sábado, 20 de mayo de 2017

EL CRISTIANISMO Y LA REENCARNACIÓN

EL CRISTIANISMO Y LA REENCARNACIÓN

Ayer estaba leyendo un artículo que decía que actualmente, el 40% de los católicos creen en la reencarnación, y debajo, estaba la reacción de un sacerdote diciendo que: “¡la reencarnación no es un concepto católico, y que cualquier católico que crea en la reencarnación, en realidad no lo es!”

Hace tiempo leí un libro sobre las “enmiendas” que ha sufrido el catolicismo y la biblia, entre las cuales decía que:

“la reencarnación formaba parte de las creencias de los cristianos originales”; pensando en esto, me conseguí este escrito en internet que me pareció muy interesante.

En ningún caso se trata de una crítica del catolicismo, sino de un estudio objetivo

Dentro del Cristianismo este concepto ha sido muy mal interpretado en muchas ocasiones, llegando hasta el punto de haber sido declarado anatema (herejía) en cierto momento histórico por razones políticas cuando el Cristianismo se convirtió en la religión oficial del Imperio Romano. Esto ocurrió a pesar de que el concepto de la Reencarnación se encontraba claramente en La Biblia y era profesado por algunos padres de la Iglesia.

Afortunadamente, gracias a la investigación de muchos historiadores y al descubrimiento reciente de varios documentos históricos que revelan nuevas perspectivas sobre los orígenes del Cristianismo, hoy sabemos cómo, cuándo y por qué ocurrió este aparente desacuerdo entre la Teología Cristiana oficial y la doctrina de la Reencarnación.

Si la reencarnación era una idea en circulación entre los primeros Cristianos, ¿por qué ha desaparecido de la religión Cristiana tal y como la conocemos hoy?

Es difícil de creer, pero, ¡quien proscribió el concepto de reencarnación del Cristianismo fue… ¡un emperador romano! Y lo hizo por propósitos muy mundanos.

A principios del siglo cuarto, las más fuertes facciones Cristianas pugnaban unas con otras por influencia y poder, mientras que al mismo tiempo el Imperio Romano se desmoronaba.

En el año 325 DC., en una movida para tratar de renovar la unidad del imperio, el dictador absoluto Emperador Constantino convocó a los líderes de las facciones Cristianas en pugna al Concilio de Nicea.

El les ofreció lanzar todo su poder imperial a favor de los Cristianos si ellos resolvían sus diferencias y acordaban un credo único. Las decisiones que se hicieron en este concilio crearon la fundación de la Iglesia Católica Romana. (Al poco tiempo, los libros de la Biblia serian editados y ‘corregidos’ también).

A favor de la unidad, todas las creencias que entraran en conflicto con el nuevo credo serian descartadas; en el proceso, las facciones y los escritos que soportaban la reencarnación, fueron desechados.

Aparentemente, algunos Cristianos, continuaron creyendo en la reencarnación aún después del Concilio de Nicea, porque en el año 553 DC., la Iglesia tuvo la necesidad de enfrentar de nuevo el concepto de la reencarnación y condenarlo explícitamente.


En el Segundo Concilio de Constantinopla el concepto de la reencarnación, unido con otras ideas bajo el término “preexistencia del alma”, fue decretado como un crimen merecedor de la excomunión y condenación eterna (anatema).

Verás:

En el año 543 de la era presente, el Emperador Justiniano I (considerado por los historiadores como el último emperador romano), convocó un sínodo en Constantinopla, con el único propósito de condenar las enseñanzas de Orígenes sobre la doctrina de la reencarnación aunque el pretexto fue otro: Deliberar sobre los “Tres Capítulos” de las iglesias disidentes (consideradas por Justiniano como rebeldes y heréticas) que no se encontraban bajo el poder directo de Roma. Orígenes era en ese entonces, el más respetado y amado Padre de la Iglesia Cristiana original.

El Mandato Imperial contra el Papa

El concilio, conocido también como el Segundo Concilio Ecuménico fue presidido por Eutiquio, aspirante al patriarcado de Constantinopla, obviamente sujeto a Justiniano, y contó con la presencia de 165 obispos.

Pero el Papa Virgilio, cuya presencia había sido requerida por el Emperador, se opuso fuertemente al concilio y se refugió en una iglesia en Constantinopla, temeroso de la ira vengativa del malvado Emperador.

El Papa no estuvo presente en ninguna de las deliberaciones ni envió representante alguno y por lo tanto, jamás aceptó que la doctrina de la reencarnación fuera proscrita del credo cristiano.

El concilio, bajo el total control del Emperador y en la ausencia del Papa, elaboró una serie de anatemas; unos historiadores dicen que fueron 14 y otros que fueron 15, anatemas que fueron dirigidas intencionalmente en contra de las tres escuelas de pensamiento a las que calificaron como heréticas, cuyas creencias Justiniano veía como enemigas de sus intereses políticos y que tenían a Orígenes como su teólogo más respetado.

Dichos documentos fueron conocidos, a partir de entonces como “Los Tres Capítulos”. Dos de los anatemas elaborados por Justiniano, son los siguientes:

1. Quien dijese o pensase que las almas humanas pre-existían como espíritus y poderes santos pero que llegaron a saciándose de la visión de Dios se tornaron malas y que debido a esto el amor divino dentro de ellas se extinguió y de este modo se convirtieron en almas condenadas a ser encarnadas en cuerpos como castigo, sea anatema.

2. Quien dijese o pensase que el alma del Señor preexistía unida a Dios el Verbo antes de la Encarnación y su Concepción en la Virgen, sea anatema.

Muchos de los Padres de la Iglesia Cristiana aceptaban la enseñanza de lo que llamaban, Cristianismo Esotérico (o Sabiduría Escondida) que defendía la verdad sobre la Reencarnación. Por ejemplo:

“No puse por escrito todo lo que pienso pues hay un cristianismo esotérico que no es para toda la gente.”

San Clemente de Alejandría
(150-220).

“El Alma vive más de una vez en cuerpos humanos, pero no puede
recordar sus experiencias anteriores.”

Diálogo con Trifo. Justino
Mártir (100-165).

