debe señalarse que constituye el centro de la labor a desempeñar en el Gr.. de C..
Cabe citar, sobre esta quinta grada, lo indicado por Richard Bach en la bella historia de Juan Salvador Gaviota, quien desarrolla en forma excelente este tema:
El maestro le dice a Juan Salvador Gaviota: en diez mil años no he visto una gaviota con menos miedo de aprender que tú, , si quieres, podemos empezar a trabajar con el tiempo, hasta que logres volar por el pasado y el futuro, y entonces, estarás preparado para empezar lo más difícil, lo más colosal, lo más divertido de todo; estarás preparado para subir y comprender el significado de la bondad y el amor
Estando Juan en el cielo, se sorprendió pensando una y otra vez en la Tierra de la que había venido. Si hubiese sabido allí una décima, una centésima parte de lo que ahora sabía, ¡cuanto más significado habría tenido entonces la vida!… “empezó a preguntarse si habría una gaviota allá abajo que estuviese esforzándose por romper sus limitaciones, por entender el significado del vuelo más allá de una manera de trasladarse para conseguir algunas migajas caídas de un bote. Quizás hasta hubiera un Exilado por haber dicho la verdad ante la Bandada. Y mientras más practicaba Juan sus lecciones de bondad, y mientras más trabajaba para conocer la naturaleza del amor, más deseaba volver a la Tierra. Porque, a pesar de su pasado solitario, Juan Gaviota había nacido para ser instructor, y su manera de demostrar el amor era compartir algo de la verdad que había visto, con alguna gaviota que estuviese pidiendo sólo una oportunidad de ver la verdad por sí misma.
Todo se reduce al conocimiento, a saber.