Considerado el Padre de la Ciencia de la Iglesia, Orígenes (185-254) sostenía:

“La preexistencia del alma es inmaterial y por tanto sin principio ni
fin de su existencia. Las predicciones de los evangelios no pueden
haberse hecho con la intención de una interpretación literal. Hay un
progreso constante hacia la perfección. Todos los espíritus fueron
creados sin culpa y todos han de regresar, por fin, a su perfección
original. La educación de las almas continúa en mundos sucesivos.

El alma frecuentemente encarna y experimenta la muerte. Los cuerpos son como vasos para el alma, la cual gradualmente, vida tras vida debe ir llenándolos. Primero el vaso de barro, luego el de madera, después el de vidrio y por último los de plata y de oro.”

¡Es en este evento, presidido por un monarca y no por un religioso, que el cristianismo condena la idea de la reencarnación!

Pero el poder de Justiniano fue más que suficiente para hacer que su decisión personal de proscribir la reencarnación del canon cristiano prevaleciera por encima de las creencias del mismo Papa.

Los sucesores de Virgilio, incluyendo a Gregorio el Grande (590-604), aunque se ocuparon de diversos asuntos que surgieron a partir del Quinto Concilio, no mencionaban en lo absoluto nada acerca de los conceptos de Orígenes relativos a la doctrina de la reencarnación.

Lo que Justiniano hizo, fue forzar la aceptación de su decisión personal a lo que parece ser meramente una sesión de obispos que nunca fue realmente un concilio, ya que no contó ni con la presencia ni con la aprobación del Papa.


Después de todo, ¿qué obispo podría haberse opuesto a él y rehusarse a seguir sus órdenes?

Es a partir de entonces, que la noción de la reencarnación, desapareció del pensamiento cristiano en Europa, y muchos creen todavía hasta el día de hoy, que la no aceptación de la reencarnación es un verdadero dogma inspirado.

¡Todo por la decisión de…un emperador romano!

Es un hecho que algunos grupos Cristianos y escritores, aceptaban la reencarnación como una extensión de las enseñanzas de Jesús de Nazareth.

Orígenes de Alejandría, uno de los aclamados Padres de la Iglesia y descrito por San Gregorio como “el Príncipe de la enseñanza Cristiana en el tercer siglo”, escribió:

“Cada alma viene a este mundo fortalecida por la victorias y debilitada por las derrotas de sus vidas anteriores”.

¿Por qué la Iglesia se esfuerza tanto en desacreditar la reencarnación?

El impacto psicológico de la reencarnación puede ser la mejor explicación.

1.-Una persona que cree en la reencarnación asume responsabilidad por su propia evolución espiritual a través del renacer.

2.-Él o ella no necesitan sacerdotes, confesionarios o rituales para evitar “la maldición” (ideas estas, que por cierto, no son parte de las enseñanzas de Jesús).

3.-Esa persona necesita solamente ocuparse y responsabilizarse de sus propios actos hacia él mismo y hacia los demás, es decir, “hacia su prójimo”

4.-Creer en la reencarnación elimina el miedo al “infierno eterno”, concepto absolutamente inexistente; (La Eternidad Pertenece solo a Dios, ¡El bien Supremo!) También, creer en la reencarnación, elimina el aberrante concepto de, un “dios cruel vengativo y homicida creado por la ignorancia humana”, conceptos que la Iglesia usa para disciplinar a su rebaño.

En otras palabras, la reencarnación directamente, socava la autoridad y el poder de la dogmática Iglesia.

No es de extrañar entonces que la reencarnación ponga a los Defensores de La Fe tan nerviosos.

La Iglesia estaba defendiendo en ese acto extravagante la doctrina del cielo y del infierno y las penas eternas porque, centraba más poder en sus manos.

Y de esa forma, la reencarnación fue proscrita, ¡en un de los más graves equívocos cometidos por el Cristianismo!

En La Biblia existen suficientes referencias al fenómeno de la reencarnación, las cuales permiten argumentar que el antiguo pueblo de Israel, conocía el concepto, e inclusive para algunos de sus grupos, la reencarnación era parte esencial de sus creencias, especialmente en grupo como los Esenios, y otros que practicaban la Cábala (Kabbalah).

A pesar de que en los concilios referidos, se proscribió la reencarnación, “borrándola de la biblia”, hay muchos pasajes bíblicos que hablan de reencarnación.

Para los cristianos en particular, las citas más importantes sobre la reencarnación pueden ser encontradas en las propias palabras de Jesús en los Evangelios.

Veamos algunos ejemplos a continuación.

Durante el pasaje de la transfiguración Jesús dice a sus discípulos:

“Elías ya vino, y no lo reconocieron sino que hicieron con él todo lo que quisieron. De la misma manera va a sufrir el Hijo del Hombre a manos de ellos. Entonces entendieron los discípulos que les estaba hablando de Juan el Bautista”.

(Implicando que Juan el Bautista era la reencarnación del profeta Elías).

-Mateo 17:10-13, Marco 9:11-13, Lucas 9: 33

Jesús habla a sus discípulos sobre Juan el Bautista:

“Y si quieren aceptar mi palabra, Juan es el Elías que había de venir. El que tenga oídos, que oiga”.

(Explícitamente declarando que Juan el Bautista es la reencarnación del profeta Elías).

-Mateo 11:14-15

A su paso, Jesús vio a un hombre que era ciego de nacimiento.
Y sus discípulos le preguntaron:

–“Rabí, para que este hombre haya nacido ciego, ¿quién pecó, él o sus padres? Ni él pecó, ni sus padres –respondió Jesús–, sino que esto sucedió para que la obra de Dios se hiciera evidente en su vida.

(Implicando que el hombre había vivido previamente, antes de nacer ciego en la presente existencia).

- Juan 9:1-3

“Todos los que empuñen espada, a espada perecerán”.

(Mateo 26.52).

La Iglesia ha preferido infundir en nosotros el temor al “infierno eterno” y a “la condena eterna”, ¡antes que concedernos el conocimiento, indispensable para poder elegir y ser independientes de la obediencia ciega, o de las promesas de entrar en el Paraíso!

“Muchas otras cosas hay que hizo Jesús, que si se escribieran una por una, me parece que no cabrían en el mundo los libros que se habrían de escribir.”

Juan 21:25.

Se dice que la Biblia no enseña la Reencarnación porque en ella no está escrita esta enseñanza y por lo tanto no existe esa posibilidad.

Pero, esta afirmación ignora el hecho de que: en los concilios referidos más arriba, se proscribió la reencarnación, “borrándola de la biblia”.

Además, Jesucristo entregó su Enseñanza estratificada para el círculo interno y para el círculo externo, para lo público y para lo privado, como claramente lo destacan estos versículos bíblicos:

“No deis a los perros las cosas santas, ni echéis vuestras perlas a los cerdos.”

Mateo 7:6.

“Porque a vosotros se os ha dado conocer los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no se les ha dado…Por eso les hablo en parábolas, porque ellos viendo no miran y oyendo no escuchan, ni entienden.”

Mateo 13:11,13.

“Todas estas cosas las dijo Jesús en parábolas al pueblo y sin parábolas no les predicaba.”

Mateo 13:34,35.

“A vosotros se os ha concedido saber el misterio del reino de DIOS, pero a los que son extraños todo se les anuncia en parábolas.”

Marcos 4:11.

“Con muchas parábolas les predicaba la palabra, conforme a la capacidad de los oyentes y no les hablaba sin parábolas; bien es verdad que aparte se lo descifraba todo a sus discípulos.”

Marcos 4:33,34.

“A vosotros se os ha concedido entender el misterio del reino de DIOS, a los demás se les habla en parábolas para que viendo no vean y oyendo no entiendan.”

Lucas 8:10

A pesar del decreto del 553, la creencia en la reencarnación persistió entre los creyentes de fila. ¡Hicieron falta otros mil años y mucho derramamiento de sangre para borrar completamente el concepto!

A principios del siglo trece, (1200) los Cataros, una devota e iluminada secta de cristianos que creían en la reencarnación, florecieron en Italia y en sur de Francia.

El Papa lanzó una cruzada para detener “semejante herejía”, ¡medio millón de personas fueron masacradas, villas completas de una sola vez, y los Cataros fueron totalmente barridos del mapa!

Esta purga impuso el tono de la brutal Inquisición que comenzaría pronto. No solo la creencia en la reencarnación era causa de persecución, sino, cualquier idea metafísica que cayera fuera del dogma de la Iglesia.

HOY, DEBIDO A LA NATURAL EVOLUCIÓN HUMANA Y AL DESPERTAR MENTAL QUE ACTUALMENTE SUCEDE, DESPERTAR QUE NO ES IGUAL PARA TODOS, DADO QUE HAY ALMAS CON MÁS Y CON MENOS EXPERIENCIAS, LA MAYORÍA ACEPTA LA REENCARNACIÓN Y OTRAS VERDADES, PERO… POR INSPIRACIÓN Y NO POR DOGMA.

EL ANDROGINO: LOS DOS SEXOS EN UN SOLO SER

EL ANDROGINO: LOS DOS SEXOS EN UN SOLO SER

Tradiciones de oriente y occidente, del norte y del sur, coinciden, con una extraña unanimidad, en afirmar que el primer ser que vio la luz, carecía de diferenciación sexual : era, masculino y femenino a la vez. Los griegos lo llamaron Andrógino, de Andros, hombre y Ginos, mujer. Igualmente, todas las tradiciones, consideran que la “caída” -el pecado original del cristianismo- que debió afrontar la humanidad fue la diferenciación sexual. De lo que se consideraba estado de perfección originario, se descendió un peldaño. Para volver a recuperar la pureza primitiva y reintegrar el ser andrógino se establecieron distintas vías : sexualidad, magia, hermetismo, mística, alquimia, sistemas mistéricos e iniciáticos…
EL MITO PLATONICO Y SU UTILIDAD
Platón en “El Banquete” (parágrafos XIV y XV) recoge a través de un diálogo entre Aristófanes y Diotima, un mito que era anterior a él y que probablemente fue establecido por los presocráticos del siglo VI antes de JC. Explica Platón que en el origen de la humanidad existió una raza primordial que contenía en sí misma las dos polaridades, masculina y femenina. Dicha raza era fuerte y temida por los dioses del Olimpo : “Eran extraordinarios por su fuerza y su audacia, y alimentaban en su corazón orgullosos propósitos, que llegaban incluso a pretender atacar a los propios dioses en su morada”. Es difícil no ver aquí el mismo tema bíblico de la revuelta de Lucifer -el arcángel más querido- contra Dios.
Platón afirma un poco más adelante que los dioses no fulminaron a la raza andrógina, sino que se limitaron a destruir su potencia, dividiéndolos en sexos. Tal fue el origen de la raza de los hombres y de las mujeres ; en cada uno de ellos, sin embargo, permaneció el recuerdo del estado de perfección originario. Y es por eso que, aun hoy, hombres y mujeres buscan inconscientemente reintegrarse en ese estado edénico primordial mediante la unión acto sexual.
Platón establece el mito del andrógino para explicar dos misterios : el origen del impulso erótico y la naturaleza del estado de perfección. Ni la biología, ni mucho menos la psicología, han logrado explicar cuál es la raíz del impulso erótico ; Platón lo hace a través del mito, entendiéndolo como un intento de recuperar nuestra naturaleza primitiva… una naturaleza que se consideraba perfecta e, incluso, capaz de inspirar temor a los dioses, es decir, superior a ellos. Platón explica la sexualidad como una complementariedad : las dos naturalezas, masculina y femenina, son dos partes de un todo que no encuentran su justificación ni sentido sino cuando reintegran el conjunto único originario.
LA COSTILLA DE ADAN
Antes hemos aludido al tema de Lucifer, arrojado a los infiernos por encabezar la revuelta contra Dios. En Lucifer, como en las demás jerarquías celestiales, existe una completa ambigüedad sobre su identidad sexual. Ángeles, Arcángeles, Serafines y Querubines, no son sino seres andróginos y así han sido representados insistentemente por la iconografía cristiana. Sin embargo, cuando se hace referencia a seres diabólicos se establecen diferenciaciones sexuales : los textos canónicos, los sumarios de la Inquisición, insisten en que Satanás, tiene sexo, existen íncubos y súcubos, diablos tentadores masculinos y femeninos. Se hacen curiosas especificaciones como, por ejemplo, que el diablo tiene el semen frío o que su verga produce un intenso dolor en las mujeres que posee. Las “diablesas”, por el contrario, esconden su fealdad mediante todo tipo de tretas y, a la postre, lo único que les importa es robar el semen en la oscuridad de los lechos, en ocasiones, cuando la esposa del sujeto tentado a asistido a algún akelarre de brujas o a la celebración del sabbath en compañía del diablo masculino.
Esta idea del diablo como ser andrógino está presente en la Edad Media europea, tal como puede verse en el arcano XIV del Tarot, que representa la imagen del Maligno mostrando caracteres masculinos y femeninos a la vez y manteniendo encadenados a una pareja de amantes. El cristianismo, desde los orígenes, mostró un odio teológico hacia el sexo, presente ya en las Epístolas de San Pablo, de ahí que la figura andrógina -que, por lo demás, quedaba relacionada por Lucifer- fuera criminalizada y adquiriera rasgos siniestros.
Pero ese mismo cristianismo parecía ignorar que el primer ser Adán, tenía idéntica cualidad andrógina. Dios no creó a la mujer del barro como hizo con Adán, sino que fue en el curso de un sueño de éste, que se produjo el nacimiento de Eva, a partir de una de sus costillas. Acto seguido se produce el episodio de la tentación de Eva en los mismos términos que el mito del andrógino : si estos provocaban temor a los dioses, la serpiente promete a Eva que si come del fruto del Árbol del Bien y del Mal, serán igual a Yavhé. Es decir, a la separación de sexos, sigue la “caída” y la expulsión del Paraíso, centro de la perfección originaria.
MITOS DE ORIENTE Y OCCIDENTE
Los ejemplos de casos de androginización simbólica no faltan en la historia. Se sabe, por ejemplo, que los chamanes indios de América suelen vestirse de mujer para celebrar sus ritos. María Sabina, la chamán mazateca, en el curso de sus ceremonias y ritos con ayahuasca, se comporta en todo momento como varón.
El travestismo de los sacerdotes era habitual en el mundo clásico europeo : los sacerdotes de Atis llegaban incluso a castrarse, mientras que algunos emperadores (Calígula, Nerón, Cómodo y Heliogábalo) asumieron los rasgos de bisexualidad andrógica, como elementos legitimadores de su autoridad, algo que no fue entendido por algunos historiadores de su tiempos (Dion Casio, Diodoro de Sicilia y el propio Juvenal) que tomaron el símbolo por realidad.
Esta práctica se transmitió a los emperadores bizantinos cuya autoridad se cimentaba en dos principios opuestos, masculino uno, Cristo, y femenino el otro, la Iglesia. En la Iglesia de Occidente, algunas santas son representadas con barba y el signo andrógino de la Tau (trazo horizontal, femenino y pasivo, trazo vertical, activo y viril).
San Pablo, que conocía perfectamente los sistemas mistéricos griegos y romanos, introdujo ecos desfigurados del mito del andrógino en su versión particular del cristianismo y asi en la Epístola a los Gálatas (3 :28) afirma que el bautismo borra las diferencias entre el hombre y la mujer. En ese mismo tiempo, los cristianos gnósticos, veían un reflejo de la síntesis andrógina en la unión entre Cristo y María Magdalena.
En lo más oscuro de la Edad Media floreció el mito de la Papisa Juana, mujer que fue elevada al trono de San Pedro y dio a luz en el camino hacia la coronación. Para la mentalidad de las órdenes de caballería, el Sacro Imperio era la manifestación masculina y la Iglesia la plasmación femenina del principio de autoridad. El Emperador, en la concepción gibelina, era la síntesis de ambos principios y, por tanto, asumía una cualidad andrógina, como siglos antes habían asumido los emperadores mesopotámicos, que ascendían al trono vestidos de mujer. Como último eco de esta tendencia, en pleno siglo XVI, Francisco I, Rey de Francia, fue representado con atributos bisexuales.
Entre las tradiciones orientales no hay diferencia. Existe una representación del Buda de la nueva era que incluye atributos masculinos y femeninos y, tanto en Oriente como en Occidente, existe la tradición de que el hombre que pasa bajo un Arco Iris, cambia automáticamente de sexo, pues no en vano, representa un puente entre el mundo humano y el divino.
Un mito ruso afirma que ni Dios ni el Diablo fueron creados por nadie pues desde el principio de los tiempos existían unidos. En “El Discurso Perfecto” de Hermes Trimegisto puede leerse : “Dios no tiene nombre, o mejor dicho, los tiene todos, puesto que es conjuntamente uno y todo” ; a lo que Asclepio responde : “-¿Pretendes decir, oh Trimegisto, que Dios posee los dos sexos ?”. “Si, y no solo Dios, sino todos los seres animados y vegetales”. Afroditas barbudas, imágenes de Venus calvas, representaciones ambiguas de Dionisos, concepciones tántricas de la unión de Shiva con su esposa Shakti, entendidas como proceso de androginización, no son ejemplos aislados, sino que evidencias una línea de tendencia según la cual el misterio del andrógino está en el origen de lo sagrado y la experiencia de lo sagrado pasa por la recuperación del estado andrógino.
LA ANDROGINIA Y EL REBIS : LA ALQUIMIA DEL SEXO
En la literatura alquímica la figura del andrógino aparece de manera obsesiva. Todos los autores herméticos, al llegar al final de la “Obra al Blanco”, es decir, la segunda etapa del trabajo hermético, simbolizan esta etapa. Tras la “Obra al Negro”, caracterizada por la putrefacción de la materia en el horno de fusión, se produce en el interior del matraz una coloración blanca, símbolo de resurrección y animación de la materia inerte ; es la “Obra al Blanco”. Al final de esta fase tiene lugar lo que los alquimistas llaman “unión del Sol y la Luna”, o también “Bodas Herméticas”, que abren el camino a la tercera fase de los trabajos, la “Obra al Rojo” en la cual puede fabricarse el “polvo de proyección” que permite la transmutación de los metales.
Una vez más, la alquimia se hace eco de la inmensa posibilidad de poder que abre la unión del principio activo masculino -identificado con el Sol, el Oro y el Azufre- con el principio pasivo femenino equivalente a la Luna, la Plata y el Mercurio-. La resultante es llamada por los alquimistas de muy distintas maneras : “cópula filosofal”, “matrimonio entre el Rey y la Reina” y, más especialmente, “Rebis”, es decir, la “cosa doble”.
Frecuentemente se representa al “Rebis” alquímico con alas, una roja y otra blanca, símbolos del Oro y la Plata. Las alas, por lo demás, denotan su sutilidad y volatilidad. Frecuentemente se le presenta coronado, en un símbolo que lleva implícita su pertenencia a una naturaleza regia superior. En ocasiones es descrito sobre un altar cuadrangular, simbolizando a los cuatro elementos que entran en juego en la Obra Hermética.
TROVADORES, CABALLEROS Y TEMPLARIOS
Llama la atención como en el siglo XII aparecieron en Occidente verdaderos caballeros andantes y trovadores que rendían culto a la dama. En la mayoría de los casos se trataba de una mujer inaccesible para ellos. Danto, por ejemplo, rindió culto a una mujer muerta que apenas había visto en vida, brevemente, en dos ocasiones, Beatriz, y otro tanto hicieron los grandes poetas gibelinos, Guido Cabalcanti o De Barberino. Los trovadores y caballeros, adoptaban como “dama del alma” a esposas de notables, reyes y nobles, que jamás hubieran consentido una relación erótica o carnal, ni siquiera platónica, muchas veces ni siquiera conocían a la dama que ofrecían sus victorias y gestas, sus poemas o canciones. La posibilidad de poseer efectivamente a esa “dama” quedaba siempre excluida de antemano. Y sin embargo, tanto la caballería como el trovadorismo fueron fenómenos realmente vivos en la humanidad medieval europea.
Los trovadores, en su lenguaje cifrado establecían que lo esencial de su concepción del mundo era el AMOR, entendido en su sentido etimológico, como “ausencia de muerte” (“a”, partícula negativa, “mor-moris”, muerte). A principios de siglo, una serie de eruditos y estudiosos del medievo europeo (Luig Valli, fundamentalmente) empezaron a intuir que, probablemente los caballeros y trovadores, cuando aludían a la “Dama” no se referían a una personalidad real, no aludían a una mujer concreta, sino a un principio superior.
Julius Evola, en su “Metafísica del Sexo” escribe : “Era en la imaginación donde vivía y residía esencialmente esta mujer ; en consecuencia, era sobre un plano sutil donde el caballero hacía actuar su amor, su deseo y su exaltación“. La “dama del alma”, la “princesa lejana”, la “mujer inaccesible”, pertenecían a la propia interioridad del trovador y del caballero”, formaban parte de su ser más íntimo, que se trataba de seducir y conquistar. Lo que unos y otros hablaban con “versos extraños” (tal como decía Dante en el inicio de la “Divina comedia”) era de conectar con su parte femenina : con su alma, la “mujer del conocimiento” o la “Santa Gnosis”, entendida como un principio de iluminación, de salvación y de conocimiento trascendente.
Los caballeros y trovadores consideraban que existía una parte femenina en su interior, que correspondían a su alma y que, ésta no era más que el aspecto femenino de Dios. Pero el alma no era tenida como un principio pasivo o efectivamente existente por sí mismo, sino que era preciso activarlo y entrar en contacto con él  y eso lo lograban a través de distintos procedimientos : la lucha y la gesta caballeresca realizadas con total abandono de sí mismo y pureza de corazón, el canto continuado al amor identificado en la persona de una “dama” mediante cuyo servicio renunciaban a todo egoísmo.
Los mismos caballeros Templarios tenían muy presente todo este simbolismo. Entre sus votos figuraba la castidad, sin embargo se decía que “cada caballero tenía a su mujer” y el rito mistérico central del templarismo era la exaltación del Baphomet, una figura andrógina. Frecuentemente en las leyendas templarias nacidas en el tiempo de las Cruzadas se habla de caballeros ejemplares que se unieron a mujeres y de cuyo contacto carnal nació el Baphomet, el ser andrógino. Sería imposible hablar un lenguaje más claro.
ENTRE LA PSICOLOGIA Y LA ESTETICA
El mito del andrógino resistió el Renacimiento y, aunque progresivamente, arrinconado, sobrevivió en pequeños círculos de hermetistas y entre algunos literatos y pintores. En el siglo XVII, toda una generación de esoteristas hizo de la androginia el tema central de su teorización. Jacob Böheme, recuperó el tema de la androginia de Adán ; él y Johann Gichtel, hablaron de la vertiente masculina y femenina de la divinidad, traducidas en el ser humano, en alma y espíritu. Ellos y los rosacruces alemanes del siglo XVII, en su exégesis esotérica de los textos bíblicos, sostenían que la “Virgen Sofía” era la parte femenina de Adán que luego encarno en la Virgen María, la cual, sin ayuda de hombre alguno, llevó en su vientre a Cristo en una equivalencia invertida al Adán que llevó en un tiempo anterior a la “caída”, a Eva en sus entrañas. Todos ellos concebían el aspecto femenino de la divinidad como una luz irradiante, blanca, extremadamente intensa que les iluminaba interiormente en estados de éxtasis profundo.
Con el paso de las centurias, todas estas afirmaciones, imposibles de entender para todos aquellos que no habían experimentado estados de trance profundo, perdieron su significado y pasaron a interpretarse en clave exclusivamente psicológica. Previamente la androginia había suscitado cierto hechizo erótico en figuras famosas del mundo de la cultura y las artes. Elémire Zola, en su estudio sobre la androginia, recuerda los escritos de Johann Winckelmann y su “anhelo de volver a la androginia”, luego los versos del poeta inglés Cowley, más adelante los casos de algunas feministas que no dudaban en vestirse con ropas masculinas, o adoptar posturas y gestos ambiguos (desde Wilde hasta Colette). Antes que todos ellos, William Blake recuperó en varios de sus poemas y en su producción artística el mito del andrógino. “Lo Femenino es independiente de lo Masculino y ambos lo son del Hombre”, había escrito. Honorato de Balzac dedicó a la figura del andrógino una de sus grandes novelas, “Serafita”, ser ambiguo, rodeado de amores imposibles, que es visto como hombre (Sefaritus) por una mujer y como mujer (Serafita) por un hombre. Balzac explica que que los padres de Serafita habían sido discípulos del esoterista sueco Emmanuel Swedemborg quien también tocó el tema andrógino en sus divagaciones sobre ángeles.
Todas estas aproximaciones al andrógino suponen una degradación del tema : si hasta la Edad Media y el Renacimiento se había tratado de algo sagrado, a partir de entonces pasa a ser un tema profano en el que, progresivamente, se pierden las connotaciones iniciáticas y se penetra en el plano del esteticismo, previo paso para caer en un nivel diferente, el psicologismo. Había que llegar a Carl Gustav Jung para que se produjera el cambio de plano.
Para Jung, tal como explica ampliamente en su libro “Psicología y Alquimia”, la androginia no es sino una proyección mental del sujeto a través de la cual quiere resolver las contradicciones inherentes a lo cotidiano. Freud, antes que él, había establecido que la situación de androginia, previa a la sexualización, corresponde a los primeros años de la creación y al estado prenatal en el que el sujeto carece de problemas y conflictos y, por tanto, es aquel estado que se recuerda como edénico y que se aspira a recuperar.
Todas estas variaciones y derivaciones del mismo tema implican una degradación del símbolo que, todavía iba a banalizarse más en una etapa posterior.
ANDROGINIA Y BISEXUALIDAD, TRANSEXUALISMO…
Marx decía que la historia se repite dos veces, primero como tragedia y luego como comedia. Así debía de ser también en el caso del andrógino. Al dramatismo del mito de la caída, de la separación sexual, de la división de sexos, debió seguir, ya en nuestros días, la parodia de la reconstrucción de la unidad andrógina en curiosas variantes de la sexualidad : travestismo, transexualismo, con sus modernas derivaciones, progresivamente más grotescas (“drag-queens”) o siniestras (operaciones de cambio de sexo que no son sino auténticas castraciones).
Es preciso encuadrar el fenómeno en su momento histórico. La cultura sexual de nuestros días deriva directamente de las pautas generadas a partir de la revolución sexual de los años sesenta. Es entonces cuando, sobre la base de las teorías de Erich Fromm y Wilhem Reich, se generan una serie de movimientos de liberación sexual ; en el mismo contexto en el cual aparece la píldora y, por tanto, la posibilidad de una sexualidad no ligada necesariamente a la procreación, la relajación de las costumbres (con la pérdida de influencia de la Iglesia Romana en Occidente a partir del Vaticano II), la aparición de fenómenos aparentemente tan banales como la minifalda, la coeducación o la integración de la mujer en el mercado del trabajo.
La mujer, hasta entonces educada y formada -especialmente la mujer burguesa- para seducir al hombre, abandona ese arquetipo erótico-social y empieza a competir con el hombre en los terrenos que hasta entonces le habían sido propios. Se diría que, a partir de ese momento, la polaridad de las relaciones hombre-mujer, empieza a relajarse especialmente en algunos sectores que no se sienten seducidos por el nuevo tipo de mujer.
Esto coincide con un momento de avance de las técnicas de cirugía estética y con el aislamiento de las hormonas que contribuyen a la sexualización. Personas nacidas con defectos en el proceso de sexualización, o simplemente, con problemas psicológicos de identidad, aprovecharon estos avances para hacer realidad sus fantasías o sus anhelos más íntimos, apelando a la cirugía y a la ciencia allí donde la naturaleza no les había dado aquello que buscaban : la identidad sexual contraria.
Travestidos y transexuales hacen algo más que parecerse a mujeres, extreman hasta la caricatura los caracteres y rasgos de la feminidad, desde los eróticos hasta los psicológicos, aquellos que la sociedad tenía como arquetipos de la hembra. Es difícil encontrar un travestí o un transexual que vista como una mujer común y corriente, casi unánimemente recurre a maquillajes y prendas extremas, e incluso a dotarse de unos rasgos sexuales desmesurados (en labios, pómulos, senos, fundamentalmente). Esto genera el interés de aquellos varones que se han visto decepcionados por el nuevo modelo sexual femenino y de ahí el interés de sectores crecientes de la población masculina por el transexualismo o el travestismo.
Salvador Dalí, el famoso pintor de Cadaqués, se sintió atraído por uno de los primeros transexuales, Amanda Lear, en la que reconoció al segundo gran amor de su vida. Amanda Lear, en sus memorias, cuenta que Dalí, en cierta ocasión, le dijo : “Eres angélica, eres el ser perfecto, eres hombre y mujer a la vez”. Dalí, perfecto conocedor del mito del andrógino, como otros grandes artistas del Renacimiento (entre ellos Leonardo, a quien admirada), utilizó frecuentemente como modelos a figuras con los rasgos sexuales ambiguos e incluso, confiesa en distintas obras autobiográficas, que la atracción que sintió por su compañera durante 40 años, Gala, se debió a la visión de su espalda desnuda, que le sugería masculinidad.
Transexualismo y travestismo, con todo lo que tienen de legítimas opciones sexuales, no son más que muestras de la impotencia de la humanidad moderna por comprender e integrar el mito del andrógino, la incapacidad de vivirlo en su sentido metafísico y en sus implicaciones, no solo eróticas, sino, fundamentalmente, espirituales. Tales variantes no son sino una parodia, en ocasiones incluso grotesca, del andrógino primordial.
LA PERFECCION = COINCIDENCIA DE LOS OPUESTOS
Lo que caracteriza a la naturaleza humana es que desarrolla su actividad cotidiana en el universo de la dualidad : bueno-malo, blanco-negro, positivo-negativo, correcto-incorrecto. Este lenguaje binario estaba ya implícito en el tema de la caída adámica : el fruto del que deriva la tragedia de nuestros primeros padres es el Árbol del Bien y del Mal, esto es, el árbol de la dualidad.
Uno de los motivos que encierra el mito del andrógino es el tránsito de la Unidad a la Dualidad, es decir, de la “coincidencia de los opuestos” al “conflicto entre los opuestos”. Esta queda superada por el “misterio de la conjunción”, es decir, de la reintegración del ser en el estado primordial. De ahí la sacralización de la sexualidad que realizan distintas tradiciones, para las que el sexo tiene tres niveles : el puro gozo, la procreación y la experiencia de la trascendencia ; a éste último se refiere el tema del andrógino.

domingo, 7 de mayo de 2017

El Templo de Solomon – Construcción y Reconstrucción

El Templo de Solomon – Construcción y Reconstrucción

Por: A. I. S. 32º

Según el Antiguo Testamento, el Arca de la Alianza se encontraba en un Tabernáculo y no existía ningún santuario digno para alojarlo.

Por este motivo el rey David tuvo la idea de construir una casa de Dios, pero, aconsejado por el profeta Natán, decidió dejar a su hijo Solomón la responsabilidad de construirlo. Parece que Solomón era predestinado hacer esta obra incluso por el simbolismo de su nombre “el hombre de la paz”. David no solo ha tenido la idea de construir el templo sino también se encargó de recoger los materiales necesarios.
Según la descripción detallada el templo construido por los obreros al mando de Hiram Abif en los días de Solomón (975-935 antes de Cristo), es famoso no solo por sus dimensiones, siendo pequeño en comparación con el Palacio real, sino por las decoraciones del interior y del exterior que constituyen un elemento referencial de la arquitectura israelita en la era de los reyes. Siete años han sido necesarios para la construcción del edificio que fue edificado alrededor del año 960 antes de Cristo.

Parece que los materiales contratados por David no han sido suficientes y Solomón tuvo que hacer un trato con Hiram, el rey de Tiro (Fenicia) el cual mandó al maestro Hiram Abif grandes cantidades de madera de cedro y también mano de obra.

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El Templo fue ubicado en el monte de Sión, sobre la colina Moría donde en tiempos más antiguos Abraham intentó sacrificar a su hijo Isaac, justo en el lugar donde el Rey David había construido antes un altar después de comprar un terreno que era propiedad de Araunah el Jebusita.
Dado que no había espacio suficiente para edificar el Templo, los constructores edificaron primero un muro que rodeaba el sitio y después llenaron el espacio entre el muro y la colina con piedras y tierra. Hoy en día, en éste lugar se encuentra la mezquita de Omar, la segunda más importante tras la de la Meca.
La descripción general del templo encontrada en los textos sagrados es satisfactoria aunque no contiene tantos detalles. El edificio era de forma rectangular, orientado sobre un eje longitudinal en dirección Este-Oeste. El edificio debió tener una longitud interior de aproximadamente 27 metros, 9 metros de ancho y una altura de 13,5 metros (60×20×30 codos).
Según el libro de Reyes, dentro del Templo, a saber dentro del Tabernáculo, había tres recintos diferentes:
  • El Vestíbulo (Ulam) con una longitud de 4,5 metros y 9 metros de ancho (10×20 codos). Aunque el texto no nos facilita muchos detalles parece que había un muro entre el vestíbulo y el siguiente recinto. El Santo (Hejal) con una longitud de 18 metros y 9 metros de ancho (40×20 codos)
  • El Santo de los Santos (Dvir) con una longitud de 9 metros, 9 metros de ancho y una altura de también 9 metros (20×20×20 codos), teniendo la forma de un cubo. Este último recinto se encontraba a un nivel más alto que el Hejal y solo podía accederse a él subiendo una escalera. En su centro se encontraba el Arca de la Alianza dentro del cual se preservaban las Tablas de la Ley entregadas por Dios a Moisés.
  • Los sacerdotes y el rey entraban en el Templo a través de una gran puerta chapada en oro, de aproximadamente 10 metros de alto y 4 de ancho. En los tiempos de la construcción del Templo esta puerta también era la entrada común para todos los obreros y por la que Hiram acostumbraba retirarse.
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Cuentos masónicos suponen que el Templo tenía dos entradas más: una en el este que comunicaba con la Cámara del Medio que estaba reservada a los Maestros y otra en el sur. Como en el Oriente sólo se encontraba el Santo de los Santos podemos deducir que la Cámara de Medio se encontraba en un nivel más bajo que el recinto donde se encontraba El Arco de la Alianza. Esta deducción corresponde también a la teoría de los teólogos que suponen que el Templo tenía un cuarto recinto donde se guardaba el tesoro, pero es solamente una suposición sin fundamento en el texto bíblico.

Otras leyendas masónicas cuentan que el Rey Solomón construyó una bóveda secreta, a la cual se aproximaba al Templo desde el más retirado apartamento de su palacio a través de otras ocho bóvedas o departamentos sucesivos, todos bajo tierra, y al cual conducía un pasaje largo y estrecho des-de bajo del sitio.

templo de solomon 3La bóveda novena se encontraba inmediatamente debajo del Santo Santuario del Templo y aquí tenía el rey Solomón sus conferencias privadas con el rey Hiram de Tiro y el Maestro Hiram Abí. La bóveda novena tiene que coincidir con la Cámara del Medio, basado en lo arriba descrito y desde otra leyenda masónica conocemos que aquí se encontraba un triángulo de oro que contenía el nombre inefable del Dios. El triángulo se encontraba en una piedra cubica de ágata, descubierta por los hermanos Adoniram, Joabert y Stolkin. Estos tres trajeron la piedra al rey Solomón cual decidió ubicarla en la bóveda novena, encima de un pedestal de alabastro.
En la parte exterior del Templo, a ambos lados de la entrada fueron erigidas dos columnas (Jaquin y Boaz), hechas en bronce y teniendo altura de 8,1 metros (18 codos) decoradas en la parte superior con flores de lirio. El Templo se encontraba en la mitad de dos patios: El Patio de los Sacerdotes (o el Patio Alto), que tenía pavimento de piedra y estaba rodeado por un muro, también de piedra. El segundo patio era mucho más grande que el primero y permitía el acceso a un gran número de creyentes. Similar al patio anterior, este patio estaba rodeado por un muro de tres filas de piedra con vigas de cedro.

Los objetos santos del interior del Templo eran: El Arca de la Alianza, conocido también como el Trono de Dios Supremo (Trono de Yahvé), de dimensiones superiores a las del Tabernáculo. Los querubines encima del cubierto del Arca eran dorados, hechos en madera de acacia.

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Dentro del Santo se encontraban el Altar de Inciensos o el Altar de Oro, La Mesa de Panes de la Proposición y diez Menoráhs, todas hechas en oro. En el Patio de los Sacerdotes se encontraba el Altar de Ofrendas, hecho en bronce y el Mar de Bronce, ubicado en el sureste. De hecho, este objeto era una gran bañera colocada encima de 12 figurinas en forma de toros de bronce, orientados con las cabezas hacia los cuatro puntos cardinales. Al Mar de Bronce lo utilizaban los sacerdotes que se lava-ban antes y después del ritual. Había diez otras bañeras de bronce más pequeñas, ubicadas cinco en cada lado de la entrada y utilizadas para lavar a los bichos sacrificados.
Se sabe muy bien que el Templo ha sido el centro religioso de las 12 tribus de Israel y que es parte importante de la historia de esta nación. Apenas después de la caída del Reino de Judá algunos han penetrado al Templo cometiendo robos, existieron reyes que tenían fe y lo cuidaron y evitaron tal vez que no sufrió cambios mayores en su estructura general.
Algunos de los reyes han decidido de sacar objetos santos del Templo, por ejemplo el rey Ajaz ha sustituido el Altar de Ofrendas hecho en bronce por otro similar a uno de Damasco, este cambio se hizo para tener mejores relaciones con los asirios. Fue el mismo rey Ajaz que sacó el Mar de Bronce y las otras bañeras, incluso los soportes. Con motivo de purificar el Templo, el rey Ezequías ha decidido sacar la serpiente Nehustan, hecha en bronce por Moisés, transformada en ídolo por los hebreos, contrario al Primer Mandamiento de Dios.
Tras el declino del Reino de Judá, las épocas en las cuales el Templo ha estado en la atención de los reyes no han sido largas y no se ha realizado una conversión real del pueblo hebreo, la gente volviendo a las prácticas religiosas sincretistas, acelerando así la caída del estado y la demolición del Templo de Solomón.
En 587 antes de Cristo los ejércitos de Nabucodonosor II entraron en Jerusalén y robaron todo lo que se podía robar de la ciudadela y del Templo, destruyéndoles posteriormente. Los objetos santos del Templo, incluso los vasos y los adornos de oro y de plata fueron llevados en la ciudad de Babilón y este es el momento en el cual desapareció el Arca de la Alianza con las tablas que tenían grabadas los Diez Mandamientos, sirviendo de conexión entre Dios e Israel. Las letras sagradas escritas en el triángulo de oro que se encontraba en la novena bóveda fueron borradas por los masones poco tiempo antes de la invasión de los ejércitos de Babilón.

Después de la muerte de Nabucodonosor II en 562 antes de Cristo, Neriglisar y 4 años después porNabonido, al final de estos reinados Babilonia cayó bajo Ciro, el rey de Persia, en 538 antes de Cristo, quien lideró la combinación de los ejércitos de Media y Persia.templo de solomon 6

Tras esa conquista, dos años más tarde, Ciro decretó la libertad a todos los judíos cautivos para que volvieran a su patria reintegrándoles en sus haciendas e intereses y disponiendo la reconstrucción del Templo de Solomón. Ciro entregó el gobierno de Judea a Zorobabel, un noble hebreo, el hijo de Salathiel y nieto del rey Jechonias de la línea directa de Saúl, David y Solomón.
Otra leyenda masónica está basada precisamente en la libertad concedida por el rey Ciro a los judíos a petición de Zorobabel, y en la edificación del segundo templo. El simbolismo de esta leyenda se explica por la reunión de los israelitas, que para dedicarse con seguridad a los trabajos de edificación del segundo templo, manejaban las herramientas con una mano, a la vez que tenían constantemente la espada en la otra, para hallarse dispuestos a combatir y defenderse en cualquier momento en que se tratara de atacarlos o sorprenderlos.
Tras el retorno del cautiverio y con el liderazgo de Zorobabel se hicieron los arreglos para reconstruir el Templo desaparecido hacía ya más de setenta años. Primero se levantó y dedicó el altar de Dios en el punto exacto donde se encontraba su predecesor. En el segundo mes del segundo año (535 antes de Cristo) se pusieron los cimientos del Segundo Templo.
Los trabajos de reconstrucción se retrasaron y eventualmente se suspendieron por la acción de los samaritanos que propusieron colaborar en los trabajos, oferta que fue denegada por Zorobabel junto con el consejo de ancianos con motivo de que Judea debía construir el Templo sin ayuda externa. Tras este rechazo los samarita-nos sabotearon la reconstrucción mandando quejas al Rey Ciro.
Siete años más tarde el rey Ciro muere y es sucedido por su hijo Cambises. Tras lo cual el trono fue ocupado por Esmerdis pero solo por siete u ocho meses y por último ascendió al trono Darío I y en el segundo año de su reinado se retomaron los trabajos de reconstrucción del Templo hasta su finalización.
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En la primavera de 516 antes de Cristo, veinte años después del retorno desde el cautiverio en Mesopotamia, el Templo estaba listo para su consagración y fue terminado por completo en el sexto año del reinado de Darío I.
No hay detalles sobre el aspecto y las dimensiones del nuevo templo, se supone que han sido respectadas las proporciones del antiguo. Los judíos mayores que conocían el antiguo Templo de Solomón expresaron nostalgia al ver el nuevo templo, se puede deducir que el segundo era más humilde pero es posible que el texto de esta leyenda sea escrita en una etapa intermediaria de la reconstrucción y que la nostalgia ha sido expresada muy anterior a la finalización de los trabajos.
Aunque no tenía el esplendor del primero Templo, el segundo ha tenido el mismo papel en la historia del pueblo judío y en el paso del tiempo ha sido adornado con piezas nuevas.
La reconstrucción del Templo 70 años después de su destrucción con fuerzas y recursos mucho más pequeños que los disponibles en el tiempo del rey Solomón y por el esfuerzo del pueblo judío que se encontraba en una situación económica difícil nos enseña una nueva prueba que la unión hace la fuerza, y que una nación que tiene fe y respeto para sus valores y tradiciones y que aprende de los errores cometidos en su pasado nunca perderá su dignidad y seguirá teniendo fuerza en los siglos venideros.